Es una de las mejores películas de ciencia-ficción de todos los tiempos, pero muy pocos la recuerdan. Desde Axolotl Cinema queremos reivindicar esta joya del siempre genial Paul Verhoeven.
Cierro el libro, lo apoyo sobre mis rodillas pero sin soltarlo. El griterío de los chicos me devuelve a esta realidad. Sentado en un banco de la Plaza del Avión, en la localidad de El Palomar, miro con extrañeza el mundo, como si estuviera de regreso después de un largo viaje. Una travesía por el espacio.
Sent. nº 014/07:
“Conjuren sus palabras,
alerten a su personalidad secreta,
saboreen la oscuridad”
Lluvia, melancolía, Marte, niñez, feria, cohetes, magia, sirenas, carrusel, arena, olas, nostalgia, recuerdos del día en que conocí a Ray Bradbury. Han pasado más de diez años, fue una tarde sepia de 1997.
Desde aquella época en que Offenbach compuso sus óperas buffas "El viaje a la luna" y "El doctor Ox" -ambas basadas en historias de Julio Verne- y hasta el siglo XX, la ópera y la ciencia ficción se han ignorado. Pero en el año 2005 un personaje de Orwell tomó el escenario y hoy invita a la ópera a abrirse un nuevo camino.
Reconocí el tono sigiloso de William Prochetto, el Agente al que había buscado contactar por semanas. Debíamos concretar la entrevista a pedido del Autor, pero al momento del llamado yo había abandonado toda esperanza.
Propondría la confección de un listado de las cosas que ya no podremos hacer: silbar melodías, llorar entre recuerdos, arrojar bombitas de agua en los carnavales, cantarle a Gardel y tomar ginebra acodado en una barra vieja de madera, contándole al barman las penurias de un irresponsable.
El aerotransportador aterrizó con suavidad. Me recibió el señor Chien, Jefe de Operaciones, como dicta el protocolo cuando llega un visitante con pretensiones de adquirir una patente.
En su obra poética, Bradbury parece despojar su voz del ropaje de ciencia ficción, nos ofrece versos anclados en nuestro mundo. Estos poemas redimensionan su obra en prosa, la iluminan.
La criatura pareció asustarse y su intención de huir le resultó fatal. A poco de perderse bajo los arbustos, rodó torpe hacia un costado y reventó sin ruido contra una rama seca.
¿Qué Naturaleza podía ser tan cruel? Me pareció que una criatura así no tenía otro destino que el fracaso. Sentí pena y al mismo tiempo temor. Sin hacer caso a mis dolores, me ajusté los zapatos y emprendí mi camino entre los matorrales.
Buenas tardes Palomar
En una tarde que incluyó granizo y nubarrones de tormenta venusina volvimos a oír la voz de Karina (no le creemos que estaba nerviosa) y su serie de poemas inéditos y título elocuente: Terapia intensiva.
Simplemente Rojo Sangre
Tuvimos desde horror psicológico muy atmosférico hasta destripamientos hiperescatológicos, pasando por toda clase de psicópatas y engendros sanguinarios.
por Matías Orta.