Los aventureros del tiempo:

a los 20 años de Volver al futuro

 

Al igual que en el número pasado, dedicado a La naranja mecánica, hoy nuevamente nos ocuparemos de otra película que, aún con el paso de los años, conserva su frescura y su capacidad de sorpresa. Y encima es apta para todo público.

¿Quién no vio Volver al futuro (Back to the future, 1985)?

Este clásico de clásicos cumple veinte años desde su estreno, es increíble cómo uno puede verla por televisión, dejar todo lo que estaba haciendo y disfrutarla como la primera vez.

Amigos lectores, los invito a subirse al De Lorean y abrocharse los cinturones, que mientras comienza a sonar la inolvidable partitura de Alan Silvestri, regresaremos varios años en el tiempo. Más precisamente a comienzos de los ’80.

 

 

Bob y Bob

 

El director Robert Zemeckis y el guionista Bob Gale se conocieron estudiando cine en la Universidad de California. Los unía la pasión por las películas de género y su rechazo a la Nouvelle Vague. Tiempo después se convirtieron en promesas de Hollywood al ser apadrinados nada menos que por Steven Spielberg. De esta manera pudieron escribir y dirigir Locas por ellos (I wanna hold you hand, 1978), sobre la llegada de Los Beatles a Estados Unidos, y Autos Usados (Used Cars, 1980), además de idear el guión de 1941 (1979), de Spielberg. Pese a su indudable calidad, ninguna de las tres películas fue un éxito, y parecía que los muchachos iban a quedarse en la promesa.

En ese contexto a Bob Gale se le ocurrió la idea de un muchacho que viaja en el tiempo y se encuentra con sus padres cuando eran jóvenes. A Zemeckis le encantó y juntos se pusieron a escribir un guión.

Llevaron el proyecto a cada estudio hollywoodense, pero, por un motivo o por otro, todos le daban la espalda. Básicamente, los fracasos del pasado condicionaba sobremanera a los realizadores.

Pero tras dirigir la taquillera Tras la esmeralda perdida (Romancing in the stone, 1984), producida y protagonizada por Michael Douglas, Zemeckis comenzó a ser tenido en cuenta como garantía de éxito. Ahora todos los estudios se peleaban por financiar el ansiado proyecto de viajes temporales.

Pero Zemeckis y Gale regresaron con su mecenas Spielberg, quien siempre confió en ellos.

 

 

La historia oficial

 

El guión, producido bajo el ala de la poderosa Universal, con el director de Guerra de los mundos como productor ejecutivo, contaba las peripecias de Marty McFly (Michael Fox) un típico adolescente habitante de Hill Valley (California) que anda en skate, toca la guitarra y tiene una linda novia. No obstante, su familia es bastante patética: el padre (Crispin Glover) es un empleado dominado por su compañero “Biff” Tannen (Thomas F. Wilson), y la madre (Lea Thompson), con sus tendencias al alcoholismo, no se queda atrás. ¡Y ni hablemos de los hermanos!

El único amigo de Marty es el Doc Brown (Christopher Lloyd), un científico que trabaja por cuenta propia. Su flamante creación consiste en un automóvil capaz de viajar a través del tiempo. Debido a una serie de inconvenientes con terroristas extranjeros —¡Cuándo no! —, Marty se ubica en el asiento de conductor y termina regresando treinta años en el pasado (a 1955, para ser exactos).

De repente el joven se encuentra con un Hill Valley casi irreconocible. Pero la sorpresa mayor se produce al toparse con la versión adolescente de sus propios padres. Debido a este episodio, ellos no se conocen como sucedió originalmente y pronto Marty descubre que su propia madre está enamorada de él. Al igual que en el cuento de Ray Bradbury “El ruido de un trueno”, alterando un hecho del pasado cambia el presente.

Entonces Marty debe remediar la situación, y —con la ayuda del Doc modelo ‘55— regresar a la época que le corresponde.

 

 

¿Quiéres ser Marty McFly?

 

Resulta imposible imaginar a Marty como a otro actor que no sea Michael Fox. Sin embargo, el rol comenzó siendo interpretado por otra persona.

Desde un principio, Zemeckis pretendía contratar al joven actor, pero chocó con un gran impedimento: por aquel entonces trabajaba en la serie de televisión Lazos familiares (Family ties), de manera que no podría estar disponible para el rodaje del film.

Ante la presión de Universal, el director se decidió por Eric Stolz, que después también tendría una carrera respetable. Pero durante la mitad de la filmación, Zemeckis comprendió que Stolz no era la elección correcta y, sin importar las consecuencias, acudió a su opción inicial.

Entusiasmado por la historia, Michael se sumó al proyecto, dispuesto, si era necesario, a sacrificar horas de sueño y de descanso. Eso sí, la producción debió adaptarse al duro cronograma del Marty definitivo. En el trascurso de los siguientes tres meses (a comienzos de 1985), Michael grababa Lazos... por la mañana y la tarde, y salía directamente a los estudios Universal a trabajar en la película durante toda la noche y parte de la madrugada. Pero el profesional de Michael nunca se quejó y el rodaje marcho perfectamente.

De todas maneras, el cambio de protagonista obligó a los realizadores a filmar casi todo desde cero, por lo que se gastaron cuatro millones más de presupuesto. El “pequeño” inconveniente quedó olvidado cuando la película se estrenó en 3 de julio de 1985 y recaudó 350 verdes alrededor del globo.

