Mientras no escribo… redacto notas para Axolotl
(o ¿cómo saberlo, querido lector?)

 

Una tarde de fines de verano acepté con gusto la invitación que me hacían de colaborar con una nota mensual de literatura. Después de todo venía rumiando algunas ideas que bien podían completar una columna decente.

Sin embargo, en vísperas de la fecha de entrega, mi primera sensación fue: Miedo Escénico. Había una idea puntual, pero ante la hoja en blanco, mis dedos que sólo saben contar cuentos, remolonearon párrafos y párrafos antes de dejarse convencer por un tono diferente.

Así, con dificultades y dudas, lejos ya de mis últimas vacaciones, escribí aquella nota en donde describo cuán difícil resulta escribir algo en vacaciones.

Pero con esa nota publicada esas viejas ideas, las rumiadas que mencioné antes, ya se habían reducido a dos. Y me bastó con tratar de recordarlas en detalle para descubrir que contaba sólo con una posible idea para la siguiente nota.

Tal vez fue luego de la publicación de mi segunda nota que ocurrió el cambio de percepción. A la distancia lo pienso y creo que la mejor manera de explicarlo es citando una de las leyes de Murphy: “Si todo lo que tienes es un clavo, todo se parece a un martillo”.

Un instinto de pronto alerta o cierto entrenamiento en la mirada, me llevaron de golpe a inventar notas nuevas. Descubrí que esa libertad —o incertidumbre— lejos del formato rígido del cuento también podía proporcionarme un excelente marco. Una matriz donde ir acomodando ideas, y un marco imaginario, como el que arman con sus dedos en ele los fotógrafos o los directores de cine para encuadrar algún detalle original.

También recordé aquella nota para FIN en la que Marcelo di Marco me propuso mezclar dos temas que yo creía inconciliables. En un rincón: el director japonés Nobuhiro Suwa y su explicación del montaje como conflicto (o viceversa). En el otro rincón: el concepto de literaturización de los críticos rusos. La pelea salió buena, con algún que otro cross a la mandíbula, como diría Arlt.

A partir de ahí creo que siempre es posible un montaje como ese, cruzar dos temas sin relación aparente y alcanzar algún extremo donde por fin se toquen o pasen infinitamente cerca. Los propios temas, antagonistas en conflicto, mantienen el interés de la nota.

Y no sigo un camino solitario. Siempre admiré el documental “Relaciones” (aka Connections)1 que empezaba mostrándonos algún invento moderno, pongamos por caso un cuchillo eléctrico. Luego James Burke viajaba en el tiempo para mostrarnos cuanta prueba, cuento error, cuantas guerras, viajes, culturas, reyes y años de historia fueron necesarios para que un antediluviano pedazo de sílice dentado termine convirtiéndose en un electrodoméstico.

En esa línea está Harun Farocki, otro monstruo que me fue dado conocer en algún Festival de Cine Independiente de Buenos Aires. Es imposible explicar alguno de los documentales que me impresionaron porque es imposible recordar el camino que tomó para llegar de un punto a otro. Creo recordar que uno de ellos arranca explicando el mecanismo de una compuerta y termina siendo un terrible manifiesto contra la escalada armamentista que se originó con Locheed y sus bombas Napalm en Vietnam. Claro que después vuelve a la compuerta y la idea redonda y completa cobra sentido.

Hasta aquí parece sencillo, una receta. Muy a mi pesar de esa lógica también fui descubriendo que me resulta más natural escribir la nota en vísperas de la entrega a pesar de tener cada párrafo pensado (o no tanto). Será por esa obsesión —acaso contemporánea— de sólo disfrutar plenamente lo que ocurre en vivo y en directo.

Releo la nota y creo que he respetado la tradición, logré mezclar sensaciones, literatura y un poco de cine (como si no viniesen ya mezclados…). También sé que he sido fiel al nombre de la columna. Terminó siendo más que un guiño al Stephen King de los buenos tiempos y mejores libros. Es realmente un reflejo de todo cuanto pienso y siento mientras no escribo.

Sólo por contradecirme será que esta nota de despedida la escribo en pleno invierno, cuando aún faltan varios meses para su publicación. Tal vez en ese momento la relea y descubra que ya no tiene el encanto de lo nuevo. Tal vez estos párrafos sólo pretenden haber sido escritos en otro tiempo y sin embargo son de ayer nomás.

¿Cómo saberlo, querido lector?

 

 

(1)  http://imdb.com/title/tt0078588/

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© Revista Axolotl, Número 17