Ojos negros para el verano

 

 

Balada del lugar ausente

 

recuerdo las tertulias al pie del coral,

la comunión de todos los silencios

y el perfecto andamiaje de los abismos

 

enuncio las instancias cotidianas,

cuando nadie ponía límite a lo que era de todos

y no se hacían juicios a la muerte

 

imagino los tiempos en que la deriva

era el mejor de los destinos

y andar desnudo el más nítido lenguaje

 

evoco aquella tierna inocencia,

cuando el sol era el sol

y no el centro de algo

o el ombligo de alguien

 

enumero las tardes

cuando la luna traía las últimas palabras del día

y las nubes guardaban sus brújulas y promesas

 

repaso las aventuras cuando andaba por ahí,

sin el tiempo a mis espaldas,

sin izquierdas ni derechas que seguir

y solo, sin semáforos ni periferias

 

ahora sé que la soberbia de la razón

es este exilio,

donde todos a diario perdemos las orillas

 

 

mañana,

cuando sólo queden los silencios conversando,

quizás aquellas aves,

que una vez soñaron los antiguos peces,

     que fueron hombres,

vuelvan a celebrar sus infinitas noches azules 

ahí, conmigo, en lo profundo.

 

 

 

El visitante

 

nadie lo ve ni escucha lo que dice

 

está ahí,

aunque no mire ni diga nada

 

curioso recorre los rostros 

buscando su mensaje

y aturdido

gira en este remolino de odios y vitrinas

 

después de todo piensa

que roma son estas calles

y que cada quién es un nuevo pilato

 

por eso, como muchos,

tiene miedo

 

al menos hacia el mar

                      / poesía

ambos podemos huir caminando.

 

 

Cuando me escampe el rostro

 

mis ojos andan la piel de la ventana

 

tengo el rostro solo

sin una mujer de luna en dónde mirarlo

y le pregunto a esta tarde

cuándo y por qué los espejos

agotaron sus promesas

 

sé que en algún lugar

el amor andará por ahí

refugiado en las faldas de un árbol

bajo la dura lluvia

 

sé que ahora mismo

mi sombra se escurre bajo la puerta

y me mira en silencio

toda de negro

sosteniendo un par de esperanzas

en las manos

 

es la vida, amiga, no te enfades

que pronto va a escamparme el rostro

 

y de repente escampa y es otra tarde

la sola, la de siempre,

y otra vez los colores sacuden sus alas

y en un estuche de cielo

vuelve a vibrar como una mariposa

la tierna lección de la existencia:

el sol sabe acompañarse, sabe amarse,

tan sólo con las cosas que puede iluminar.

 

 

Caleidoscopio

 

y ser el mismo prisionero

que ha hecho con tu nombre

los muros del cuarto solo de su alma

 

el mismo desterrado

que bebe de un cáliz de ceniza

el recuerdo de tu boca que sabe a silencio

 

el mismo que aguarda

la orquídea desnuda de tu sueño

bajo el suelo amarillo de la espera

 

el mismo centinela de las horas

que augura el nacimiento de un mes desconocido

cuando el seno del mar /

                           la luna

amamante de nuevo

la soledad que dejaste en cada cosa.

 

 

 

Notas

 

i

 

no es el mensaje

que trae la ola

 

sino quién,

con su pequeño mar,

se atreve a soñar su propia orilla.

 

ii

 

y pensar que esta ola

que trae su propio rostro

                      fue llorada

                         digamos

                           en irak.

 

 

 

En los bordes de la noche

 

i

 

frágil al viento

y de polvo como los años

 

que sea la palabra, entonces,

la moneda con que pago vida a la vida

por el fulgor de este instante.

 

 ii

 

mientras el mar

se deja vivir en la

orilla

de mi cuerpo

 

la palmera se mueve

saludando la secreta noche

 

el viajero hurga

          / nombra

 

entre silencios 

la tortuga siembra

sus huevos en mi vientre.

 

 

© Mauricio Cappelli Figueroa

"Ojos negros para el verano" obtuvo el

Primer Premio en el I Certamen Literario Revista Axolotl 2005.