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A lo largo de la historia de la ópera se ha rendido homenaje al amor de todas las maneras posibles. Ha habido amores obsesivos como el de Otelo, trágicos como el de Romeo y Julieta, heroicos como el de Orfeo y Eurídice. La ópera buffa se ha encargado de mostrarnos su cara más alegre. Pero son pocas las óperas que se han asomado al abismo oscuro de la lujuria y del morbo, como hizo Richard Strauss cuando tomó como argumento la obra de teatro de Oscar Wilde: Salomé. La obra del escritor irlandés recoge el episodio evangélico en que se narra la ejecución de Juan el Bautista. El martirio se ve registrado en los Evangelios según San Mateo y según San Marcos. Dice San Mateo: Y es que Herodes había detenido a Juan, lo había encadenado y lo había metido en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, que él tenía como esposa; pues Juan le decía: “No te está permitido tenerla”. Quiso matarlo; pero tuvo miedo del pueblo, que lo tenía por profeta. Al llegar el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodias bailó en presencia de todos, y tanto agradó a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: “Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista”. El rey se entristeció, pero por el juramento y por los invitados ordenó que se la dieran, y envió a cortar la cabeza de Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja y se la entregaron a la muchacha, la cual se la llevó a su madre. Sus discípulos fueron, recogieron el cadáver y lo sepultaron. Fueron después a decírselo a Jesús.
Los motivos que llevan a Salomé a pedir su cabeza a cambio del baile difieren de los originales. En la versión de Wilde, el profeta ejerce una atracción fatal sobre Salomé, enamorada de su voz, de su piel más blanca que los pies de la aurora cuando pisan las hojas, de sus cabellos negros como los cedros del Líbano, de su boca roja como el fruto de una granada cortado por un cuchillo de marfil. Pero al verse la princesa rechazada, y empecinada en besar su boca, pide su cabeza para hacerse de aquel beso tan deseado. Hay otras dos obras inspiradas en esta misma historia: un drama musical de Marriotte compuesto también sobre la obra de Oscar Wilde, y Heróriade —de Jules Massenet— inspirada en el cuento de Flaubert en una versión asombrosamente libre de la historia. En la versión de Massenet, con un libreto poco feliz de Paul Milliet, Herodes ordena la muerte de Juan el Bautista al enterarse del amor que Salomé siente por él. El profeta, antes de morir, confiesa su amor por la Princesa y ésta acaba suicidándose. La versión no sólo es infiel al cuento sino carente de todo encanto argumental, al punto de que el estreno mundial de la obra del compositor Francés, no fue en Paris, sino en Bruselas. El entonces director de la Ópera de París, admirador de la música de Massenet, se negó a estrenar la obra por considerar malo el libreto.
Y acaso para recordarnos su poder hipnótico, justo antes de que Herodes ordene a sus soldados matar a Salomé, la luna se asoma nuevamente entre las nubes para iluminar la figura de la princesa. |
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© Revista Axolotl, Número 16 |