|
|
|
|
|
El león, la bruja y el roperoEl libro vs. la película
En la vida hay preguntas que no valen la pena hacerse para buscar la solución: por el contrario, sirven para tener el problema.
Mi pregunta surge de una
apreciación totalmente subjetiva y al mismo tiempo incomoda. Como todo fanático de C. S. Lewis fui al cine a ver “El león, la bruja y el ropero”. Y me llevé la sorpresa de encontrarme con una historia con un interesante argumento pero nada del otro mundo. En contrapartida, cada vez que re-leo la saga de Narnia, y me encuentro con el león la bruja y el ropero re-descubro una historia cautivante. Esto no tiene nada de especial. Es común que las adaptaciones no reflejen el libro. Sin embargo, mi dilema surge porque no tengo crítica alguna que hacerle a la película. ¿Las actuaciones? De nivel, cada personaje transmitió tal cual la esencia y la personalidad reflejada en el libro. ¿La adaptación? Sin errores. Más allá de que fueron necesarios algunos cambios, no se le quitó nada a la historia y, por otra parte, fue hecha de manera tal que lograron mantener la emoción del espectador. ¿Fotografía, puesta en escena? Fantástica, no solo llevada a cabo con seriedad sino también lograda de una manera que, más que técnica, parece artística. Y sin embargo, a pesar de todo eso, no fue para mí más que un cúmulo de imágenes concatenadas a la perfección, aun contando la misma historia y mostrando el mismo drama que el libro. ¿Por qué? ¿Qué logró transmitirme Lewis que no logró el director de la película? Lewis es un autor que, como nos recuerda Jorge Ferro, logró captar la atención y la fidelidad (como lectores) de escritores como: Jorge Luis Borges, Leonardo Castellani, Carlos A. Sacheri, Javier Pacheco e incluso personalidades como Juan Pablo II y Benedicto XVI. Mucho es lo que podemos escribir y poco lo que podemos saber. Sin embargo, quizá nos ayude una palabra que contiene parte de su esencia: Alegría. (Gozo[1]). Jack (tal como lo llamaban sus amigos) nos habla de una manera muy especial en su autobiografía (Surprised by Joy) de este sentimiento y dedica gran parte de la obra a explicar y definir la alegría (gozo) que, lo acompañó de manera tan irregular a lo largo de sus primeros treinta años de vida. Por supuesto, no hablo acá de la sensación que me proporciona leer un buen libro, frente a un buen fuego, con un buen merlot al lado, eso en todo caso es satisfacción. Tampoco es lo que llamamos placer, ya que como nos comentaba Jack en su autobiografía “Dudo que alguien que la haya saboreado querría, si estuviera en sus manos, cambiarla por todos los placeres del mundo. Aunque de todos modos, la Alegría nunca está en nuestro poder, y el placer a menudo sí”[2]. A lo que sumaba: “la Alegría no es un sustituto del sexo; a menudo el sexo es un sustituto para la Alegría. Me pregunto a veces si no todos los placeres son sustitutos de la Alegría”[3]. Esto es algo más trascendente, es “… un deseo insatisfecho que es en sí mismo más deseable que cualquier otra satisfacción. Lo llamo Alegría, que aquí es un término técnico, el cual debe distinguirse claramente tanto de la Felicidad como del Placer. La Alegría (en el sentido que yo le doy) tiene una característica, y una sola, en común con ellos: el hecho de que quienquiera que la haya experimentado, la deseará otra vez”[4].
Es decir, volver a Narnia, el anhelo de volver a ese lugar en donde encontramos que lo que llamamos vida, es un reflejo distorsionado de la realidad. Eso es lo que tiene de especial Lewis, y la única respuesta posible a por qué puede transmitirlo él, y no los demás: sencillamente, Lewis lo vivió. ¿Cómo lo sé? Porque compartimos el mismo secreto: uno no puede producir la alegría, simplemente te asalta. Podemos sentirla una tarde de otoño en medio del bosque, pero si intentamos forzarla volviendo al mismo bosque en la misma estación, veremos que no aparece. Puede aparecer en medio de la ruta mientras manejamos, pero si queremos volver a sentirla por más kilómetros que hagamos, no lograremos hacerla aparecer. Es exactamente como volver a Narnia, de ahí que cuando queremos volver debemos recordar la experiencia que nos deja Jack a través del profesor Kirke: “… no pueden usar la misma ruta otra vez. Realmente no traten, de ninguna manera, de llegar hasta allá. Eso sucederá cuando menos lo piensen”[7].
Dedicado a los señores Iván Pittaluga y Pedro Carlos Velasco Suárez. Lectores voraces, escritores humildes, compañeros de lectura, mentores y amigos.
¾¾¾¾ [1] Cabe resaltar que el término original utilizado por Lewis es “joy”. Al respecto coincidimos con Jorge Ferro en que el término adecuado traducido al castellano es “gozo” y no “alegría”. Sin embargo como utilizaremos muchas citas de la traducción llevada a cabo por la editorial Andres Bello, la prolijidad nos lleva a citarlo como alegría, mas allá que reiteramos, el concepto exacta es Gozo. Recomendamos al respecto ver FERRO, Jorge Norberto. Aproximación a Lewis, Ediciones de la Universidad católica Argentina. [2] Ver LEWIS, C.S. Sorprendido por la alegría, Ed. Andrés Bello, 1994, pág. 25. [3] Idem, 178. [4] Ver LEWIS, C.S. Sorprendido por la alegría, Ed. Andrés Bello, 1994, pág. 25. [5] Idem 16. [6] Idem, pág. 85/86. [7] Ver LEWIS, C.S. El león, la bruja y el ropero, Ed. Andrés Bello, 1998, pág. 148.
Juan Pablo Lionetti de Zorzi
|
|
© Revista Axolotl, Número 11 |