Desde los comienzos de la historia, la
magia, de una u otra manera, ha ejercido una asombrosa fascinación en
la vida de los hombres.
Fue en la Edad Media que, lejos de vínculos
religiosos y connotaciones sobrenaturales, actores ambulantes
recorrían ciudades junto a titiriteros, músicos y acróbatas y
presentaban “números de magia”: apariciones y desapariciones que
subyugaban al público. Recién a mediados del S. XIX, el ilusionismo
toma un lugar artístico importante junto con el nacimiento del teatro
de Variedades.
No obstante, la verdadera revolución de la
magia,
nace con la aparición del artista francés Robert Houdin (1805 – 1878)
considerado como el padre de la Magia Moderna.
La llegada de Fú-Manchú
(David Bamberg) a la Argentina, revolucionó a los artistas de este
país. Fú Manchú es uno de los ilusionistas más destacados de
la historia de la
magia. Nació en Inglaterra en 1904 y debutó en Buenos Aires,
Argentina, en marzo de 1929. Muchos ilusionistas lo han tomado como
modelo.
Pero si de magia argentina se trata, sin
duda alguna, el nombre de René Lavand surge como referente. Con la
ayuda de su mano izquierda (ya que perdió la otra en un accidente
cuando era un niño) y la clara influencia de la poesía y el tango,
René Lavand es un artista completo que transporta al público y lo
maravilla.
En esta misma
línea, cuando la magia es arte y el mago es artista, encontramos a
Marcel.
Hablando de Magia
Aprender a hacer
trucos de magia es algo que con tiempo y dedicación cualquiera puede
lograr, pero pocos son los que se apasionan, comprometen y ponen arte
al entretenimiento que provocan los trucos. La esencia del artista es
la de creador. Al igual que el poeta que busca la belleza en la
poesía, el mago, el artista del ilusionismo, busca crear maravillas.
En estos últimos
tiempos en que la magia se ha mediatizado, innumerables “ilusionistas”
han paseado por los programas de televisión y mostrado sus trucos (que
se repiten una y otra vez) generalmente utilizando el humor como medio
representativo. Lamentablemente, pocos, muy pocos, son creadores y
por tanto artistas. Pareciera ser que, gracias a la chatura cultural
mediática actual, para ser considerado un mago, sólo baste un buen
vestuario y llamativos artefactos aunque se haga lo mismo que hacen e
hicieron otros.
Es por eso que para
hablar de verdadera magia, debemos hablar del verdadero artista. Y es
por eso que, uniendo a la magia con el arte y por ende con la
creación, Marcel, se halla entre los magos más idóneos para hablar del
tema en estos tiempos.
¿Cuál es tu
definición de magia?
La magia es arte.
El arte de transmitir todo tipo de sensaciones haciendo realidad
aquello que, a priori, parece imposible.
¿Y tu
definición de “ser mago”?
Cuando me enseñaron mi primer juego de
magia, al poco tiempo ya lo estaba haciendo y creía que era mago. Mas
tarde aprendí que ser mago no es sólo hacer magia, para serlo
hay que saber transmitirla. Implica representar, a conciencia, un
arte. Cuando una moneda desaparece de mi mano quiero que el espectador
no busque una explicación. Y lo logro a través de la presentación. Lo
que consigo es que no les importe cómo pasó si no que haya
pasado.
¿Cómo y
cuando empezaste en la magia?
Hace
aproximadamente quince años descubrí, casi por casualidad, que existía
la forma de aprender magia. Tenía en esa época 28 años y si bien, la
magia me gustó desde siempre, nunca antes me lo había propuesto. En
los comienzos, para mí, era un pasatiempo, una terapia. Con el tiempo
se convirtió en una pasión incontrolable que perdurará el resto de mi
vida.
¿Quiénes fueron tus maestros y
referentes?
Mi maestro fue
Jorge Trouve. Me enseñó que la vida es una ilusión y, también, que la
muerte es una realidad. Falleció el 9 de agosto de 2002 y aprovecho
para recordarlo. Me enseñó a transitar este largo camino de la magia.
Y por él conocí a un sinnúmero de artistas, de distintas épocas, de
nuestro país y del exterior, de quienes tomé lo que consideré mejor
para mi formación.
Enseñás
magia y das conferencias sobre el tema en Argentina y en el exterior.
¿Qué intentás transmitir en ellas?
