Los personajes de humor no la pasan bien 

Los chistes no dejan de ser historias y el humor una crítica que muestra lo ridículo de la vida: errores, prejuicios e ineptitudes. Los personajes de los chistes no se ríen, muchos de ellos lo pasan realmente mal.

Sin embargo, ustedes se ríen. Será que disfrutan de la desgracia ajena, o, que su esencia cruel puede liberarse sin tapujos cuando la excusa es el chiste.

Señores, si no fuesen tan malvados y tan crueles, no se entiende por qué les causa gracia que un pobre niño sea tan feo, pero tan feo que cuando le pregunta a la madre: Mami ¿me querés? La madre siempre le responda: sí, pero sólo como amigos. ¿Cómo pueden reírse de un niño tan desgraciado y desagraciado?

¿Y ese hombre? Ese pobre hombre que entra desesperado a un hospital y le pregunta a la enfermera: ¿Dónde está mi amigo, lo trajeron recién, es el que fue atropellado por un tren? Y la enfermera le contesta: está en las habitaciones 22, 23 y 24. ¿Cómo pueden reírse de eso?

¿Se ríen realmente de las desventuras de estos personajes? ¿O son una manera de revertir miedos e incapacidades? ¿En las caricaturas se destacan los defectos y es por eso que les causan gracia? ¿El chiste es un cuento corto y crítico y el sentido del humor un instrumento para mostrar absurdos? ¿O ustedes son seres absurdos con humor sin sentido, críticos del corto cuento de un chiste? ¡¿Nadie piensa en el trauma de este pobre niño?! ¡¿Nadie se interesa por ese pobre hombre hecho pedazos?!

Desde la antigua Grecia el humor es parte de la literatura de la mano de la sátira y la ironía. Se mueve entre la tragedia y la comedia, que son reacciones humanas ante determinadas situaciones. Muestra el anverso y el reverso de las cosas, lo ridículo de la exacerbación de los sentimientos humanos; y juega con las circunstancias. El absurdo es una técnica literaria que introduce elementos incoherentes en un marco lógico. Sus personajes tampoco son felices y sin embargo ustedes se ríen de esa infelicidad.

He visto a más de uno sonreír mientras leía El Quijote de Cervantes, sin percatarse siquiera de que es un pobre demente y de que la locura es una enfermedad. He visto a otros muchos sonreír leyendo las desventuras del pobre Joseph K. en El Proceso de Kafka.

En esta breve pero, sin embargo, potente nota, me revelo contra todos ustedes que se ríen de la desgracia ajena. Los personajes de humor merecen mayor consideración. Comuníquense con ellos, ayúdenlos, acompáñenlos en su dolor.

¡Jaimito también merece una buena educación, carajo!

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  © Revista Axolotl, Número 14