El arte primitivo: ¿utilitario versus estético?
Romper con Occidente
Reportaje a Graciela Dragosky
¿Existió
en la historia del hombre un pasaje de lo utilitario a lo estético
en cuanto a los objetos de uso diario?
En esa formulación
que hacés pareciera que hay una etapa utilitaria, y otra donde
el hombre ingresa en el campo de la estética. Esto nos viene
bien para discutir algunos problemas desde el principio. El límite
entre lo utilitario y lo estético es una construcción
teórica que instaló la cultura occidental. Tal vez debiéramos
remontarnos al siglo XVIII en Alemania, cuando Kant establece sus
categorías estéticas y reflexiona sobre la estética
como disciplina filosófica. Esta estetización de los
objetos es una reflexión teórica acerca de un objeto
que comienza con los griegos, quienes plantearon sobre lo artístico
ciertas categorías que se arrogaron el derecho de ser universales.
Y desde estos lugares occidentales se juzgaba la calidad de los objetos
de otras culturas.
¿Ese
evaluar objetos de otras culturas según parámetros de
la propia también se produce hacia el pasado?
Podemos decir que es un proceso que, a partir de la creación
en un momento y lugar dados de estas categorías estéticas,
las va a usar como marco teórico para el juzgamiento de otras
culturas. Esto termina de redondearse en pleno iluminismo, cuando
se reflexiona sobre belleza, fealdad y demás categorías.
Y claro, con ese aparato se juzga también hacia atrás.
Y se buscan estas necesidades de belleza como universales.
¿Esta
“necesidad de belleza” se atribuye a un estadio avanzado del hombre?
Claro, el iluminismo plantea un proceso progresivo que lleva a un
estadio superior de racionalidad. Se parte de un hombre supuestamente
natural, tribal, arcaico, que vivía pegado a la naturaleza,
cuasi animal, y culmina con el hombre racional, capaz de crear productos
tan “excelsos” como el arte. A partir de su instalación en
una cultura determinada, el hombre crea construcciones para juzgarse
a sí mismo y jerarquizar unos productos en detrimento de otros.
Lo más jerarquizado era el producto estético. ¿Cómo
era este producto? Aquel autónomo, independiente de toda función
práctica. Es decir, lo útil estaba denigrado frente
al objeto cuya motivación exclusiva era producir belleza pura.
Se
usa un aparato teórico para clasificar lo que es estético
y lo que es utilitario.
Hubo hasta quienes plantearon que la capacidad de crear arte era un
don que provenía de Dios, no de los hombres. Entonces, ahí
ya hay una división elitista, entre aquellos hombres capaces
de crear arte o gustar del arte, y aquellos que no son capaces. El
redondeo de esta visión esteticista del arte por el arte mismo,
se termina de configurar hacia fines del siglo XVIII, con la creación
de una institución específica que va a tener como única
finalidad exhibir esta producción artística: el museo.
Con
el derecho de decidir qué es lo que se exhibe como arte.
Exacto. Y por entonces es cuando la visión esteticista, que
se sigue sosteniendo en los libros oficiales de Historia del Arte,
no puede evitar la discusión sobre si un arte creado para un
fin práctico es menos arte que el realizado para ser exhibido.
Este conflicto se prolonga hasta hoy. Tal vez hay una mayor flexibilidad
con objetos como armas samurais; pero en estos casos, al provenir
de una cultura exótica y lejana, producen menos conflicto que
las piezas con función práctica, como sería una
cerámica precolombina de nuestro noroeste argentino. Así,
las categorías occidentales elitistas y esteticistas dejan
afuera una importantísima producción del quehacer humano.

Cultura Condorhuasi - Vaso
cerámico |

Cerámica de la cultura
Aguada |

Cultura Condorhuasi:
Figura antropozoomorfa |
¿Hacia
qué año ubica esta concepción la aparición
del arte, gracias a ese hombre supuestamente más avanzado?
Por lo general se menciona a las cuevas de Altamira, pintadas hace
30 mil años.
Quiero hacer una aclaración: la gente de la zona convivía
con esas cuevas y sabía que eran antiquísimas. El tema
es cuándo lo registran los teóricos del arte, los historiadores,
que pese a tener esas piezas no reconocían su valor o les suponían
una antigüedad reciente. El esquema iluminista positivista que
tenían integrado no les permitía ver que su hombre natural,
tribal, apegado a la naturaleza, era capaz de producir esas pinturas.
Cuando Santuela descubrió esas cuevas y planteó su antigüedad
hubo un escandalete en Santander, porque era inimaginable que imágenes
tan bien resueltas plásticamente pertenecieran a esos hombres
cuasi animales. Hasta principios del siglo XX nadie aceptaba su antigüedad.
Entonces, como no eran tan antiguos, podían ser valorados.
Hay un libro clásico para sociología del arte, de Hausser,
Historia del Arte y la Literatura, en el que se plantea una serie
de teorías sobre el arte rupestre, una de las cuales es que
estos hombres antiguos también tenían necesidad de belleza…
Escuchá bien: también tenían necesidad
de belleza.
