![]() |
|
|---|
“En este mundo perverso todo cuenta” Alex
Las grandes películas siempre fueron las menos, un 5% de un total de pura mediocridad. Pero incluso las obras maestras, con el tiempo, pierden el impacto inicial. Existen excepciones, como El ciudadano (Citizen Kane, Orson Welles, 1941), y la obra que nos compete: La naranja mecánica (A clockwork orange, 1971), un clásico increíblemente moderno, que nunca pierde vigencia.
El padre de la criatura
El verdadero responsable de todo fue el inglés John Anthony Burgess Wilson, conocido en el mundo literario como Anthony Burgess (1917-1993). De joven quería ser compositor, y trató de estudiar música en la Universidad de Manchester. Pero al fallar en el examen de ingreso, optó por la carrera de Letras. Luego formó parte del ejército, y se desempeñó como profesor en su país y después en Malasia. Fue en aquel país asiático donde comenzó a escribir a modo de hobby, sin expectativas de ganarse la vida en ello. A fines de los ’50, los médicos le diagnosticaron un tumor cerebral, por lo que le quedaba un año de vida. Regresó a Inglaterra, y en su “último año de vida” se puso a escribir frenéticamente: novelas, obras de teatro, crítica de música, guiones para la televisión... Y no se murió. Sin embargo, el trabajo más reconocido de Burgess fue y sigue siendo La naranja mecánica, una obra que él consideraba inferior a otras.
La novela
Pero una noche, Alex mata a una de sus víctimas y es atrapado por la ley. Entonces va a prisión y pasa a ser apenas un largo número. Ante la perspectiva de pasar años encerrado, se ofrece como conejillo de indias de un extraño experimento, la técnica Ludovico, que pretende reformar a los criminales. En un principio, Alex piensa que el asunto solamente consiste en recibir un par de inyecciones y ver películas. Con lo primero no hay problema, pero lo segundo no es lo que creía: el muchacho es amordazado a una silla especial frente a una pantalla en donde se proyectan imágenes atroces, como campos de concentración y fusilamientos, ¡con su amado Ludwig Van sonando de fondo! Y ni hablar de cerrar los ojos; un extravagante dispositivo le impide hacerlo. Este particular método de rehabilitación convierte a Alex en un cachorrito mojado, a quien se pone enfermo ante la sola perspectiva de maltratar al prójimo. Pero en su vuelta a la sociedad, sus antiguas víctimas no están dispuestos a perdonarlo y más de uno aprovecha para tomar venganza y hasta utilizarlo con fines políticos. Si revisamos la biografía de Burgess, descubrimos que la génesis del libro proviene de un momento trágico de su vida. En los tiempos de la Segunda Guerra, durante su estadía en la milicia, su esposa fue atacada por un grupo de soldados yanquis desertores. Como consecuencia, recibió graves herida y perdió al bebé que esperaba. El autor lo puso claramente en la novela cuando Alex y su pandilla irrumpen en la casa de un escritor y violan a su mujer. Por otra parte, el hombre estaba escribiendo un libro titulado La naranja mecánica... Muchos recuerdan la historia en un entorno futurista. En realidad, se trata básicamente de una ciudad de tiempo indeterminado, más oscuro, cruel y pesimista. Ideal para el mensaje antiutópico pretendido por Burgess. Además, la novela es un análisis acerca del comportamiento humano, sobre ser bueno o malo. Por otra parte, hace referencia a los métodos de rehabilitación vinculados al behaviorismo o psicología del comportamiento, oriundos de Estados Unidos. Para explicarlo brevemente, consistían en someter a seres vivos a pruebas de estímulo-respuesta por medios empíricos, y trabajar sobre su conducta. ¿Por qué La naranja mecánica? ¿Por qué ese nombre y no otro? Recordemos el titulo original, A clockwork orange. La palabra “orange” significa “naranja” en castellano. Sin embargo, en este casi proviene de “ourand”, palabra de origen malayo y quiere decir “persona”. Por lo tanto, según el juego de palabras creado por el autor, el titulo real de la novela es La persona mecánica. Ahora cierra todo.
