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De asedios y moradas
¿Quién cruzó los silencios donde la soledad
levantó fronteras? fue un color que dibujó el infierno. Ahora el paraíso es un estruendo lleno de vacíos, una luz salvaje que la noche nunca abarca, una piedra que cae circular en un río que no fluye y la palabra aún no dicha se desnuda sobre el hielo. ¿Quién es recordado por extraños en la perforada memoria de los días? Cómo envuelven los dedos en harapos la piel transparente de una ciega, cuándo se grabará ees nombre en una lápida lejana donde signos herméticos hablen de un amor descalzo y una marca de sangre trace el abismo entre el laberinto y la vida.
¿Por qué una estrella anónima dejó su señal en la muda música del cielo? Si exhibe su hambre de buitre el ayer con sus uñas implacables en ese espejo cansado de pupilas en esta morada prisionera de la bruma, si todo es fugacidad y olvido para esta boca hechizada casi muerta. Si en el presagio del fuego estas manos apartaron ceniza fresca y para quebrar el hechizo devastaron los muros con caricias, calmaron su llanto en el aullido de la rosa y se atrevieron a las orillas de esos ojos para que vibraran en la tierra todos los muertos. Entonces en el relámpago tatuado por el ángel las raíces se hundieron en salitre y la voz intacta reveló su inocencia.
Ahora preguntan si esto que sucede dimos está fue ha pasado perdurará en lo hondo de este octubre irreparable aunque la araña esté al acecho y un párpado borre toda huella solitaria para hundir sus colmillos en la sombra.
© Estela Kallay "De asedios y moradas" obtuvo Mención Especial en el I Certamen Literario Revista Axololt 2005. |
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