Sr. y Sra. Smith según Chesterton

 

“Hubiera podido ser un Edgar Allan Poe o un Kafka; prefirió –debemos agradecérselo– ser Chesterton”.
Jorge Luis Borges & María Esther Vázquez, Introducción a la literatura inglesa.

   

 Hace poco tiempo, Brad Pitt y Angelina Jolie tuvieron un gran éxito como el matrimonio Smith (John y Jane). Sin embargo, cuando a mí me hablan de los Smith, son otros los personajes que imagino.

El Sr. y la Sra. Smith son los protagonistas de Manalive (Hombre vida), una historia escrita por Chesterton, publicada por la editorial de Thomas Nelson e Hijos en 1912. Con frecuencia se la confunde con El Hombre eterno (The everlasting man), publicado en 1925.

"Como soy", por G. K. Chesterton.

Hace casi diez años me prestaron una traducción de Hombre vida y, en ese momento, me pareció de lo mejor que había leído.

Muchos ríos de tinta han pasado desde entonces. He vuelto a leer esa historia, (ahora con otro nombre y por otra editorial), y nuevamente me pregunto si no es el mejor libro que he leído.

¿Por qué? ¿Acaso no he crecido culturalmente  en los últimos años?

Puede ser que ahora, ya mayor, me haya encandilado su contenido filosófico. Explícitamente se le responde a Schopenhauer, Ibsen, Gorki, Nietzsche y Shaw (gran “amor/odio” de Chesterton). Pero también, pueden sentirse tocados Sartre, Jasper y Camus.

Quizás ese sello tan particular del autor de ser simple, claro, gráfico, profundo y crítico a la vez, como lo muestra este pequeño fragmento:

 

"¿Qué es un charco? (se preguntan los abajo firmantes) Un charco repite el infinito y está lleno de luz; sin embargo, si se analiza objetivamente, un charco es un poco de agua sucia extendida muy superficialmente sobre barro. Las dos grandes universidades históricas de Inglaterra, tienen ese gran brillo, superficial y reflexivo. Repiten el infinito. Están llenas de luz. Sin embargo, o, más bien por otra parte, son charcos…"

 

Pudo ser una fascinación por su personaje principal y las enseñanzas que nos deja el señor Innocent Smith. Un hombre soberano, porque lo que hacía y decían eran reglas. Tenía un sentido común tan agudo que superaba al común de las personas quienes, siguiendo los cánones de la sociedad, lo catalogaban como un excéntrico o un loco. Alguien que sufre un juicio de valor por parte de la razón, simplemente por deleitarse con cosas simples. En realidad si hay algo que nos enseña es que no existen cosas simples, sino mal apreciadas.

"Como me gustaría ser", por G. K. Chesterton.

¿Por qué?

Porque nos acostumbramos a ellas.

¿Y qué es acostumbrarse?

Acostumbrarse es, simplemente, olvidarnos de que algo antes no estaba.

Por eso, el acostumbramiento provoca la pérdida de valor, porque nos impide ver las cosas como realmente son.

Pero pudo ser otra cuestión la que tanto me deslumbró de este libro, por ejemplo, su espíritu, tan cercano al autor.

Así, en la historia, Smith recorre el mundo buscando su hogar (Rusia, China, EE.UU, etc.), para encontrarlo en el mismo lugar de donde había partido: en Inglaterra.

En Ortodoxia, Chesterton comentaba el caso, hipotético, de un piloto que llega a una isla pensando que era un descubrimiento nuevo y tras un tiempo descubre que era Inglaterra: “El piloto de mi ejemplo creyó ser el primer descubridor de Inglaterra, y yo creí ser el primer descubridor de Europa. Quise ensayar alguna herejía por mi cuenta y, al darle los últimos toques, me encontré con que mi herejía era la ortodoxia”.      

Si embargo, falta algo.

Un pequeño detalle menor, pero fundamental.

Un algo que parece ilustrarse con estas frases:

 

"...Inglewood tuvo tiempo de sentir una vez más lo que había sentido cuando vio a los amantes de pie sobre el césped: la sensación de una cierta claridad cortada y coloreada que pertenece más bien a  las cosas del arte que a las cosas de la experiencia".

 

"Pero ¿no ve usted que todos estos verdaderos saltos, destrucciones y huidas son solo intentos de volver al Edén, a algo que ya hemos tenido, a algo de lo que al menos hemos oído hablar?"

 

Esa experiencia, esa sensación salpicada de añoranza que te asalta repentinamente, sí, no cabe duda: es el gozo[1].

¿Y por qué es importante conocer el gozo? ¿Y por qué Chesterton nos habla de él?

Simplemente porque, como dice en Ortodoxia: “… necesitamos ser plenamente felices en esta tierra de las maravillas, sin conformarnos con pasarlo medianamente. Y esta es la principal excelencia de mi credo”.  Ese es el mayor valor agregado en la historia del Sr. Smith, eso es lo que hace que, no importa cuántas veces lo lea, parezca de lo mejor que he leído.

Eso es lo que a mi entender convierte a Chesterton no solo en un escritor sino en un artista, porque nos traduce la realidad para hacernos ver lo que por nosotros mismos no vemos; y a Manalive en un gran libro, porque a pesar de que lo hayamos leído y sepamos cómo termina, indefectiblemente, lo volveremos a leer.

 

 

Dedicado a Agus (Agustín y Agustina), Charlie, el Negro, Niky, Sofi, Tomy y, en fin, a todo el clan “Badaraco” con quienes compartí tantas rondas de mate durante esos días de calor en la playa.


Notas:

¾¾¾¾

[1]  Recomendamos leer, para una mejor  comprensión, la edición Nº 11 de Revista Axolotl, en la sección "Especiales", El león, la bruja y el ropero: El libro vs. La película.

 

© Juan Pablo Lionetti de Zorzi

 

 

 

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