En compañía de lobos

 

Aullidos y otros licántropos de la pantalla grande

Afiche promocional de Aullidos (1981)

 

El mito del hombre lobo es tan antiguo como el mundo civilizado. Uno puede rastrearlo en casi todas las culturas y, aunque los detalles pueden variar, la esencia es siempre la misma: en las noches de luna llena, una persona común y silvestre se convierte en una bestia asesina.

La criatura no se convirtió en un fenómeno popular hasta 1941, cuando la Universal, responsable de Drácula y Frankenstein, estrenó El lobo humano (The wolf man, George Waggner). De ahí en adelante se filmaron cada vez más películas con hombres peludos aullándole a la luna. Por lo general, la historia nunca variaba demasiado, y tampoco el maquillaje de los actores: cara y manos recubiertas de pelo, colmillos, algunas orejas postizas.

Pero en 1981 surgió una obra que rompió con todos los conceptos preconcebidos del subgénero.

Se titula Aullidos (The howling), y todavía hoy, en 2005, es la obra magna licantrópica a superar.

 

Man on the moon

Todo empezó con una novela, The Howling, escrita por Gary Brandner y publicada a fines de los ‘70.

En esa misma época, los productores Steve Lane y Jack Conrad vieron el potencial cinematográfico de la historia. Compraron los derechos y acudieron a Abco-Embassy, una productora independiente con bastante reputación en su momento: financió desde El graduado (The graduate, Mike Nichols, 1969) hasta películas de John Carpenter como La niebla (The Fog, 1980) y Fuga de Nueva York (Escape from New York, 1981).

A los ejecutivos les encantó la idea, pero tenía sus propios planes para el proyecto.

Primero que todo, el director contratado fue Joe Dante.

Cinéfilo de siempre, Dante comenzó como redactor en la revista Famous Monsters of Filmland. Luego pasó a integrar las huestes del gran Roger Corman, para quien editó los trailers de sus productos. Y es bajo la tutela de RC que realiza sus dos primeras obras: Hollywood Boulevard (1976) y Pirañas (Piraña, 1978). El inesperado éxito de la segunda le permitió recibir ofertas por parte de otras productoras.

Ahora quedaba sacar una película de libro. La primera versión estuvo a cargo de un tal Terrence H. Winkless, pero fue reescrita por John Sayles, otro ex alumno de Corman —de hecho, venía de trabajar con Dante en Pirañas, y unos de los directores independientes más prestigiosos de la actualidad.

 

Lobo, ¿estás?

La historia empieza cuando la periodista televisiva Karen White (Dee Wallace) ayuda a capturar a Eddie Quist (Robert Picardo), un asesino serial obsesionado con ella.

El trauma de la experiencia, de la que sobrevivió de milagro, le impide continuar normalmente con su vida y con su carrera.

El Dr. Waggner (Patrick McNee, el Sr. Steed de la serie Los Vengadores) la manda a pasar una temporada en La Colonia, un centro de recreación que él mismo dirige, ubicado en las afueras de California. De manera que Karen y Bill, el marido (Christopher Stone) se instalan en el lugar, donde los habitantes viven de la cría del ganado, hacen fogones junto al mar; las mujeres juegan al tenis, los hombres salen a cazar liebres...

Pero, por las noches, suenan unos misteriosos aullidos provenientes del bosque.

Karen no tardar en descubrir el siniestro secreto de La Colonia: los lugareños suelen convertirse en licántropos. Además, Eddie resucitó de la tumba para reunirse con la jauría.

Ahora sólo le quedan dos opciones, unírseles (como Bill) o convertirse en alimento para lobos.

La metamorfosis

Seguramente lo más memorable de la película sean los efectos especiales de maquillaje. De repente, el hombre lobo era más lobo que hombre, con hocico pronunciado, largas orejas y colmillos desproporcionados.

Imagen extraída de Aullidos (1981)Dante buscaba una transformación como no se había visto hasta el momento. Tras la negativa de varios especialistas en el rubro, contrató a Rick Baker, quien estaba apalabrado para trabajar en otra producción del mismo estilo: Un hombre lobo americano en Londres (An american werewolf in London), dirigida por John Landis.