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Cuevas de Altamira.
30 mil años de antigüedad. |
Pese
a ser tan primitivos…
Entonces, esa necesidad de belleza los llevaba imperiosamente a “decorar”
su hábitat. Incurriendo en un error científico: el de
suponer que los hombres vivían en las profundidades de cuevas
como las de Altamira, donde hay pinturas a 400 metros de profundidad.
Entre otras cosas, el hombre no podía habitar en esos lugares,
porque eran usados por los osos. Si bien eso se sabía científicamente,
los teóricos del arte llevaron a su extremo esta teoría
esteticista para decir que esos hombres también necesitaban
belleza. Y plantearon que esos lugares eran habitacionales, y que
así como el burgués necesita colgar cuadros en sus habitaciones,
este hombre necesitó pintar.
Es
una teoría muy funcional, que pone a la burguesía como
punto de llegada de la evolución natural.
Pero esto aún se daba en teóricos que se instalan en
una problemática no occidental, como Justino Fernández,
el creador de lo que podríamos llamar Estética Precolombina,
uno de los científicos más importantes en reflexionar
sobre lo precolombino. Él concluye su Estudio de la Coatlicue,
la gran madre de los Aztecas, cuya cabeza eran dos serpientes enfrentadas,
que tenía un collar con corazones y manos vistas de frente,
con brazos que terminaban en cabezas de serpiente, con una pollera
hecha de serpientes, y cuando termina su análisis, luego de
desarrollar todo un marco teórico para analizar el mito y la
simbología que tenía cada mitema de la obra, él
termina diciendo: “pero a pesar de todo esto, ¿no es cierto
que la Coatlicue es bella?”. Estamos en la década del
60, donde aquellos que trataban de estudiar lo americano usaban la
categoría de lo monstruoso, y bueno, Justino Fernandez, el
padre de la estética de lo precolombino, termina diciendo “¿no
cierto que la Coatlicue es bella?” ¡De ella podés
decir cualquier cosa, pero no que es bella!
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Coatlicue en piedra,
de 1487 – 1520.
Tres metros y medio de alto. |
No
pudo sustraerse de la mirada occidental.
Los aztecas no tenían por objeto encontrar la belleza, es una
categoría que no tiene nada que ver con su arte. Esto no quiere
decir que desde nuestra perspectiva encontremos belleza en el arte
precolombino, o en el africano, pero para que a un teórico
como Justino se le filtren conceptos así, es porque son ideas
grabadas a fuego.
¿Si la utilidad de estas pinturas rupestres no era
exhibir belleza, qué finalidad tenían?
Las teorías según las cuales el hombre hermoseaba sus
cuevas para poder vivir rodeado de belleza se caen por el hecho de
que el arte rupestre se realiza en lugares específicos, una
bóveda, un nicho, una pared, y en el resto de la cueva no hay
absolutamente nada. Y en esa pared aparecen superposiciones de imágenes,
pintadas una encima de la otra. Es como si en mi casa yo pusiera un
cuadro encima de otro, en una sola pared. La pregunta es por qué.
Puede ser porque se haya elegido esa pintura a lo largo de muchos
siglos, o que esa pared se elija por un mismo grupo reiteradas veces.
Determinados lugares son privilegiados frente a otros, tienen una
significación especial. Y esto pasa en cualquier época
y lugar: fijate que las iglesias también tienen sus espacios
especiales, cargados de significación. Valoraban mucho esas
paredes.
Esto nos mete en el ámbito de la funcionalidad, y aquí
cuesta desprenderse de la concepción esteticista. Cuando el
arte, inclusive occidental, tiene que cumplir una función religiosa,
política o mágica, determinados lugares e imágenes
son priorizados frente a otros. En el arte occidental, cuando se representan
las divinidades clásicas, se prioriza la bella forma, la relación
armónica. La consecución de la obra está sostenida
por determinados cánones, según los cuales una bella
forma representa una obra de arte. Ahí se filtra la noción
de belleza. En otras culturas es frecuente encontrar lo que para occidente
es una “bella forma”, pero son objetos producidos para cumplir una
función práctica. Si nos retrotraemos al período
inicial de las pinturas rupestres, yo agregaría la cueva de
las manos en Santa Cruz, aparecen representados animales, pero no
cualquiera, sino los relacionados con la cacería. Muchos guanacos
en la cueva de Las Manos en Santa Cruz, que datan de diez mil años,
o bisontes en el área franco cantábrica española;
el hombre selecciona, y no de acuerdo a un criterio estético,
sino práctico. Plasma las imágenes del animal que tiene
un origen totémico y representa el antepasado mítico
y que por eso fue fuente de alimentación. Estos grupos cazadores
superiores, tenían una convivencia armónica con ese
animal, al que respetaban. El animal que se cazaba era el animal que
se pintaba, y no otro. Esto implica que esas representaciones tienen
que ver con un acto ritual. Se puede discutir quién pintaba,
si un shaman, si grupos de pintores, pero lo que queda descartado
por completo es que esas pinturas tenían fines estéticos.
