Escribo, luego existo
The
eye sees only what the mind
is prepared to comprehend.
Henri Bergson
La mente. Intrínseca e intangible, secreta e infinitamente profunda. Eterna brasa que siempre mantendrá viva nuestra evolución. La búsqueda de respuestas y la explicación de los fenómenos que nos rodean han sido un dilema perpetuo que inquietó a la humanidad desde que el tiempo se deleita con su nombre. Pero hay una pregunta que nos afecta más directamente en nuestra ínfima existencia: ¿es real lo que vemos? ¿Nuestros ojos, cual ventanas, proporcionan acceso directo al mundo que nos rodea? ¡No! Nuestros ojos solo proporcionan una interpretación del mundo que no es más que nuestra propia versión de la existencia.
Lo mismo ocurre en la Literatura: el autor plasmará en su obra lo que él ve, y por ende, lo que él es. Un libro es la representación más directa que podremos encontrar de alguien, porque es arte, un arte que usa la palabra como medio de expresión. El esfumado de las metáforas, el relieve de las hipérboles, el definido trazo de los signos de puntuación, las luces y sombras de cada vocablo cuidadosamente escogido, conforman la obra maestra que tiene permitido el error. Porque esa obra maestra es, al fin y al cabo, un ser humano.
Al seguir las huellas de los grandes artistas, nos deslumbra la blancura ciega de resplandor que Jorge Luis Borges ha legado a la historia. Pero además, en estas huellas, es posible descubrir pasos no tan conocidos de Domingo Faustino Sarmiento. Cada uno moldeó su propia identidad en sus obras, desde su reflejo y desde su otro, es decir aquella imagen diametralmente opuesta que causa inexplicable rechazo. El hecho de que puedan definirse desde la otredad es brillante: ambos autores crean su propia imagen desde un espejo antagónico, porque el otro los define por ser lo que no son.
Ambos autores siempre se han destacado, pero no por una razón que puede ser dejada a la suerte o al azar; sobresalen, marcan la diferencia, porque los unen lazos tan fuertes que la espada no podrá cortar ni las palabras podrán contar ilimitadamente, sino que encontrarán los términos más exactos que la lengua pueda proveerles.
“Facundo, Civilización y Barbarie”. No es posible encontrar una obra que manifieste quién fue Sarmiento más que esta. Presenta un yo torturado que llora el llanto y la desgracia de un letrado dejado a merced de la barbarie: “(...) salía yo de mi patria, desterrado por lástima, estropeado, lleno de (...) puntazos recibidos (...) en una de esas bacanales sangrientas de soldadesca y mazorqueros”. También ese sujeto romántico torturado se ve representado en “Poema conjetural”, de Borges: “Como aquel capitán del Purgatorio que, huyendo a pie y ensangrentando el llano fue cegado y tumbado por la muerte, así habré de caer”. Aquí comienza esta estrecha relación. Aquí se sientan las bases para tan directa concordancia. Es muy importante resaltar la pasión con la que escriben ambos autores: le arrebatan la voz a cierto personaje y ponen en aquella boca su propia fogosidad, poblada de hipérboles y subjetivemas. ¿Habrá pensado Laprida: “(...) me endiosa el pecho inexplicable un júbilo secreto. A esta ruinosa tarde me llevaba el laberinto múltiple de pasos que mis días tejieron desde un día de la niñez”? Borges le entrega sus símbolos y dilemas a Laprida y pone en su garganta las llamas de su voz. Sarmiento también conjetura sobre lo que piensa Quiroga en “Civilización y barbarie”, y vemos cómo el ardor de las acciones del caudillo se ve reflejado en el estilo del autor: “Se sentía llamado a mandar, a surgir de golpe, a crearse él solo, a despecho de la sociedad civilizada (...)”. Una vez más, ambos se enfrentan con el conflicto romántico de la inacción del intelectual frente a la batalla física de los hombres de guerra.
Borges y Sarmiento también encuentran un fuerte vínculo en la creación del otro. De esta forma, crean al bárbaro, al gaucho como un otro extremadamente fuerte. Esto se ve claramente en Civilización y barbarie: “Nosotros, empero, queríamos la unidad en la civilización (...) y se nos ha dado en la barbarie y la esclavitud” y también en Poema conjetural: “(...) la victoria es de los otros. Vencen los bárbaros, los gauchos vencen”. Es importante destacar, además, que el poema de Borges es endecasílabo, que es la forma más difícil de escribir en la lengua castellana. De nuevo, pone sus sentimientos en la boca del letrado Laprida, decidido a escribir versos de once sílabas, de la misma forma que Sarmiento quiere marcar su superioridad cultural al citar en otros idiomas.
¿Somos capaces, entonces, de comprender la relación que a través de la Literatura une a dos de los más grandes artistas? Las líneas que atraviesan sus obras pueden parecer paralelas, pero una vez que observamos con otra mirada descubrimos que están inextricablemente entrelazadas. ¿Tenemos la habilidad de ver el espeso tejido? ¡Necesitamos verlo! Si el ojo solo ve lo que la mente está preparada para comprender, debemos romper las barreras de nuestro entendimiento para crear una realidad que vaya más allá del marco del mundo. Es una relación que excede los límites conocidos, tan precisa que nuestra humana imperfección no puede describirla totalmente.
Debemos comprender lo inexplicable, tal como el infinito: tal vez no es posible describirlo, pero podemos entenderlo. Es justamente el saber, el percibir el cosmos lo que nos lleva a ser soberanos de nuestra propia existencia. Entonces, ¿resulta incomprensible esta sublime analogía? ¿Es posible que seamos ciegos ante el lazo que unirá a ambos artistas y a los infinitos artistas hasta el vértigo? Si es así, si negamos este legado, nuestra mente no es humana. Si es así, no somos dignos de existir en el Universo.
© Tamara Hache
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Tamara Hache nació el 13 de marzo de 1991 en Bariloche, Argentina. Aunque toda su vida ha transcurrido en esta modesta ciudad, Tamara ha descubierto que tiene aspiraciones de gran metrópoli: luego de terminar sus estudios secundarios, planea estudiar Letras en la UBA, dejando atrás lagos y montañas para perseguir el sueño de ser “escritora”. Hay quienes aseguran que heredó el místico gen literario de su abuelo materno, pero esto aún no ha podido ser comprobado. Los síntomas de este gen se manifestaron desde temprana edad, con una creciente pasión por la lectura y la escritura. Hoy en día, asegura que irónicamente, escribir es la única tarea cuyas causas y efectos no pueden ser descriptos por meras palabras. Hasta la fecha, sigue en el camino de auto-descubrimiento literario, luchando contra los tonos barrocos y en busca de un estilo propio. Ha escrito numerosos ensayos, algunos cuentos y poemas y un discurso que recibió el premio de Primer Finalista en el Speech Competition del año 2007. |
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