La selva

 

Es alto. Indudablemente más alto que los de su especie. La especie hombre en condiciones de cazador. Sus ojos están atentos, busca en cada mesa, en la puerta que se abre. Aún en los resquicios irrespirables del humo y el perfume penetrante de las mujeres. Olfatea el aire, olfatea en las pieles transpiradas de la noche. Él sabe discriminar lo posible, la velocidad de la presa que ingenuamente repasa los labios con rouge. Pone sus trampas en dos o tres lugares. Un vaso de whisky apurado que golpea una espalda y se derrama malamente sobre la blusa de lycra, un cigarrillo que abre un agujero sobre una manga o un empujón, seguido de disculpá, no te vi, aunque merecería estar ciego para no verte. Sonríe travieso y burlón. Instala una corriente de confianza no más allá de las dos de la mañana. Demorará otras dos escasas en escamotear información, en llevarla dulcemente, a la presa, se entiende, tomada de la mano hacia la pista de baile.

           

Ella a esa altura verificará una cierta cojera en la pierna derecha. Un leve arrastrar del zapato que hábilmente  él ocultó para no despertar sospechas, ni rechazo. Pero igual se dejará tomar de la cintura, apretará su cuerpo contra el torso del hombre. El cazador susurrará murmullos en la oreja, apretará sus labios en el cuello húmedo, la invitará a seguir más cómodos la conversación en otro sitio con menos ruidos, con menos gente. Ella totalmente librada de temor dirá que sí, que claro, ¿en qué auto vamos?, el tuyo, bien, aviso a mis amigas y salimos.

           

Sobre las siete, puntualmente, como sucede desde un año a esta parte, justo donde la cresta del mar sacude la escollera sur, un cuerpo de mujer magullado aparecerá asomando sus piernas. Largas piernas blancas. Jóvenes piernas abiertas. Destrozados la ropa y los labios. Él prefiere morderle los labios antes de matar a sus víctimas.  Aún no se saben las razones, pero faltan pedazos de boca. Centímetros enteros de carne. El agua va y viene borrando los pasos desparejos, la cojera de pierna derecha. El cazador vuelve a la selva, para descansar bajo el primer árbol que encuentre.

© María Vilalta

"La selva" obtuvo la Segunda Mención

en el I Certamen Literario Revista Axolotl.