Baker y Landis habían coincidido en una película a principios de los ‘70, y a partir de ahí quedaron en buenos términos. Cuando el director de Colegio de animales (Animal house, 1978) le contó el proyecto acerca de un mochilero estadounidense que, de paseo por Inglaterra, es convertido en lobo, se entusiasmó al punto que dedicó sus ratos libres a planificar al licántropo perfecto. Pero los años pasaban y la película nunca terminaba de concretarse. Baker estaba frustrado. Cuando le ofrecieron Aullidos, decidió no dejar pasar la oportunidad: hizo a un lado el compromiso anterior y se dispuso a aplicar cada una de sus ideas. Una de ellas consistía en el uso de cámaras de aire para crear la ilusión de que cabezas y pechos se hinchan horriblemente.

Pero al poco tiempo, Landis lo llamó para avisarle que Un hombre... volvía a las pistas. No se sabe muy bien qué sucedió en el medio, la cuestión es que Baker se desvinculó de la película de Dante y regresó con su viejo amigo. Eso sí: dejó a cargo de los FX a su asistente Rob Bottin, de apenas veintiún años, futuro gurú de efectos terroríficos.

Pero el mérito de Bottin en Aullidos no fue el que uno piensa. Diseñó y armó un serie de marionetas que terminaron siendo inútiles. De modo que Steve y Jeff Shank, productores de efectos del film, tomaron su lugar y decidieron que lo mejor era fabricar un traje, ¡que terminó vistiendo el mismísimo Jeff!

Imagen extraída de Aullidos (1981)Al mismo tiempo, los productores, bastante preocupados por la imposibilidad de conseguir un buen hombre lobo, acudieron a David Allen, especialista en Stop Motion (animación cuadro a cuadro). Allen realizó una tomas de monstruos de cuerpo entero, que finalmente fueron descartadas en el montaje debido a que no enganchaban con el resto de los efectos (Igual, si se fijan bien, parte de ese trabajo se vislumbra al final de la secuencia de la incineración en masa de las bestias).

La divina alusión

Al igual que Quentin Tarantino, Joe Dante siempre se caracterizó por hacer referencias constantes a otras películas.

El apellido del Dr. Waggner viene del director de El lobo humano. Es más: en determinado momento la pareja amiga de Karen mira dicho film por TV. ¿Y saben el nombre de la chica, interpretada por Belinda Balasky? Terry Fisher, por Terence Fisher, que hizo La maldición del hombre lobo (The curse of the werewolf, 1960).

También incluye cameos y apariciones especiales de figuras importantes del género fantástico:

 

  • Al comienzo de la película, Karen hace un llamado desde una cabina telefónica. Cuando sale, entra nada menos que Roger Corman.

  • El director del noticiero donde trabaja Karen es Kevin McCarthy, protagonista del ultra clásico Los muertos vivientes (Invasion of the body snatchers, Don Siegel, 1957), quien venía de trabajar con Dante en Piraña y lo volvería a hacer en Viaje Insólito (Innerspace, 1987). El nombre del personaje: Fred W. Francis, como Freddie Francis, el director británico de La leyenda del hombre lobo (Legend of the werewolf, 1975).

  • El hombre-bestia más viejo de la Colonia no es otro que John Carradine, actor fetiche de John Ford y veterano de infinidad de clásicos. En la película se llama Erle Kenton, igual que el director que le diera órdenes en La guarida de Frankenstein (House of Frankenstein, Kenton, 1944).

  • El dueño de una tienda de ocultismo está interpretado por Dick Miller, actor fetiche de Corman y de Dante.

  • En una escena de la misma tienda, casi de espaldas a la cámara, se ve a otro ex jefe del director: Forrest J. Akerman, editor de Famous Monsters (¡y con un ejemplar de la revista en mano!).

  • El guionista John Sayles aparece como el encargado de una morgue.

 

London Calling

También en 1981 se estrenó otro hito en el subgénero licantrópico: la ya mencionada Un hombre lobo americano en Londres

Imagen extraída de Un hombre lobo americano en Londres (1981)En la historia, David (David Naughton) y Jack (Griffin Dunne) son dos estadounidenses  de vacaciones en Inglaterra. Cierta noche de luna llena, ambos son atacados por un monstruoso animal surgido de los pantanos. Jack muere despedazado y David sufre grandes heridas antes de ver a un grupo de cazadores abatir al extraño asesino. De ahí en más, David comienza a tener sueños en donde corre desnudo por el bosque y caza ciervos con las manos —una idea que más tarde robó la pretenciosa Lobo (Wolf, Mike Nichols, 1994), con Jack Nicholson haciéndose el trastornado por enésima vez—. Su amigo muerto se le aparece a cada rato, para decirle que se convertirá en un hombre lobo y debe matarse. David no le hace caso y el resto justifica el título del film.

