El arte y la guerra civil española

 

El arte no es una isla, es parte del continente de la historia. Los sucesos van encaminando a los artistas por temáticas diversas, ofreciéndoles veredas donde pararse, o desde donde escapar. De ese modo surgen obras que desgarran los ojos y el recuerdo, que disparan la memoria colectiva y pregonan el no olvidar. Más aún, cuando la historia la gana el enemigo.

Veintiséis de abril de 1937. Algo zumba en el cielo, y no es para menos. Un pequeño pueblo del País Vasco será testigo, y receptor, del primer bombardeo de saturación en la historia del hombre. Sus habitantes también serán testigos, hasta que las bombas les caigan encima. Tres horas de aviones de la Luftwaffe atravesando el cielo de Guernica. Tres días de fuego para destruir su mercado, sus aldeanos y sus cabalgaduras.

Sesenta y ocho años después podemos formar parte de la masacre. Al ingresar al museo Reina Sofía y contemplar la pintura de Picasso, es imposible olvidarnos de las razones del pintor, no hay manera de separar esta obra de aquel abril, de no preguntarse que llevó al artista a plasmar esa imagen conmovedora. Guernica fue pintada para ti, reza un poema perdido, y cuanta razón tiene. Aún en nuestra observación y en nuestro tiempo, sin ese componente propagandístico a favor de la República, con el que cargaba en esa época al ser exhibido en París, nos inquietamos y sentimos los gritos silenciosos de muerte y de agonía desparramados por la aldea vasca.

¿Por quien doblan las campanas?, se pregunta Hemingway después de la guerra. Le coloca ese título a la novela, anunciando el tema de la historia que nos contará: la muerte. Enrolado en la causa republicana, vivió la guerra entre el frente de batalla, siempre de cerca, y el Hotel Florida de Madrid. Todas las situaciones vividas en España le ayudaron para que algunos meses después, en una habitación de un hotel de La Habana comenzara a escribir una de las mejores novelas sobre la guerra civil. La historia transcurre alrededor de la voladura de un puente que impediría el avance fascista. El amor y el horror se unen en el contorno de la esperada explosión, para que al final del libro (o al final de la guerra), las campanas no paren de doblar por los republicanos caídos.

Uno de los muertos más famosos de esta guerra fue poeta y dramaturgo. El cuerpo de Federico García Lorca, autor de Bodas de sangre y del Cancionero Gitano, fue tirado en un barranco de la Sierra Nevada en agosto de 1936. Aunque él no formaba parte de ningún Partido, para un régimen autoritario era considerado peligroso, como fueron considerados todos los “artistas modernos”. La obra de García Lorca está plagada de muertes, el fin de la vida le sirvió como fuente de inspiración en muchas ocasiones. Uno de sus poemas, dedicado al torero Ignacio Sánchez Mejías, dice, contrariamente a lo que hoy nos ocurre con el poeta: Porque te has muerto para siempre,/como todos los muertos de la tierra,/como todos los muertos que se olvidan,/en un montón de perros apagados.

George Orwell, escritor inglés, autor de novelas como 1984 y Rebelión en la granja, también participó de la guerra civil española. Formó parte del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), con el que luchó en el frente donde fue herido de bala, y simpatizó con los sectores anarquistas. En su libro Homenaje a Cataluña, despliega su visión y sus vivencias de la guerra. Critica la actitud de los comunistas y valora una y otra vez el trato que le dan sus compañeros. En las últimas páginas aclara, por si a alguien le quedara alguna duda: “Esta guerra, en la que desempeñe un papel tan ineficaz, me ha dejado recuerdos en su mayoría funestos, pero aun así no hubiera querido perdérmela. (...) Por curioso que parezca, toda esta experiencia no ha socavado mi fe en la decencia de los seres humanos, sino que, por el contrario, la ha fortalecido.”

Podemos realizar un experimento. Leemos la frase de Orwell e inmediatamente después nos sentamos a ver una película como La Lengua de las mariposas. Cuando llegamos al final tenemos pocas opciones: tragar saliva o llorar, padecer esa incertidumbre por lo que vendrá, esa sensación de inseguridad, similar a la que se produce cuando pisamos el suelo de una casa en venta.

 

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