 

 

Telescuela técnica

 

A la hora de crear la máquina del tiempo, Zemekis y Gale barajaron un montón de ideas. Teniendo en cuenta que Doc no trabaja para nadie sino para sí mismo, la máquina debía parecer un invento casero. Con el clásico de la ciencia-ficción La máquina del tiempo (The time machine, George Pal, 1961) como referente obligado, en un primer momento iba a ser una heladera. Luego la cambiaron por una suerte de cámara, pero ante la imposibilidad de trasladar el aparato, se decidieron por algo más excitante y más fácil de llevar con uno: un vehículo. Más precisamente un auto marca De Lorean, ya que, por las puertas de “ala de gaviota”, se asemejaba a una nave espacial (recuerden cuando Marty apenas llega a 1955 y se mete en el granero: los habitantes creen que se trata de plato volador).

Los productores consiguieron tres ejemplares de De Lorean, que fueron adaptados para poder filmar más cómodamente en interiores. También metieron mano el especialista en autos Kevin Pike, el artista Ron Cobb y el productor de ilustraciones Andy Probert. El trabajó se completó con la tarea del director de arte Lawrence Paul y el coordinador de vehículos Michael Scheffer, quienes buscaron sobrantes militares y otros artefactos para adaptarlos al coche según los bocetos.

Para crear los FX del auto rompiendo la barrera del tiempo, la gente de Industrial Light & Magic se valió de una combinación de efectos ópticos, de piso y animación; o sea, nada de computadoras, en parte porque la tecnología digital aun no se había desarrollado, en parte por el limitado presupuesto. Si uno observa bien, hay muy pocos efectos especiales en la película, sólo los necesarios para contar la historia.

Representar el proceso de viaje temporal significó un dolor de cabeza para Zemeckis & Co, pero lo solucionaron fácilmente: el viaje es instantáneo, como sucedía en el libro de Mark Twain Un yankee en la corte del Rey Arturo.

Y siguiendo con los personaje importantes no-humanos, no nos olvidemos del pueblo de Hill Valley. Debido al ya mencionado ajuste de presupuesto, lo construyeron en los estudios Universal. Primero se filmaron las escenas de los años ’50, donde todo es más idílico, para luego retratar unos ’80´s más deteriorados. En cualquiera de los dos casos, se trata de una recreación de época y no de una reconstrucción realista.

 

 

Menaje á trois

 

Además de convertirse en un enorme éxito financiero y de crítica, Volver al futuro obtuvo varias nominaciones a los premios Oscar del año siguiente. Ganó en el rubro Mejores Efectos de Sonido y compitió en Mejor Sonido, Mejor Canción (“The power of love”, de la por entonces archi famosa banda Huey Lewis and the News), y Mejor Guión Original, donde compitió con... ¡La historia oficial! (Luis Puenzo, 1986) —que ganó por Película Extranjera.

El fenómeno sobrepasó las expectativas de sus creadores. Y cuando sucede algo así, aparece la palabra favorita de los estudios hollywoodenses: secuela.

A los Bob les interesó continuar con la historia. Los protagonistas también, menos a Crispin Glover, quien pretendía un salario demasiado grande. Entonces lo reemplazaron por un imitador llamado Jeffrey Weisman. Algo similar sucedió con la novia de Marty: el papel pasó de Claudia Wells a la futura nominada a un Oscar Elizabeth Shue.

El guión de los Bob eran tan grande y ambicioso que fue dividido en dos. El plan era filmar ambas al mismo tiempo, y estrenar Volver al futuro 2 en julio de 1989 y Volver al futuro 3 seis meses después. Una modalidad que fue tomada recientemente para las secuelas de Matrix (Hnos. Wachosky, 1999) y de La maldición del Perla Negra (Pirates of the caribean: the curse of the Black Pearl, 2003), y también en Kill Bill: la venganza (Kill Bill, Quentin Tarantino, 2003).

En la Parte 2, nuestros héroes viajan al Hill Valley del 2015, donde Marty se topa con sus propios hijos (también interpretados por Michael Fox), pero luego van a un 1985 apocalíptico (culpa de un Biff millonario y despótico), y otra vez a 1955. En la Parte 3, la acción se traslada al Hill Valley del salvaje Oeste, en donde Zemekis aprovecha para citar a varios Spaguetti westerns, especialmente a los protagonizados por Clint Eastwood.

Es excelente ver cómo las tres películas funcionan como una sola. Sin embargo, el director jura que nunca lo planeó así.

 

 

¿Volver?

 

Además de las películas, Volver al futuro conoció una adaptación al videojuego y hasta al dibujo animado a comienzos de los ’90. No fue gran cosa.

A comienzos de 2000 se rumoreó la posibilidad de retomar la saga, pero sin los responsables ni protagonistas originales. Recordemos que Zemekis, entre otras cosas, ganó un Oscar por Forrest Gump (1994), y Michael Fox se encuentra batallando contra el Mal de Parkinson. ¿Por suerte?, todo quedó en el rumor.

Debido al aniversario número veinte, podía esperarse que la Universal decidiera re-estrenar el film en los cines, como pasó en 2002 con E.T., el extraterrestre (E. T., Spielberg, 1982). Hasta el momento no hubo noticias al respecto, y a esta altura parece imposible. Una lástima, ya que las nuevas generaciones se perdieron de disfrutar esta maravilla en pantalla grande —y los ejecutivos, se facturar a lo bestia.

 

     © Matías Orta

 

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