Invocación de sombras y fábulas

 

 

Cripta

                        Donde estará ahora mi andina y dulce rita

                       de junco y capulí...

                                                 César Vallejo

 

Grabo en estos huesos una señal

por si me encuentran,

viudo como estoy bajo el cráneo

y tan vasto hacia arriba.

Ya las raíces maceran el pecho

de un álamo ermitaño,

preludio en el regazo de mi alforja

o soy inerte.

 

Debí despedirme del réquiem, del elogio,

tan profundo no se escucha el rocío

y ese alud que penetra,

                                      recuerda la vida.

 

 

Yuntas

                          A mis amigos, incluyendo a los enemigos.

 

Convida  a tu sombra,

déjala probar también

un pedazo del invierno

o la mordida de la bestia

que arrasó estos campos,

muéstrale los rincones de cielo que guardaste

no le niegues marchar a dúo con tu aura.

La sombra es el hermano gemelo

que te sigue o sigues como un bobo

porque su perfección parece de otro mundo.

Y cuando la primavera abandona el camino

o la flor esquiva la mirada,

¿quien  te dice compañero

o en la soledad resulta un amuleto?

 

La sombra es un can de grupa ancha

Un silencio en el flanco de la vida.

 

 

Esporas

 

El vértigo a la muerte,

distintas sugerencias en lo nimio

la transfiguración del púrpura,

suaves, ocultas venas del pesimista.

La altura ahorcada, fija

en los pies del muerto,

escancia la fisonomía

                                    la pérdida

origen del suspiro.

Ahora pende

                     junto al árbol

es una hoja más

                          otra semilla.

 

 

El viejo

                         A mi padre.

 

Las cicatrices han evaporado

los bordes infantiles del secuestro,

han caído pliegues otoñales

donde la carne exhibía su uniforme.

Cercenan rumores del pasado

flagelos íntimos del cardio,

tragos consumados.

Las manecillas afinan su plegaria,

y en el tímpano del alma

se quiebran las alturas

del pájaro y el pecho.

 

 

Incesto

 

Pudo al margen

la levedad de quien gravita.

Pudo siempre

entrevistar a su destino

en el espejo.

Pudo incluso.

 

 

Necesidad del llanto

                                           A Hércules que dicen, no lloraba.

 

Como al dardo profundo

y el desprecio

como al dinero y el orgasmo

como al hondo latigazo, la ternura

como al cayo y la llaga.

 

 

Presente

 

La noche es fresca,

demasiado para abandonar

                                           el cuerpo.

Debieras abrochar tu vehemencia,

asir a mi cintura lo profundo

y yo sorber la sedosa prontitud.

No estás, esquivar la soledad

hace más fría esta noche

de un frío a rayos

© Abraham F. Ortiz Lugo

Invocación de sombras y fábulas obtuvo el Segundo Premio

en el I Certamen Literario Revista Axolotl.