Borges y Marshall:

¿dos caras de la misma moneda?

 

En cierta reunión cometí el error de poner en la misma bolsa a Borges y a Marshall.

De inmediato me pidieron explicaciones: “Tienen mucho en común… ¿a que te referís, Juan Pablo?”

Y durante una fracción de segundo se me cruzó por la cabeza un montón de información que necesitaba ser ordenada.

Para empezar, ambos eran contemporáneos.

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges, conocido como Jorge Luis Borges, nació en Buenos Aires (capital de Argentina), el 24 de agosto de 1899, y murió el 14 de junio de 1986.

Claude Cunningham Bruce Marshall, conocido como Bruce Marshall, nació en Edimburgo (capital de Escocia), el 24 de  Junio de 1899, y murió el 18 de Junio de 1987.

Si bien uno nació al extremo sur del planeta y otro al extremo norte, hubo apenas dos meses entre estos dos acontecimientos. Sus muertes también fueron cercanas, con apenas un año de distancia.

Ninguno murió en su país de origen. Borges falleció en Ginebra (Suiza) y Marshall en Biot (Francia). Curioso: nacieron a 10.000 km de distancia para morir a solo 500 km, como si algo los llamara a reunirse.

El primero, reconocido como un porteño empedernido; el segundo, un escocés de pura cepa.

Escribieron cerca de medio centenar de libros cada uno, con una fuerte producción del género fantástico. Aunque Borges escribió otros géneros, su predilecto siempre fue la novela policial. Marshall, en cambio, prefirió la novela de espionaje (cerca).

Ninguno de los dos tuvo instrucción formal en literatura. Si bien Borges siempre estuvo en contacto con ella a lo largo de los distintos cargos que ocupó, nunca piso una facultad de letras como estudiante. Marshall, por su parte, luego de servir en la primera Gran Guerra y perder una pierna en el campo de batalla, culminó su carrera militar con el grado de Teniente Coronel, en 1946, sin haber pisado una facultad de letras como estudiante.

Después de haber rememorado toda esta información, finalmente, entendí mis propias palabras.

Ya es harto conocida la obra de Borges por lo que solo me detendré a hacer algunos comentarios sobre la de Marshall, la del desconocido Marshall, para muchos. Para eso tomaré como referencia una de sus obras más conocidas[1].

Ambos son, a mi parecer, los mejores exponentes de la ironía (perdón “Gilbert”[2]).

Veamos un ejemplo: "Dejemos a un lado el aspecto solemne del milagro y hablemos de él desde un punto de vista que, hasta los hombres más alejados de este mundo, se ven obligados a veces a tratar, el comercial. ¿Está usted dispuesto a venderme los derechos de propiedad de su milagro?"[3].

Otra característica en común es el excelente manejo del humor: "Al principio, Jaimito, que había recibido orden del canónigo de no dejar entrar a nadie que no fuese sacerdote, se negaba a admitirles; pero cuando le dijeron quiénes eran y a lo que iban, creyó que bien podía hacer una excepción con los dos gordinflones y les pasó al locutorio reservado para las grandes personalidades y notables conversos y corrió a la iglesia para decir al fraile que «dos diablos herejes borrachos querían hablar con él»[4].

 

Sin embargo, tal y como se desprende, todo esta presentado con ironía.

De es modo vemos (al igual que lo hacía Borges), críticas a sus contemporáneos:

 

"El Hache del O. movió la cabeza de arriba a abajo, con ese movimiento que hace creer al que lo ve que el que lo hace es un gran pensador y que ha hecho que los caledonios adquieran la reputación de ser cien veces más inteligentes de lo que son en realidad. Un escocés mueve la cabeza de arriba abajo por la misma razón que un cachorrillo persigue su rabo y expresa, en términos de puro pensamiento, que el movimiento de cabeza iguala a la persecución canina"[5].

 

Las críticas van dirigidas, especialmente, a lo que se da en llamar opinión pública. Por supuesto, con un grado de ironía y buen gusto pocas veces superado:

 

"En aquel momento se encontraba rodeado de borrachines: borrachines aficionados al golf, borrachines futbolistas, panaderos borrachines y otros muchos más que con sus cosas y su género de vida habían hecho más para moldear el moderno caledonio que todos los profesores, escritores y filósofos que había producido Escocia.

El H. M. del O[6]. pertenecía a la segunda jerarquía de borrachines caledonios, de esos que mentalmente llevaban enarguillas y eran partidarios acérrimos de la Iglesia Escocesa, a cuyos oficios nunca asistían, y de Rable Burns, al que jamás habían leído; pero el hermano malo de su ilustrísima no tenía mala voluntad a sus superiores de la primera jerarquía, que preferían, o habían preferido, a Kipling y a las limpias albas sobrepellices, de los que ellos llamaban Iglesia Anglicana"[7].

 

Por último, el modo con el que toca cuestiones vinculadas a la naturaleza humana sin desmerecerla, sino, simplemente, decribiéndola. Sin sarcasmo, sin acidez, sin faltas de respeto, pero siempre con esa ironía que lo caracteriza:

 

"El Hache del O. era un alma sencilla que vivía como viven muchas almas menos sencillas que él, como si las persepciones de sus sentidos fueran las únicas realidades [...] Y, sin embargo, era un místico él mismo: un místico invertido, que encontraba en la cerveza y en las tanguistas lo que los fatigados hombres de negocios encuentran en el "golf", y las mujeres decentes en el amor, y los frailes y las monjas en la oración y la vida contemplativa: un escape de su propia personalidad, o mejor aún, el cogerla y meterla en algo exterior más grande...."[8].

 

Algunas veces uno no necesita aprender cosas nuevas sino recordar cosas que sabía pero que, por alguna razón, había olvidado. Del mismo modo, a veces, uno no necesita descubrir autores nuevos, sino que solo necesita re-leer autores viejos pero que, por alguna razón, no tiene tan presentes.

 

© Juan Pablo Lionetti de Zorzi

Notas:

 

[1] Ver MARSHALL, Bruce. El milagro del padre malaquias. Buenos Aires: Desclé de Brouwer, 1962.

[2] Aquí hago referencia a Chesterton.

[3] Opus citatum, pág. 149.

[4] Opus citatum, pág. 126.

[5] Opus citatum, pág. 59.

[6] H.M.del O. significa el hermano menor del obispo.

[7] Opus citatum, pág. 60/61.    

[8] Opus citatum, pág. 64/65.

 

 

 

Otras publicaciones de Juan Pablo Lionetti de Zorzi en Axolotl