Aullidos y Un hombre lobo... tienen algunos puntos en común: se estrenaron en el mismo año, Rick Baker estuvo involucrado en ambas, representaron innovaciones en el subgénero, y —sobre todo la de Dante— contienen chistes muy logrados que le sientan bien a la narración.

Sin embargo, la diferencia entre las dos es notable (más allá de que una transcurra en California y la otra en la capital inglesa):

 

AULLIDOS

UN HOMBRE LOBO AMERICANO EN LONDRES

La transformación de Eddie sucede en una habitación en penumbras. Por ende, el resultado es más impresionante.

Dante pretendía rodarla en un solo plano. “Pero ahora que vi el morphing en acción, me alegro de no haberlo hecho de esa manera”.

Lugar de conversión de David: una sala bien iluminada (con muñequito de Mickey Mouse y todo).

Rick Baker se siente orgulloso de su labor, ya que tales condiciones lumínicas —más realistas, menos lúgubres— exigieron más de su trabajo.

Todos pensaron igual: el sorprendente maquillaje lo hizo acreedor de su primer premio Oscar al año siguiente.

Los lobunos habitantes de La Colonia pueden cambiar cuando quieren, no importa si es de día o de noche. El Dr. Waggner lo llama “el Don”. 

El protagonista sólo cambia cuando sale la luna llena, y en contra de su voluntad.

Los monstruos son concientes todo el tiempo de su condición.

Una vez convertido, David es una fiera incontrolable, sin conciencia, que destruye a quien se le cruce en el camino.

Las bestias son asesinadas con balas de plata y con fuego. 

La bestia muere a manos de SWAT (que no usa balas de plata).

Costó 1 millón de dólares.

Costó 10 millones de dólares.

Generó una larga lista de secuelas, una más absurda que la otra.

Generó una remake-secuela, Un hombre lobo americano en París (An american Werewolf in Paris, Anthony Waller, 1997), con Julie Delpy y criaturas computarizadas nada creíbles.

 

De toda maneras, las dos son clásicos por igual.

 

Hijos de la noche

La irrupción de los hombres lobos en el cine se produce mediante un cortometraje de 1913, The werewolf, dirigido por Henry McRae. Según las fuentes, cuenta la historia de una india de la tribu Navajo devenida en bruja cuando asesinan a su esposo. De paso, transmite su odio hacia el hombre blanco a su hija, quien muta en el ser del título.

El primer largometraje sobre el tema llegó en el período sonoro: El lobo humano (Werewolf in London, Stuart Walker, 1935), que no llegó a pegar fuerte.

A continuación, una pequeña e incompleta lista de hits lobunos a tener en cuenta:

Sin duda, la película seminal fue El lobo humano.

En un viaje a Gales, Larry Talbot (Lon Chaney Jr.) es atacado por un extraño ser peludo, que es abatido al instante. Pero logró pasarle la horrible maldición.

El maquillaje del experimentado Jack Pierce sentó el precedente para los maquillajes venideros. Vale recordar que Pierce venía de realizar la misma labor con Bela Lugosi en Drácula (Todd Browning, 1931) y con Boris Karloff en Frankenstein (James Whale, 1932).

De hecho, Lugosi aparece en El lobo humano como un gitano víctima del engendro.

Lon Chaney Jr., encasillado en el género, repitió papeles lobunos en varios subproductos de la Universal: Frankenstein contra el hombre lobo (Frankenstein metes the wolf man, Erle C. Kenton, 1943), La guarida de Frankenstein, La mansión de Drácula (House of Dracula, Kenton, 1945) y hasta Abbot y Costello contra Frankenstein (Abbot y Costello meet Frankenstein, Charles T. Barton, 1948).

 

La maldición del hombre lobo (The curse of the werewolf, Terence Fisher, 1960)

Para fines de los ’50, la productora inglesa Hammer Films y el director Terence Fisher eran sinónimo de éxito. Eran los culpables de darle al mundo los más revolucionarios exponentes del terror gótico, y a todo color, gracias a La maldición de Frankenstein (Curse of Frankenstein, 1957) y Drácula (Horror of Dracula, 1958), protagonizadas por Christopher Lee y Peter Cushing.

El proyecto licantrópico prometía.

Y cumplió: junto con Aullidos, es la obra maestra del cine de hombres lobos. Un film que sigue siendo original hasta estos días, y el primer exponente del subgénero rodado en colores.

Luego de ser violada por un mendigo en estado salvaje, una jovencita muda engendra a León. A la edad adulta, el vástago —interpretado magistralmente por Oliver Reed—muta en una bestia sanguinaria. Sólo el amor de su padre adoptivo y de su novia pueden contener al demonio interior.

