La historia de Vittorio Ansaldo

 

Una oleada de terror asolaba aquellos años la isla de Manhattan: ni la bancarrota en ciernes, ni siquiera la plaga que padecía el mundo eran tan temidas entres las gentes del hampa como la sola pronunciación de un nombre: …Vittorio Ansaldo, Vic, al que apenas nadie había visto, ni ninguno quería ver.

Ansaldo mataba, y lo hacía a la perfección: el asesinato como suerte de arte; para hacer eso había que ser profesional; era, con diferencia, el mejor pagado de toda la Costa Este.

Vic trabajaba para Al Buono, dueño y señor de la isla. Nadie hacía nada sin pedirle permiso a tío Buono, y esto se lo debía en gran parte a Vic, porque saberse con la espalda cubierta por Vittorio Ansaldo imprimía mucha confianza, y aseguraba el poder.

No obstante, el Imperio de Buono se encontraba amenazado: los hermanos Griffo de Jersey ansiaban el control total de Manhattan.

A pesar de su juventud los Griffo poseían un considerable territorio, donde la ley llevaba únicamente su balanza. Eran gente muy seria, responsable, y católica, criados desde siempre con la idea de familia inculcada en sus principios. Educados en las mejores universidades, habían preferido continuar con el negocio de su padre, Ricardo Dick Griffo, coetáneo de los Lucciano, Schultz, y Capone.

Habían estudiado los beneficios de la zona de Manhattan, y los números indicaban posibilidades casi infinitas para la familia. Pero si pretendían que la fórmula cuadrase, debían resolver un problema; reventando el principal pilar del Imperio Buono, toda la organización caería sola: Manhattan sería suya. La cuestión era eliminar a Vic para hacerse con el destino de la Costa Este.

Dirigieron a sus diez mejores hombres al asalto de la casa de Ansaldo en Manhattan; se presentaron de madrugada. No tuvieron contratiempos en la neutralización de los hombres de Ansaldo, sorprendentemente gente muy joven e inexperta; fueron cayendo uno a uno en un silencio total, y cuando todos murieron registraron la casa con sigilo, pero no encontraron a Vic por ninguna parte.

Se dedicaron entonces a buscar posibles entradas ocultas, pasadizos utilizados en momentos de peligro para abandonar la mansión o refugiarse. Toda la casa fue registrada, los muebles volcados, los grandes cuadros arrancados de las paredes con violencia…

Pero su perseverancia les llevó a dar con una puerta camuflada bajo un tapiz. Era una entrada hacia unas escaleras, una entrada que todos los asaltantes bajaron, y de la que salía un extraño olor.

Así llegaron a un sótano iluminado con velas; donde vieron que por el suelo, y apoyados en las paredes, sentados en sillas y sillones, yacían decenas de cadáveres. Muchos vestían ropas de gala, antiguas, y sólo eran huesos; los había con la carne putrefacta y cubierta de gusanos, ya irreconocibles como personas; otros de mejor aspecto miraban extraviados hacia algún punto de la sala, o ensimismados con la cabeza ladeada, como si algo les llamase la atención; mas la mayoría llevaba la marca del terror grabada en rostro, ¡qué espeluznantes caretas de feria!.

Ahora la pestilencia era total.  

Sobre los asaltantes voló el temor: había algo más feral que ellos allí; los tipos duros comenzaron a mirarse de soslayo, y por primera vez dudaron entre finalizar el trabajo o marcharse corriendo, ser fieles a lo que les dictaba el instinto.

Entonces, en ese momento de duda, del sofá se arrastró una figura, antes oculta, temblorosa, envuelta en cientos de años, y ante la mirada atónita de los asistentes se irguió, mostrándose. Pudieron adivinar en su rostro que tras aquella corrupción que le carcomía se encontraba Vittorio Ansaldo, el verdadero Vic, superviviente de las eras del mundo, y comedor de la vida de los otros, de gente como ellos, indefensos ante la maravilla de la naturaleza.

 

© Gustavo Adolfo Bautista 

Nació en Madrid, España, hace veintinueve años. Estudió Historia en la Universidad Autónoma de Madrid, y actualmente trabaja como librero.

"Escribir me encanta; he ganado diversos concursos literarios de mi país, muchos cuentos han sido radiados, y varios publicados en revistas electrónicas".