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Hoy Robert Rodríguez es conocido por ser el director de La ciudad del pecado (Sin City, 2005), la reproducción al cine casi exacta del comic homónimo de Frank Miller (también co-director del asunto). Sin embargo, vale recordar que este realizador tex-mex arrancó su exitosa carrera cinematográfica de la mano de un muy divertido producto super barato, filmado con algunos conocidos, un estuche y un par de armas: El Mariachi (1992), paradigma del cine independiente de bajo presupuesto.
Cineasta de laboratorio
Robert Rodríguez se interesó en el cine desde pequeño. Ver Fuga en Nueva York (Escape from NY, 1981), esa obra maestra de John Carpenter, lo impulsó a filmar sus propias historias. Primero usó una cámara Super 8, pero enseguida pudo acceder a la cámara de video de su padre y nunca paró: filmó miles de cortos de acción protagonizados por su numerosa familia. El éxito obtenido en festivales de cine lo motivo a dar el gran paso al largometraje. Fiel a su filosofía de hacer con lo que se tenga a mano, RR repasó los pocos elementos con los que contaba (un estuche de guitarra, un pueblo, ente un par de cosas), e ideó El Mariachi. Inspirada en los spaguetti westerns —sobre todo los dirigidos por Sergio Leone, y Django, esa con Franco Nero—, cuenta la historia del personaje del título, que va de ciudad en ciudad buscando algún boliche donde poder tocar. Pero en el pueblo de Acuña se ve involucrado en situaciones violentas cuando, sin darse cuenta, se apropia de un estuche de guitarra lleno de armas de fuego y unos matones lo confunden con un peligroso criminal. El protagonista sería Carlos Gallardo, un amigo y colaborador, y el resto de los papeles se repartiría entre un grupo de conocidos. Pero había un inconveniente: no había dinero. Para ganar algo, el joven Roberto ingresó en una clínica como conejillo de indias. De esta manera permaneció varios días aislado junto con otros voluntarios. Cuando los médicos no lo usaban para experimentar con medicamentos nada confiables, escribía el guión de su ópera prima. Fue en esa clínica donde conoció a Peter Marquand, un yanqui que se convertiría en Moco, el villano de la película. La paga recibida por someterse a pinchazos, más dinero prestado u obtenido como premio en festivales de cortos, sirvieron para armar un presupuesto de 7.000 dólares. En la actualidad sigue discutiéndose si esa cifra fue real, pero el dire no se cansa de afirmarlo.
Con un puñado de dólares
El rodaje de El Mariachi duró poco más de dos semanas. Robert usó una cámara de 16mm prestada por un amigo, con rollos de películas de dudosa calidad.
Sólo usó trípode para una escena. Después, todo cámara en mano, lo que, según el director, le daba más energía a la película y la hacía parecer más cara. Por un motivo similar se subió a una grúa (bah, una escalera bien alta sostenida por alguno de los “actores”) para filmar al mariachi caminando hacia el pueblo en una de la escenas iniciales. Para no pagarle el catering (la comida) a los actores, filmaba hasta el mediodía. Nada de retomas: se ensayaba bien todo y recién ahí se filmaba. No había que desperdiciar película. Peter Marquand no hablaba castellano. Pero su personaje, sí. Robert lo solucionó fragmentando los diálogos y filmó sus partes con inserts de alguna cosa. RR editó toda la película en su casa, con equipo ultra casero. La sincronización de los diálogos con las imágenes también fue casera, y nada fácil. Algunos diálogos tuvieron que volver a grabarse.
Hollywood en castellano
El propósito original de Tito y Carlos Gallardo era vender al película al mercado de video mexicano, y con el dinero que ganaran, filmar la segunda parte de lo que siempre quiso ser una trilogía. Pasaron por distintas productoras, pero ninguna les ofrecía un trato como la gente. Entonces Robert probó llevando su material a la agencia de representantes ICM. Al agente Robert Newman le encantó El Mariachi e hizo que todo Hollywood se interesara en la película. Ni los ejecutivos de los estudios ni los cineastas consagrados podían entender cómo pudo realizarse con tan poco una película así de original, entretenida y fresca.
Tras una larga lista de ofertas, el director hizo
tratos con Columbia pictures, quien compró los derechos de El Mariachi
y le ofreció un contrató para escribir y dirigir nuevos proyectos
cinematográficos. RR se despachó con La balada del pistolero (Desperado,
1995), La trilogía mariachi se completó en 2003 con el estreno de Érase una vez en México (Once upon a time in México), con Banderas, Salma, Johnny Depp, Willem Dafoe (el malo de turno), Mickey Rourke y hasta Enrique Iglesias. La historia completa de El Mariachi es narrada detalladamente por el propio Roberto en su libro Rebelde sin pasta (Revell without a crew), editado en castellano por Ediciones B.
© Matías Orta
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© Revista Axolotl, Número 6 |