Según Fisher, “la razón principal por la que siento un aprecio especial por La maldición del hombre lobo es que la considero fundamentalmente una historia de amor trágico, y no una película de terror”.

 

La marca del hombre lobo (Enrique López Eguliz, 1967)

España tiene su licántropo. Se llama Jacinto Molina, mejor conocido como Paul Nashy, figura de culto si las hay.

Filmada en co-producción con Alemania, La marca... cuenta la historia de Waldemar Danisky (Naschy), quien combate a un hombre lobo revivido por gitanos. Pero, como diría Nieztche, “Cuidado con los monstruos que matás, porque podés convertirte en uno de ellos”.

Nashy siguió encarnando al personaje en infinidad de películas —se destaca La noche de Walpurgis (León Klimovsky, 1970) —, y fue el propulsor de la época dorada del cine de terror español.

 

Nazareno Cruz y el lobo (Leonardo Fabio, 1975)

Si casi todo el mundo tenía su hombre lobo, Argentina no iba a quedarse atrás.

Dirigida por el enorme Leonardo Fabio, la película mostraba a Juan José Camero transformándose en el Lobizón durante las noches de luna llena.

Lo más curioso: no es un film de terror sino una fábula, un cuento de hadas bien criollo. De esta manera aparecen la bruja Lechinguana y el mismísimo Diablo, interpretado por Alfredo Alcón.

El resultado es muy atractivo y sorprendente, y algo muy distinto a lo que se piensa de una película de este estilo.

 

En compañía de lobos (The Company of Wolves, Neil Jordan, 1985)

Al igual que Leonardo Fabio, el talentoso Neil Jordan —junto a Angela Carter— eligió darle al tema un enfoque de cuento de hadas, en donde el mito del hombre lobo se combina con la historia de Caperucita Roja.

Si bien la criatura transformada es un lobo común y corriente, el atractivo está en el proceso de cambio. La bestia surge desde dentro del hombre; una imagen clásica de la película muestra un hocico saliendo por una boca humana.

El encargado de los FX, Christopher Tuker, quien trabajara de lo mismo en El hombre elefante (The elephant man, David Lynch, 1980), sostiene que las limitaciones presupuestarias —así como la intención del director de lograr un film más cercano a la fantasía que al horror puro— impidieron un mayor despliegue de efectos.

De todas maneras, En compañía... es un trabajo muy logrado, con escenas impactantes y una cuidada dirección de arte.

 

Ginger Snaps: la posesión (Ginger Snaps, John Fawcet, 2000)

Esta producción canadiense cuenta la historia de dos jóvenes hermanas. La relación entre ambas se vuelve más estrecha cuando la mayor es atacada por un licántropo y pasa a convertirse en una mujer lobo. Según el director, “una mezcla de La mosca (The fly, David Cronemberg, 1986) con Criaturas Celestiales (Heavenly creatures, Peter Jackson, 1994)”.

La película dio pie a una secuela, Aullidos de terror (Ginger Snaps 2: Unleashed, Brett Sullivan, 2004), y una precuela, Ginger Snaps Back (Grant Harvey, 2004).

 

 

Recientemente se estrenó en cines La marca de la bestia (Cursed, 2005). Era obvio que Wes Craven —creador de Freddy Krueger— iba a terminar realizando una película de hombre lobos. En gran parte de su irregular filmografía hay una constante exploración del costado más animal y primitivo del humano civilizado. Fíjense si no en Paranoia- la última casa a la izquierda (Last House on the left, 1972) y La colina de los ojos malditos (The hills have eyes, 1977).

La historia, escrita por Kevin Williamson (responsable de la trilogía Scream, también dirigida por Craven) muestra a dos hermanos atacados por ya-saben-qué. Obviamente, sus vidas dan un giro de 180 grados en el sentido más lobuno de la expresión.

La marca... parecía una oportunidad soñada.

Parecía: una interminable lista de problemas —presión de la compañía productora, cambios en el guión y en el elenco, la renuncia de Rick Baker a hacerse cargo de los FX, un presupuesto que arrancó en 35 millones y se pasó a 80— la convirtieron en un fracaso comercial y artístico.

También pudimos ver licántropos en recientes proyectos de Hollywood como Inframundo (Underworld, Leo Wisseman, 2003), y su inminente secuela, y Van Helsing (Stephen Sommers, 2004).

Sin embargo, la nueva gran película de hombres lobos sigue siendo una cuenta pendiente.

 

 

    © Matías Orta

 

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