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Los polizones
El
mundo navega por la noche, mientras es golpeado por las olas de la tormenta.
Es inútil saltar de la embarcación... Si me quedó aquí seré polvo al viento;
pero en un viento cómplice con la lluvia, y entonces me haré lodo, macizo
lodo; superficie inmóvil y consistente que se priva de un maravilloso mar de
estremecimientos. El aliento casi se me ha condensado, y el calor huye de mi cuerpo como el calor
de las brasas vivas se escapa hacia las cenizas. Mi
realidad se ha hecho un hilo de grisáceo humo que se dilata delante de la
niebla. Las olas golpean la proa del mundo, pero éste avanza sin reaccionar
ante su hundimiento. Es tan inútil gritar ¡AUXILIO!... ¿Ya lo ves?... Si nos
quedamos aquí seremos como el viento encima de un hediondo pantano. Sin
darnos cuenta arrastraremos putrefacción y finalizaremos siendo nosotros
mismos el pantano. ¿Quieres oler a cosa desagradable? Yo ya he empezado a
oler como si viajara de veterinario en el arca de Noé; ¿entiendes? ¡Vamos
polizón, ten valor! ¡Atrévete a saltar conmigo de este barco!... A la cuenta
de tres... ¡Luego de la ola grande! Uno... Dos... y... ¡Espera, espera!, creo
que me olvido de algo... ¡ah sí, mi fe! ¿La habré dejado entre los discos de
los Beatles?... ¡Iré a buscarla! No quiero que este
sea un acto totalmente desesperado. Así que siéntate, y si lo deseas, fuma tu
último cigarrillo...
© Andrés Fabián Valdés
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