Alejandro Dolina y su

Bar del Infierno

Presentación del libro

 

El 6 de mayo, Alejandro Dolina presentó en la Feria del Libro su última publicación: Bar del Infierno

Los privilegiados que pudieron presenciar la charla sentados en alguna banqueta de la Sala José Hernández fueron 1200.  El resto debió escucharlo a través de una pantalla gigante colocada en la antesala.

 

“En un bar puede aparecer cualquiera, hasta el demonio mismo.  Ninguna presencia necesita ser explicada”.

 

Esa fue la razón del músico y escritor para elegir un bar como escenario de su nuevo libro, con la salvedad de que este bar tiene características muy particulares.  No tiene salida... “y no porque no haya puertas, sino porque no hay afuera”.

El Bar del Infierno, que sigue la estructura del programa televisivo que Dolina concibió y condujo durante parte del año 2003, es el lugar donde varios personajes singulares se dan reunión en torno a un narrador que se ve obligado a contar, cada día, una historia.

Muchas de las narraciones que integran el libro están ambientadas en la China.  De acuerdo con el autor, algunos hechos son más literarios si suceden en la China que en Rosario.  Y agrega que la “psicología fantástica” puede llegar a funcionar mucho mejor si se la asocia a un lugar remoto –remoto no sólo geográficamente– como Oriente.

 

“Me decidí incluso a investigar segundos significados de los nombres chinos.  Eso tiene un valor literario cercano a cero, pero me entretuvo durante un año.  Me especializo en sabidurías inútiles... eso es el libro”.

 

Como era de esperarse, en la presentación no faltaron ni el sentido del humor, ni sus habituales comentarios enriquecedores.  La charla duró apenas una hora y media.

Cuando se le preguntó acerca de la metáfora central de su libro, Dolina señaló que el bar del infierno bien puede representar al destino, a la vida, a la desdicha o al desamor.  Sin embargo, prefiere pensar que es una metáfora del idioma en que estamos presos.  Sostiene que nuestros actos están signados por el discurso y que, contrariamente a lo que creemos, las palabras nos manejan a nosotros.

 

“Me encantaría que cuando se hace un congreso de la lengua, no se haga para determinar si hay que escribir “hacer” con h, sino para ver qué clase de prisiones deja el lenguaje”.

 

Y propone desandar el río del idioma e ir a buscar los pensamientos cuando aún no estaban presos.

Si uno busca humor en el Bar del Infierno, habrá de buscarlo en los procedimientos que forman parte del plan de evasión del personaje. “Las paredes de cartón se rompen a carcajadas”.

Pero, como bien asegura Dolina, la mejor presentación de un libro es leerlo.  Y para ser consecuente con sus recomendaciones, como cierre de la charla, nos regaló uno de sus cuentos: “Magos”.

 

 

Algunas joyitas del encuentro

 

“Con todo lo que aprecio lo que he aprendido de atorrantes y malandras, he resuelto mandar a mis hijos a la escuela.  Es riesgoso comparar la sabiduría de los libros con la de la calle.  La sabiduría de los libros es mejor... aunque a algunos escritores les vendría bien salir a la calle”.

 

“La historia de una persona que se lleva el amor a la tumba es trágica por lo inoperante”.

 

“El reflejo de las emociones no me gusta mucho como explicación del proceso creativo.  Los escritores más elementales tienen una tendencia a eso.  A mí nunca me ha sucedido nada extraordinario,  así que no me ha quedado más remedio que acudir a la imaginación”.

 

“Buscar la salvación de la humanidad inmolando a las generaciones actuales nos puede llevar a encontrarnos con su final antes de lo previsto... y con que nos hemos perdido alguna fiesta por puro gusto”.

 

“Se puede obtener algún tipo de alegría en la tristeza”. 

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© Revista Axolotl, Número 3