El lenguaje
Si comienzan a leer la novela podrán advertir que Alex —quien narra la historia en primera persona, tiempo pasado— utiliza palabras bastante extrañas. Estamos ante el lenguaje nadsat. Se trata de una creación de Burgess, basándose en el idioma ruso (entre los miles de países que visitó recordaba particularmente a Rusia). “Nadsat” significa “adolescente”, por eso sólo la hablan el protagonista y sus drugos (“amigos”), y nunca los adultos. De esta manera, el autor logra crear personajes que no son ni ingleses ni rusos. El nadsat apareció por primera vez en la edición estadounidense. Burgess, desconocedor del asunto, decía que una lectura ordenada de la novela parecía “un curso de ruso cuidadosamente programado”. Al final de la edición española, siempre por Editorial Minotauro, figura un mini diccionario nadsat, que sí contó con la colaboración del escritor. Pero lo curioso es que uno puede leer el libro sin necesidad de ir a las páginas-diccionario: el sentido de la lengua nadsat nos queda claro enseguida y se entiende perfectamente.
La (gran) película
Si un libro tiene gran éxito, es cuestión de tiempo que lo transformen en un film. La naranja mecánica no fue la excepción. Y no fue cualquier director quien se puso el proyecto al hombro, sino Stanley Kubrik, guste o no, uno de los artistas más respetados e influyentes de los últimos cincuenta años. Probablemente La naranja... sea su opus mágnum. (Aunque, en algún momento, se dijo que los Rolling Stones estaban interesados en hacer la película. Obviamente, iban a encarnar a los jóvenes pendencieros).
La adaptación, a cargo de Burgess y Kubrik, es muy fiel a la novela, salvo por la no inclusión del ya mencionado capítulo extra. El director aprovecha para plasmar las obsesiones de su cine: la violencia como un camino a seguir, la música clásica (la película está trabajada con compases), los ambientes blancos y fríos. Durante el rodaje, Kubrik (quien tiene un cameo en la escena de la disquería) también hizo gala de su ultra meticuloso y hasta sádico método de dirección, basado en conseguir la perfección absoluta. Como en la mayoría de los casos, se ganó el odio de los actores (Malcolm McDowell lo detestaba). Cada obra maestra contiene un gran momento, el que se impone por sobre los demás, el que define el espíritu de la obra. En el caso de La naranja mecánica-the movie resulta difícil hacer esa distinción, ya que TODOS son grandes momentos. Podría nombrar la presentación de Alex y sus drugos, pero también a la escena de la violación, la aplicación de la técnica de Ludovico, la escena de Alex arrojándose por la ventana... A la hora de encasillarla en un género específico, ¿por cuál optar? ¿Ciencia-ficción? ¿Comedia negra? ¿Sátira social? ¿Drama? ¿Musical? ¿Fantasía hiperviolenta? Quizá no sea nada de eso, o una muy feliz mezcla de todo. Al igual que la novela, el film enloqueció a los críticos y al público (pese a que muchos la consideraron extremadamente violenta), y obtuvo varias nominaciones a los premios Oscar, incluyendo mejor película y director. Bonus track: en la escena de la disquería también podemos identificar un disco de la película anterior de Kubrik: 2001, odisea del espacio (2001: a space oddity, 1968).
Legado mecánico
La influencia de La naranja mecánica salta por todos lados, principalmente hoy en día. Es que la película es tan vanguardista que parece hecha ahora. Más que la temática, muchos tomaron más la estética, que se puede apreciar en avisos publicitarios, videoclips, películas, y hasta en dibujos animados.
Pero las referencias más divertidas aparecen en varios capítulos de Los Simpson. Por ejemplo, en uno de los siempre fabulosos especiales de Halloween, Bart se disfraza de Alex y hasta imita su manera de hablar (Si hay un programa que se la pasa parodiando la obra de Kubrik, ese es Los Simpson). Además, hay tufos a La naranja… en la obra de Gaspar Noé y otros cineastas modernos, que rompen con las reglas preconcebidas. En una época como la nuestra, donde las remakes parecen mandar, La naranja... se mantiene invicta, aunque por poco no es así. A fines de los ’90, circuló un rumor acerca de una nueva versión de la obra de Burgess, esta vez de la mano de... George Lucas (sí, ese mismo), con Ewan McGregor encarnando a Alex, ambientada en Los Ángeles. Por suerte, el proyecto quedó en el rumor.
© Matías Orta
|
Otras publicaciones deMatías Ortaen Axolotl |
![]() |
|
© Revista Axolotl, Número 4 |