El cuentapasos
He leído en la revista Gesundheitstipp, que reparten en la farmacia, dos artículos muy interesantes. Uno dice que ser feliz es fundamental para vivir mucho, el otro habla de un aparato que te atas a las caderas y cuenta los pasos que das al día. Si das no sé cuántos pasos no necesitas hacer otro deporte, tu corazón funciona bien, no engordas y la cantidad y calidad de vida aumentan considerablemente.
He empezado a sonreír, y me voy corriendo a comprar el aparato, solo cuesta 19 francos.
¡Qué desilusión! Ya tengo mi aparato, lo he llevado colgado todo el día. Haciendo mis pasos habituales no llego ni a la mitad de los necesarios. Mañana seguiré los consejos de la farmacéutica: nada de ascensor y salir del tranvía una parada antes.
He mejorado, pero no lo suficiente, mañana nada de tranvía.
Hoy he ido caminando al trabajo, también he vuelto andando, Maura ya había cenado y estaba a punto de irse a dormir, pero ha merecido la pena, me acerco, me acerco.
Muy cansado, al llegar tarde comí tarde y me acosté tarde, me he levantado temprano para dar mis pasos. He empezado a fumar, así salgo al balcón de vez en cuando y aumento los pasos.
Maura está harta de cenar sola, dice que para qué quiero estar en forma si es para no ver nunca a nadie y tener estas horribles ojeras.
También se ha quejado mi jefe, dice que comprensión con el vicio sí, pero que también me paga por estar un poco delante del ordenador. Por eso hoy he fumado menos, he compensado aumentando la distancia para ir a comer. Me he comprado un bocadillo y lo he comido por el camino. Y bebo más, así se hacen más frecuentes los paseos al baño, nadie puede reprocharme el ir al baño, ¿no?
Llegué muerto a casa, Maura estaba de sobremesa con Georg, creo que me va buscando un sustituto. Hemos hablado de mi cuentapasos, Maura, indiscreta, se lo había contado a Georg, teme que se esté convirtiendo en una obsesión, me da igual lo que piense, ¡hoy he estado tan cerca!
© Marta Álvarez