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Cueva de las Manos,
en Santa Cruz,
de hace diez mil años. |
¿Qué
hay con respecto a la técnica que empleaban?
La funcionalidad no invalida la calidad de la expresión… yo
te diría que para lograr el movimiento y la síntesis
de las líneas de la panza y el lomo de los bisontes, occidente
tuvo que esperar hasta el siglo XIX, observando la pintura oriental
durante el impresionismo. Recién entonces logró esos
trazos enérgicos, expresivos, que había logrado el hombre
de Altamira, entre 15 mil y 30 mil años atrás. Uno puede
hablar de la estética de esas imágenes, pero tiene que
tener en cuenta que la función era otra; seguramente el mejor
conformado tenía mayor eficacia.
¿Hay
expresiones artísticas anteriores al homo sapiens o se trata
de una capacidad que nace con nuestra especie?
Del hombre de Neandertal se han encontrado flautas de 35 mil años
atrás, incluso hay pinturas que se supone fueron del neandertal,
relacionadas a sus enterratorios, incluso hay ciclos donde conviven
los neandertals y los sapiens. También tendríamos que
aplicar a los instrumentos la noción de la estética
occidental. Por ejemplo, el solutrense (período del paleolítico
superior, del cual datan algunas de las pinturas de las cuevas de
Altamira) tiene una variabilidad de puntas de formas complejas, elaboradas,
asimétricas, que podríamos plantear como estéticas.
Si no supiésemos que cumplían una función práctica,
podríamos plantearlos desde la concepción occidental
como verdaderas obras de arte.
¿Cómo
afectan la noción de lo utilitario las vanguardias del siglo
XX?
A partir de estos nuevos planteos, como el quiebre que produce Duchamps
con los objetos inútiles, el body art, o colorear el agua de
un río, como hizo García Uriburu, lo efímero,
característico de buena parte de la producción estética
del arte no occidental, como tatuajes, etcétera, todas estas
categorías con la posmodernidad, se están reviendo,
la posmodernidad propone una permisibilidad, donde el límite
entre lo estético y lo utilitario es poroso.
Depende
de en qué piso teórico me pare.
El nivel interpretativo es completamente cultural, para el chiriguano
que la usaba, esa máscara era el añá añá,
el muerto querido a quien él encarna cuando se la pone. Para
nosotros puede ser un objeto utilitario o un objeto estético.
Ahí entramos en el nivel interpretativo.
¿En
el hombre de Neandertal ya había capacidad de abstracción?
Pero claro, desde que el hombre hace su primer instrumento, está
esa capacidad. Hace dos millones de años, el Australopithecus
en Olduvai, cuando tomaba una piedra y se daba cuenta de que al golpearla
ejercía una acción que modificaba la naturaleza, ya
ahí había una capacidad de abstracción.
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Piedras trabajadas
por el hombre
de Neandertal |
¿Qué
nos dice de nosotros el estudio del arte en las diferentes culturas?
Que es inimaginable un hombre sin producción estética.
No en cuanto a categoría, sino en cuanto a crear un objeto
para una función práctica, pero con una forma determinada.
Que es funcional para una actividad, pero que además tiene
peso estético. Además de la función práctica,
el hombre siempre logra la buena forma, pero esta es cultural. Para
un africano la buena forma era una cabeza grande, ovalada. En las
culturas no occidentales, a diferencia de occidente, no se puede escindir
el contenido formal del simbólico. Esto tiene que ver con la
concepción imperialista de la cultura occidental, mirá
lo que hace Estados Unidos en Irak, siempre con aun discurso que legitima:
llevar la democracia, la paz, etcétera. Pero, al mismo tiempo,
Occidente tiene la capacidad de apropiarse y reelaborar culturas.
Y lo que se pierde en esto es la contextualización cultural.
Así, las máscaras pasan de ser la encarnación
del muerto querido a ser un objeto estético. Podemos escribir
libros y clasificarlas, yo lo he hecho porque formo parte de esta
cultura, pero para el chiriguano tiene otro sentido. Al ingresar al
museo le cercenamos a esa máscara los contenidos simbólicos.
DESTACADOS:
“El límite entre lo utilitario y lo estético es
una construcción teórica que instaló la cultura
occidental”.
“Las
categorías occidentales elitistas y esteticistas dejan afuera
una importantísima producción del quehacer humano”.
“Los
aztecas no tenían por objeto encontrar la belleza, es una categoría
que no tiene nada que ver con su arte”.
“Recién
con el Impresionismo logramos esos trazos enérgicos, expresivos,
que había conseguido el hombre de Altamira, entre 15 mil y
30 mil años atrás”.
Mariano
Cáceres
mcaceres@apfsuma.com
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