Trilogía de Ransom,

o lo que Lewis se atrevió a decir

Wilson comentó en su bibliografía de Lewis (ver Wilson, A.N. C.S. Lewis, Biografía, Ed. Andrés Bello) que a Tolkien no le gustaba que criticaran su trabajo, de hecho parece que lo tomaba demasiado mal.

       

John Ronald Reuel Tolkien; Toller para los amigos.

Por eso, en una ocasión,  Jack, escribió un cuento en donde distintos personajes discutían cierto  borrador de Toller. La idea era transmitir ciertas observaciones de manera que Toller no se disgustara. Resultado: un  éxito rotundo. Tolkien aceptó las críticas de un modo como nunca antes lo había hecho.

Clive Staples Lewis; Jack para los amigos.

Todos, en uno u otro grado, sentimos que no podemos decir realmente lo que pensamos, generalmente, por miedo a perder el respeto, admiración o aprecio de los demás.

Especialmente cuando nuestra opinión va a contrapelo de la mayoría, o de la comodidad de lo políticamente correcto.        

¿Por qué? Muy simple, porque es común que transformemos en  absolutos,  los relativos. Si alguien dice: va  a llover, lo consideramos un negativo, si dice: todo va a estar mejor, es un romántico.

Si bien es un viejo truco retórico, por lo general, lo aplicamos  mal, es decir, olvidamos que nuestras ideas son solo argumentos, y lo tomamos como la verdad absoluta.

Y, en cuanto a discutir contra lo políticamente correcto, simplemente se corren los parámetros equivocadamente. Por ejemplo, se dice: Soy un buen marido porque no engaño a mi mujer. Cuando en realidad no engañar a la mujer es ser un marido normal. El buen marido es el que, a pesar de que su mujer lo engañe, y teniendo la oportunidad, no lo hace.

Pero entonces, lo que se dice no es ese es un buen marido, sino, ese es un tonto.    

 

Muy posiblemente a Jack le ocurriera lo mismo en su ambiente, tal como lo demuestra éste fragmento:

 

“… muchos entre nosotros hemos tenido la experiencia de vivir en algún nicho de la sociedad humana, algún colegio, facultad, regimiento o profesión donde el espíritu prevaleciente era malo. Y al interior de ese nicho, ciertas acciones eran consideradas simplemente normales («todo el mundo lo hace»), mientras otras aparecían  como impracticablemente virtuosas y quijotescas. Pero cuando salimos de esa mala sociedad, hicimos el terrible descubrimiento de que en el mundo externo nuestro “normal” era el tipo de cosa que ninguna persona decente soñaría hacer, y que nuestro «quijotesco» era aceptado, sin necesidad de mayor análisis, como la norma mínima de decencia”. Ver LEWIS, C. S. El problema del dolor, Ed. Andres Bello, Santiago de Chile, 2001,  pág. 69).        

 

De hecho, en más de una oportunidad llegó a decir que se sentía como soldado en territorio ocupado.

Por todo eso, y para evitar ese tipo de conflictos, es común que muchos escritores basen su creatividad en lo que sienten y no en lo que piensan.

Y, ¿qué mejor manera de hacerlo que poner en boca de un personaje de ficción lo que uno piensa? En la Trilogía de Ransom, Lewis hace lo mismo que hizo con Tolkien, nos da consejos y respuestas.

 Además,  tuvo una gran idea al escribirlas de manera que puedan leerse aisladamente. Si bien lo más recomendable es leerlas en su orden original, nada impide que por ejemplo uno solo lea la Tercera, “Esa horrible fortaleza”, (la que más me gustó, y por mucho).

 

En la primera, Lewis pareciera hablarle al mundo:

“No, jombre, la desgracia para un jnau no es la presencia de unas cuantas muertes desparramadas por el mundo. Un jnau torcido es lo que enturbia el mundo”.

 

En la segunda, a nuestras conciencias:

“La voluntad ebria que había ido envenenando lentamente la inteligencia y los afectos ahora  por fin se había envenenado a sí misma y todo el organismo psíquico había caído en pedazos”

 “Para nuestra raza el silencio interior es una tarea difícil. Hay una parte locuaz de la mente que, hasta que se la corrige, sigue parloteando aún en los sitios mas sagrados”   

 

Y en la tercera, a la sociedad, aunque siempre de una manera individual, por medio de los lectores: 

 “… si llegara aunque sea  a murmurarse que el NICE desea poderes para experimentar con criminales, tendrás a todos los ancianos de ambos sexos  con los brazos en alto y dando grititos por la humanidad. Llámalo reeducación de los inadaptados y los tendrás a todos babeando encantados porque la era brutal del castigo compensatorio por fin ha terminado. Lo raro es que la palabra «experimento» es impopular, pero la palabra  «experimental» no. No debes experimentar con niños, pero ¡ofréceles a las queridas criaturitas educación gratis en una escuela experimental vinculada al NICE y todo irá bien!”.

“… en la mente de Mark era difícil que algún retazo de pensamiento noble, ya fuese cristiano o pagano, se asentaran con firmeza. Su educación no había sido no científica ni clásica, sino meramente «moderna». Tanto los rigores de la abstracción como los de la alta tradición humanística habían pasado por alto; no contaba con la sagacidad del campesino ni con la honra del aristócrata para que lo auxiliaran”.      

 

En síntesis, en la Trilogía de Ransom se percibe el sentimiento de Mero Cristianismo, las ideas de Carta del Diablo a sus sobrinos, las contestaciones del Gran Divorcio, la admiración por la mitología de Mientras no tengamos rostro, la franqueza de El diablo propone un brindis y la honestidad de Clive Staple Lewis. 

© Juan Pablo Lionetti de Zorzi

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© Revista Axolotl, Número 18