Camino rojo

 

Crujido de altas ramas imita el grito.

La lucha en el aún afiebrado e inerte cuerpo.

Su esencia sin arrepentimientos ni sacrificios

batalla por no ser demonio.

 

La segunda oportunidad ya la tuvo.

 

Y la piedad no existe cuando tu posesión es ajena.

El desgarrador grito del silencio

acude a abatir la queja eterna.

 

Llego el día

el dolor por el que murió

vivirá por siempre

y en la angustia de lo que no fue

volverá antes de irse.

 

El tiempo ya no es y tampoco es el verse.

 

Dolor y desesperación sentirá en su nada,

que querrá en otros cuerpos volver

y hacer con ellos lo que a él lo ha sometido.

 

 

© Marcelo Guillermo Bianco