|
|
|
||
|
MARTÍN ANDRÉS HAIN |
|||
|
|
|||
|
|
|||
|
Hermanos de sangre
Cora sigue sin dirigirle la palabra a su hermano, el vampiro. Todos estos años ha levantado las manos en ademán negador cada vez que alguien insinúa comentar las hazañas del no-muerto. Si el relator prosigue, impávido a sus deseos de ignorancia, grita y se lleva las palmas a las orejas. Cora fue testigo del momento, tras una cena opípara, en que los caninos de su hermano, sin causa aparente, crecieron descontrolados. Ella fue la primera en verlos brotar, antes que él mismo, que recién lo advirtió cuando ya habían desgarrado sus propios labios azulados. Lanzaron un alarido al unísono, ella de espanto, él por la herida. Los ojos inyectados, ahogándose en saliva y babeando sangre, intentó mantener la boca abierta para evitar los cuchillos suicidas, pero el dolor era insoportable. Congelado en ese silencioso grito, el único descanso para la tortura fue morder la carne viva que ofrecieron sus padres, siempre compasivos, que interrumpieron el postre, doblaron las servilletas, e inclinaron los cuellos para brindar una dosis de alivio al hijo, que desde entonces caminó de aquí para allá siguiendo a los dos ancianos, convertidos en bastón y chupete del ansia diabólica. Cora jamás perdonó a sus padres tamaña misericordia. Ella, que nunca había pedido mucho, ahora exigía justicia y castigo. -Quiero que dejes de ser un vampiro –imploró en un último intento contemporizador-. Hablemos. -¡Yo no soy un vampiro! –se defendió el acusado. Colgado ridículamente del cuello de su madre, que tejía una bufanda, apenas se podía comprender lo que decía. La carne fofa entorpecía las palabras y los gestos. -Mamá –exigió Cora-. Debes ordenarle que deje de ser vampiro. -Es mi hijo –respondió la madre entre sollozos, mientras corregía un punto saltado-. Yo quiero a mi familia unida. Hay que perdonar, hija mía. -Es mi hijo varón –enfatizó el padre de Cora, inclinándose a tomar el lugar de su esposa, vencida por el cansancio. El hermano de Cora quitó los dientes del cuello de su madre. El instante transcurrido entre que soltó a su madre y clavó los colmillos en el cuello de su padre fueron un doloroso éxtasis. El padre de Cora se puso de pie y caminó, remontando al atribulado barrilete, hasta un aparador de madera, y se sirvió una medida de Hesperidina.
Cora se hartó de ver a sus padres apagarse, cada vez más débiles, y de que nadie reconociera su reclamo. Dejó de acompañarlos a médicos, curanderos y sacerdotes. Dejó de llevarles agua bendita, ristras de ajo y coronas de muérdago, que ellos agradecían primero y echaban a la basura apenas ella les daba la espalda. Dejó de visitarlos. Se retiró al vacío de su propia oscuridad interior. Los padres de Cora murieron tras una pesada agonía. Extrañaban a Cora, que nunca más les había dirigido la palabra. Tan absoluto fue el silencio que llegaron a suponer que Cora había muerto, que se les había adelantado, que los demás les ocultaban una tragedia. Sufrieron mucho por ello, y más aun porque cada vez que le pedían a su hijo que hiciera las paces con Cora, él farfullaba iracundo: -¡Ella dice que soy un vampiro! – hilos de saliva le manchaban la camisa. Aulló y gritó cuando murieron sus padres. Realmente los amaba. Tal vez un poco más a su padre, que le había otorgado sin excusas el cariño debido al primogénito macho, pero no por eso dejaba de amar a su madre. Ahora le urgía algo que morder. Buscaba con ojos febriles y le parecía que un desierto se extendía a su alrededor, un miedo invernal que todo lo marchitaba. Se miró las manos y lloró. Alguna gente sospechaba que el hermano de Cora era un vampiro, aunque ni familiares ni amigos se atrevían a preguntárselo. Solamente Cora había tenido tal desparpajo, y ahora se murmuraba entre sonrisas torcidas que estaba loca. Nadie preguntaba por qué el hermano de Cora iba por la vida mordiéndose el brazo derecho a la altura del codo. Un día el brazo se desprendió del hombro, podrido y maloliente. Al instante, gimiendo de dolor, hincó los caninos en la muñeca izquierda. Como no podía darle la mano a nadie, saludaba guiñando los ojos. Apasionada, Cora se tiñe el cabello. Tiene un hijo y un esposo joven. Su vida es cuidarlos día y noche. Las sombras la cubren: la de su hermano, la de los padres que no vio morir, la de la misericordia que no tuvo consigo misma. Algunos recuerdan que Cora se había divertido, en épocas lejanas como el cielo, con las ocurrencias de su hermano. El era un bruto, pero a ella los brutos le gustaban, de a momentos. El hermano de Cora hizo muchas cosas buenas. La gente lo admira. Se fue a vivir al campo, y allí cultiva tomates, remolachas y granadas. Dice que el color lo tranquiliza, y regala a sus vecinos esos manojos de sangre. Tiene una esposa menuda, tres hijos que lo quieren. Nunca los ha mordido. Y a ellos no los quema el ansia de morder a otra gente. Se sienten muy agradecidos por esto. Si alguien intenta contarle a Cora estas cosas, ella grita y patalea.
Algunos todavía tenemos esperanzas. Yo, entre otros, que soy el hijo de Cora. De que Cora se deje morder por su hermano. Así podrían conversar y recuperar el tiempo. De que su hermano pierda la vergüenza y se presente en cumpleaños y Navidades diciendo: “Hola, soy el vampiro”. En realidad, a nadie le importa. Y como mi tío también es mi padrino, podría enseñarme el catecismo. Podría prepararme para tomar la comunión. Llevarme a misa y a peregrinaciones. Pero ahora le queda solamente una pierna sana, y dicen que se la mira con hambre. Salta sobre esa pierna de un lado a otro. La otra pierna, la que se muerde, está a punto de caerse. Es muy extraña la postura que debió adoptar. No les queda mucho tiempo. Es ahora o nunca. En cuanto a mí: últimamente me siento raro. Siento una picazón ahí atrás, al fondo del paladar, donde se juntan la glotis y los mocos. Estoy considerando dar un paseo por la campiña. Se me antojan granadas, y en la noche me paso la lengua por los labios, por el filo de los dientes.
© Martín Andrés Hain "Hermanos de sangre" obtuvo la Primera Mención Especial en el I Certamen Literario Revista Axolotl, en la categoría cuento. |
||