En lo que podemos
llamar el “ámbito mágico”, soy conocido por lo que hago con monedas
(aunque me dedico a la magia en general). Si bien, mis conferencias
son de alto contenido técnico, la premisa es una sola y se basa en una
frase que repito constantemente y que hallé en el libro El
Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”. De esta frase
se desprende lo que yo quiero conseguir: lo esencial de mi arte debe
ser invisible a los ojos del espectador y para conseguirlo, debo hacer
una buena representación.
¿Cómo ves la
magia en Argentina?
La magia Argentina
está muy bien vista en todo el mundo. Constantemente surgen grupos de
chicos jóvenes que se destacan. El común denominador es el excelente
nivel técnico, pero a la hora de transmitir magia, en líneas
generales, no se ve nadie que se destaque.
¿Qué artistas, de aquí y del exterior,
elegirías como representantes de tu definición de magia?
Sin lugar a dudas y
sin tener que detenerme a pensar, aquí en nuestro país, la figura es
René Lavand. Este Señor Maestro no hace más que regalarnos
excelentes presentaciones, condimentadas de emociones. Cuando tengo
que mirar fuera de mi país, tampoco tengo dudas: David Copperfield.
Vale hacer una reflexión: ambos interpretan personajes diferentes,
cada uno tiene su estilo, el tipo de magia que realizan también es
distinto, sin embargo, hay un común denominador y es la buena
presentación. Nada improvisan. Transmiten el arte de tal manera que
nadie pregunta ¿cómo lo hizo?
René deja caer de
su mano izquierda una a una las cartas que se intercalan: roja, negra,
roja, negra. Luego las toma y vuelve a dejarlas caer, esta vez, de a
dos: roja, roja, negra, negra... Y dice: Cuántas veces me pregunto
por qué. Nunca lo llegaré a entender...
David Copperfield
toca con los pies el escenario después de haber volado, mira sonriente
a toda la sala y pregunta: ¿Qué tal lo hice? minimizando lo que acaba
de hacer.
Esto es magia.
¿Qué opinás
de los magos que, últimamente, pululan en los medios televisivos? Y
¿Por qué hay tantos buenos magos que no tienen la misma repercusión en
ese medio?
No soy de mirar mucha TV y mucho menos de
opinar de mis colegas. Lo que puedo decir es que no son muchos los
magos “consagrados” que aparecen: Adrián Guerra, Emmanuel, Jansenson y
convengamos también, que se muestran muy ocasionalmente. En cuanto al
por qué no se ven otros, no tengo la respuesta, sólo puedo decir que
la magia no es un arte que esté popularizado en nuestro país como en
otros.
A partir de la figura de René Lavand como
artista internacional, hubo un estancamiento y no surgió otra figura
argentina a este nivel ¿Por qué?
Creo que para dar
una respuesta a esta pregunta debo volver a aquella reflexión anterior
cuando comentaba sobre los magos argentinos que se destacan
técnicamente, pero que no sobresalen en lo que a presentación se
trata. René Lavand marcó una diferencia, es distinto a todos. En una
oportunidad me dijo: Una cosa es un juego de magia y otra cosa es
un juego hecho con Magia. Lo primero se enseña en cualquier academia,
para conseguir lo segundo hay que aprender a aprender.
¿Quién puede ser mago?¿Existe edad para
comenzar a estudiar?
No hay que tener
ninguna condición previa para ser mago, simplemente el deseo de
sumergirse en un nuevo mundo en donde las cosas que alguna vez nos
sorprendieron formarán parte de nuestro repertorio para sorprender a
otros. En cuanto a la edad no hay mínimos ni máximos, tengo alumnos de
siete, de veinte, yo empecé a los veintiocho
y llegué a tener un curso en el que venían el abuelo y sus dos
nietos.
¿Qué consejos darías a quienes desean
ingresar al mundo de la magia?
En primer lugar,
deben tener bien en claro el “por qué” lo hacen. Si es por el simple
hecho de querer “saber por qué”, no vale la pena. Es importante
transitar la vida pudiendo ilusionarnos con algo. Pero si realmente
sienten en su interior que con la magia pueden brindar ilusión a los
demás, no lo duden, es el arte indicado.
¿Qué consejos darías a los espectadores
para que disfruten de la magia?
El mejor consejo
que puedo darles es que no intenten querer ver más allá de lo que les
mostramos, ya que no verán nada y por intentarlo seguramente perderán
la magia. Como ya dije: Lo esencial es invisible a los ojos.