Ragazze al mare

 

i

Viendo un cuadro de Hippolyte Flandin

 

Tú qué has visto esos extraños límites

vuelve cuando la tormenta

no sea la razón que nos imponga

el oficio, el órfico enigma. Muchacho de mirada

perdida, bajo un cielo inigualable del invierno

donde otros muchachos dibujan el paisaje, un ciprés,

las cosas de este mundo. Tú que has visto esos extraños inviernos

ahora que estás frente al mar, el único mar probable,  diría yo,

no pudieras responderme bajo el tórrido cielo:

¿Qué dirás con tu inocencia al hombre

que descubre el país,  el cuerpo diferente

de las cosas, y quiere olvidar que ha visto

una sombra, el rastro de otro hombre, realmente algo?

 

 

ii

 

Un día tendrás que anunciarte

y descifrar qué ha pasado con la noche,

qué pasa allá en el trigal, en la casa dispuesta,

en el rincón de la infancia.

 

Ese día nada sabrás de ti.

 

 

iii

 

Obvia ese grado de disposición

que hace el tiempo. El tiempo borgeano,

es un casuístico regreso a las naves del ayer,

a los ayeres. Ahora dibujas sobre el agua una flor marchita,

un raro fingimiento (epocal, para ser más exacto?), la hermenéutica del agua.

 

Obvia ese raro fingimiento,

nada hay como un anonadado cuerpo bajo el poema final

de estos años. Obvia el poema, salta la página (su mundo interior,

la intríngulis?) que el hombre tiene para ti. En el mejor de los casos,

lo que  dijo será pura fantasía, puro juego de abalorio.

 

 

iv

 

Sócrates imponía la cuestión

fundamental de su reino: Conócete a ti mismo…

El alumno se había puesto de pie, después de tanta filosofía barata

y exclamó: Magister, todo es muy cierto,

pero yo solo hablo con  ángeles.

© Luis Manuel Pérez Boitel