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Infancia carmesí
Dispuesto al fin previsto, cegó con tinta roja los ojos de la foto: últimos testigos de la tarde infame.
Buscó el abrigo. Con balas y con saña cargó el arma.
Tres cuadras. Una plaza. Bastó una palabra para disparar la muerte.
Sirenas y un megáfono "Lo-tenemos-rodeado- -manos-arriba-entréguese"
En su celda Impúne, siente el goce de cambiar diez años por la sonrisa delatora de un niño.
© Luciana Armanini |