EL ORGULLO
Giro dependiente para
la bisagra.
Todas las ventajas del crédulo riñón
atrancan su bagaje-ego.
Con su manto tibio cubre
fríos y calientes.
Él,
superrío doméstico de nadie
se ahoga en una gota rancia,
en su goteo mohoso y hueco
que cree verdad.
No ve el yerro
que alimenta con su boca,
ni ve esa nada traslúcida
que le come el hígado.
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LA
AVARICIA
Si se cae un niño
deshecho por su desecho,
desecha el llanto y acumula tierra.
Ciega,
qué ciega está al querer lo que no podrá
llevarse
al rincón,
al pozo,
a la llama,
a la piedra.
Si caen inocentes
al tropezar con su garra,
desgarra la culpa y acumula fuego,
y acumula oro,
y se acuesta ignorante sobre las cenizas.
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LA
LUJURIA
Le da la espalda al don
de amor
que nos han regalado.
Le da la espalda y se retuerce
engendrada de prístinos rojos escaldados.
Ella,
que se pierde en el torrente de la sangre,
estéril
se consume sin dulces.
Le da la espalda al don
de amor
que se nos ha entregado.
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LA
ENVIDIA
Esa media boca,
ese impar de manos,
ese botón negro en medio del escote.
Llora que te llora
lágrimas lacónicas,
ríe que te ríe
bocas cocidas en caldo;
y en el ríe-llora anuda el pañuelo
en su garganta ajena.
Inerte al espacio que ocupa
de prestado
se vuelve en sus sinpasos,
se estanca en su sinpies
y vive,
vive tan sólo para herir sus días.
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LA
GULA
Peca de ingenua al sentirse
mansa
roedora de manjares y jugo de uvas
rosas,
rosas como pezuñas de cerdo impúber
que rebuzna como burro
y no deja de ser chancho.
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LA
PEREZA
Duerme,
duerme en laureles de olivo,
rotos,
desdeñados de pujos secretos
y se peina
con los dedos de un manco.
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LA
IRA
Prensa los
puños,
despedaza ojos y sienes.
A la cruz
refuerza los clavos.
Desgaja la carne,
excreta corona de espinas.
En mundo enajenado
maldice,
blasfema,
calumnia,
lapida.
Aprieta puños,
en la cruz
recibe clavos,
acoge látigo
y se cubre con su propia toga,
toga que vuelve siempre a sus manos.
karinasacerdote@revistaaxolotl.com
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