La materia oscura vs. Las crónicas de Narnia

¿Opuestas o distintas?

 

En diciembre de este año se estrenará en los cines The Golden compass.  Ese es el título con el que se publicó en los EE.UU la obra del escritor inglés Philip Pullman. El título original de la historia (y con el que se publicó en el Reino Unido) es Northern Lights. De hecho, cuando leí la historia a mediados de la década del noventa, se la tradujo como Luces del Norte, respetando, de ese modo, el título original.  

La historia, como toda historia introductoria (forma parte de una trilogía que se llama La materia oscura), presenta los personajes, el contexto, y el peligro a evitar. Es realmente entretenida, mezcla cuestiones tales como la magia y el espíritu científico en un mundo actual que funciona con elementos de antaño. Y, como toda historia bien hecha, contiene  anacronismos [1] presentados de manera quirúrgica. 

Además, tiene un par de cosas muy interesantes y originales. La primera, los daimonion. Son pequeños seres, generalmente animales, que acompañan a todas las personas. El daimonion puede cambiar de forma a medida que la persona crece pero, una vez que supera la adolescencia, adquiere la forma definitiva. Algunos consideran que se trata de una alegoría del alma, yo creo que se asemeja más a una corporización  de los sentimientos que conforman la personalidad. Sin embargo, eso no es importante. Lo llamativo es cómo el autor representa a los distintos daimonion.

Lo segundo, que la protagonista (Lyra Balacqua, una niña de 12 años) debe enfrentar a dos fuerzas distintas: la que compone Lord Asriel, un hombre muy inteligente que está en contacto con la  comunidad científica; y el grupo de personas que comanda  Marisa Coulter, que bajo las órdenes de la Iglesia experimenta con niños.

Lo que me llama poderosamente la atención es, y en esto solicito el perdón de los lectores pero adelantaré un dato central, que  Asriel y Coulter son los padres de Lyra, quien no puede confiar en nadie salvo en Iorek Byrnison, el rey de osos acorazados que fue destronado. Un guerrero que cumple la función de guardaespalda de Lyra. Obviamente, los osos hablan.

Una historia interesante, tratar a los niños como personas inteligentes, la aparición de viejas historias a través de los gitanos y los cosacos, animales que hablan y demás cuestiones hicieron que en poco tiempo hablaran de Pullman como el sucesor de Lewis.    

Sin embargo, todo cambió a partir del año 2002. Pullman, en el diario inglés The guardian, acusó a C.S. Lewis de misógino y racista, y a Las Crónicas de Narnia de ser propaganda religiosa.

Las palabras exactas de Pullman acerca de Lewis fueron: “I realised that what he was up to was propaganda in the cause of the religion he believed in. It is monumentally disparaging of girls and women […] It is blatantly racist. One girl was sent to hell because she was getting interested in clothes and boys." (THE GUARDIAN, June 3, 2002) [2]

En este punto me tomaré una licencia: ¿Cómo una obra puede ser religiosa y al mismo tiempo racista? No conozco religión alguna que fomente y le prometa la salvación a quien proceda de esa manera. Tampoco conozco ideas de C.S. Lewis que lo avalen. Por otra parte, si la obra fuera una propaganda de las creencias que Lewis tenía, ¿cuál es el problema? ¿Acaso Mr. Pullman no hace lo mismo, fomentando su idea de secularización? ¿Por qué Pullman puede hacerlo, y está bien, y Lewis no?

En fin, tras las declaraciones, la respuesta no se hizo esperar. En el año 2005 se le otorgó el premio Astrid Lindgren, el más importante del mundo dedicado a la literatura infantil. Se otorga desde el 2002 en Suecia y consta de U$S 700.000 (algo así como el Nobel de la literatura infantil). Además, hoy en día se habla de La materia oscura como la antítesis de Las crónicas de Narnia. Es decir, Pullman pasó de ser un discípulo a ser un par.

Si bien no dudo de la sinceridad de sus declaraciones, el efecto que produjo (desde el punto de vista del marketing), le resultó muy positivo. Y esto merece una especial consideración.

Hablar de antítesis parece un fuerte argumento de ventas, a mi parecer es solo eso. Considerar las dos obras como opuestas es, simplemente, falaz y, considerar a los dos autores al mismo nivel, no me parece justo. No por el nivel de sus obras, sino por la influencia que uno y otro autor han tenido entre sus pares escritores.

En La materia oscura, la Iglesia viene a ser uno de los malos, pero no es excusa para hablar de antítesis. En Las Crónicas de Narnia en ningún momento se habla de la Iglesia. En ambas obras tenemos animales que hablan, personas mayores de las que hay que desconfiar, animales que merecen más confianza que los hombres, una explicación del origen del mal, un viaje a tierras desconocidas, niños que se comportan como adultos. En realidad, ambas obras parecen la misma receta pero con un ingrediente distinto: las ideas de uno y otro autor. Y eso no es razón suficiente para llamarlo opuesto. Porque de ser cierto, entonces hasta en eso Pullman siguió la receta al pie de la letra. Hasta en el hecho de volcar sus propios principios.

Disfruté mucho leyendo Luces del norte y estoy seguro que disfrutaré viendo la película.

Sin embargo, uno debiera tener la suficiente humildad como para reconocer que, a veces, la mayor influencia la recibimos, no de los ejemplos a seguir, sino de lo que queremos evitar. Y desafío al lector a que lea la saga (o por lo menos vea la película de la primera historia), a que se atreva a decir que no hay nada de Lewis en La materia oscura.   

Lewis sabía esto, y de hecho lo reconoció. De ese modo, la novela Mas allá del planeta silencioso, comienza con la siguiente advertencia:

Algunas referencias despectivas a narraciones anteriores de este tipo que se encontrarán en las páginas siguientes fueron incluidas por motivos puramente dramáticos. El autor lamentaría que algún lector lo creyera demasiado estúpido para haber disfrutado de las fantasías del señor H. G. Wells o demasiado ingrato para  reconocer su deuda hacia ellas”.

Tal parece que en el caso de Pullman se percibe cierta ingratitud.  

 

([1]) Un “anacronismo” es un desfasaje en el tiempo. Es muy utilizado para brindar sensación de familiaridad y para lograr que el lector, paulatinamente, pueda desentenderse de su realidad para absorber la realidad de la historia. Así por ejemplo, en El Señor de los Anillos, un típico ejemplo de anacronismo es cuando Merry y Pipin hacen su travesura encendiendo los fuegos artificiales con forma de dragón, al principio de la historia. Cuando los efectos de luces se alejan lo hacen  como si fueran “un tren expreso”. Pensar en un tren en Tierra Media, en la Comarca de los hobbits, parece desubicado. Pero no así para el lector, facilitando el paso de la realidad a la historia. Volver

([2]) Desde lo personal considero que todas las opiniones deben respetarse. Pero, obviamente, no todas merecen el mismo grado de respeto. En este caso, emitir un juicio de valor de estas características acerca de la obra de una persona que falleció varias décadas atrás , (1963), no merece el mismo grado de respeto que la critica que se hace a un autor vivo que puede defender sus opiniones y hacer valer su derecho a réplica. Volver

© Juan Pablo Lionetti de Zorzi

 

 

 

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