|
|
|
Sonámbulo
Sonámbulo… Del alcohol y el cigarro sólo quedan cenizas y tragos. De mi vida y sus sucesos tan solo la mísera quietud de esta noche permanece, difusa e irracional. Han caído ya sobre mí el peso de catorce días sin libertad. Angustiado entre todas estas almas que lejos de provocarme miedo me causan risa, divago entre la inmortalidad y el homicidio. Me hundo perpetuamente en las imágenes que dieron paso a mi condena: La silla rota, el café tirado en la alfombra, su cuerpo desangrándose entre mis manos, mis dientes corroídos por el sabor inerte de su carne cruda. Si no fuese por la claridad de esas imágenes hoy estaría cuerdo, despabilado y sin la dulce droga cerebral que un impacto de sueños provoca. Cierro los ojos y viajo, los abro y sigo viajando, dormido en vida por la muerte. Recuerdo sus pupilas dilatadas, la sonrisa que no esperaba nada mas que una noche romántica entre vinos y flores, el sonido seco del golpe en la cabeza y los exquisitos sonidos de dolor que emanaban sus labios inconscientes. Decían, los necrófagos de Nueva Guinea que comerse el cuerpo sin vida de su gente los mantenía por siempre con ellos. Digo yo que comerme en vida a mi novia la mantendrá por siempre conmigo… …Así lo hice Y hoy su carne me hace sentir Sonámbulo. Estaba llena de sueños.
© José Manuel Elorza Hurtado |
![]() |
|