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American Psycho:
Henry y otros asesinos
de la pantalla
grande |
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Henry Lee Lucas es la clase de sujeto con el que no te
gustaría toparte en un callejón oscuro. Hombres, mujeres, ancianos,
todo le viene bien. Cuchillo, pistola, el arma poco importa. “Usá
un arma distinta cada vez, así no te atraparán”, le aconsejaba
a Otis Toole, su cómplice habitual. Ojo, eso no le impide encariñarse
con Becky, la hermana de Otis, quien no parece del todo conforme
con la relación.
No se trata solamente del argumento de Henry, retrato de un asesino
(Henry, portrait of a serial killer, 1990), sino de un hecho verídico.
Sí, este señor tan dulce fue un ser de carne y hueso, que hizo
de las suyas entre 1975 y 1982, siempre en el Gran País del Norte.
Cuando por fin lo capturaron, admitió haber asesinado a trescientas
personas, cifra que jamás llegó a confirmarse. Hasta hay quienes
piensan que casi todos los crímenes existieron nada más que en
su mente.
Filmada en 16mm, con sólo doscientos dólares y sin estrellas en
el reparto, Henry... tuvo serios problemas para estrenarse, principalmente
debido a su clasificación X (Apta para mayores de 18 años, como
una porno). Y, no es una película destinada al público infantil.
Más bien todo lo contrario. De manera que recién pudo verse en
1990, convirtiéndose en uno de los denominados films de culto.
El éxito siguió en el Festival Internacional de Cine Fantástico
de Sitges, donde ganó por mejor película, mejor director, y el
premio de la crítica.
Uno de los puntos más fuertes consiste en que no se trata de la
típica fórmula de policía-atrapa-asesino, tan común en el cine
más comercial. Nada de persecuciones, nada de heroísmo, nada de
finales felices. Como dice el título, es un retrato crudo, seco,
honesto, complicado de digerir, sobre alguien que mata y mata
en ciudades roñosas y decadentes. Punto.
La actuación de Michael Rooker como el psycho killer es perturbadora.
Incluso detrás de cámara. Según el director John McNaughton: “Michael
es un tipo genial, realmente dulce. Pero cuando estábamos haciendo
la escena final de la película nos tuvimos que alejar de él. Totalmente.
Se había metido absolutamente en el personaje, no había nada de
falso”.
Y hablando de McNaughton, el hombre inició una interesante carrera
en Hollywood. Les dio órdenes a Robert de Niro, Bill Murray y
Uma Thurman en Una mujer para dos (Mad Dog and Gloria, 1992),
producida por Martin Scorsese y escrita por Richard Price. También
dirigió el thriller Criaturas Salvajes (Wild Things, 1998), muy
recordada por las escenas lésbicas entre Neve Campbell y Dense
Richards.
Henry... tuvo una secuela, titulada muy originalmente como Henry,
portrait of a serial killer 2, que se puede conseguir en locales
especializados. Eso si pretenden buscarla: quienes la vieron prefieren
no hablar de ella.
Una curiosidad: el Henry de la vida real recibió pena de
muerte por uno de sus crímenes, pero fue indultado en 1998
por el entonces Gobernador de Texas... ¡George W. Bush!
Ahora queda todo más claro, ¿no?
Nacidos para matar
Los asesinos seriales, esos seres generalmente perturbados por
traumas de la niñez o lo que fuera, que provocan en el público
asco y atracción al mismo tiempo, nunca dejaron de inspirar al
séptimo arte. Algunos, incluso, se convirtieron en personajes
de la cultura popular.
Si bien sé que la mayoría de los films que se mencionarán son
dignos de un informe propio, no será más que un breve repaso.
Uno de los antecedentes más importantes del tema es M, el vampiro
(M, 1931), de Fritz Lang. La historia narraba los crímenes de
un señor (Peter Lorre) que mataba niños. Por más macabro que suene,
dicho personaje existió: Peter Kürten, mejor conocido como el
vampiro de Dusseldorf, que, a comienzos del siglo XX, aterró a
los habitantes de esa ciudad alemana. Para los amantes de las
coincidencias: el film se estrenó al mismo tiempo que
ejecutaban a Kürten.
Pero el furor por los serial killers comenzó en 1960, con el estreno
de Psicosis (Psycho), aquella obra maestra de Alfred Hitchcock.
Norman Bates (Anthony Perkins), el muchachito que mataba vestido
de mujer, estaba basado en el caso de Ed Gein, un lugareño de
Wisconsin obsesionado por su madre muerta y fanático de despellejar
mujeres.
Gein también fue la musa para más grandes obras: El loco de la
motosierra (Chainsaw Texas Massacre, Tobe Hooper, 1974), y el
asesino Búfalo Bill de El silencio de los inocentes (The silence
of the lambs, Jonathan Demme, 1991).
Y hablando de esta película, imposible olvidarnos de Hannibal
Lecter. Resulta difícil emparentarlo con algún asesino verdadero.
Thomas Harris, autor de los libros del caníbal más famoso, dice
que investigó los archivos de FBI, por lo que el resultado puede
ser un mix de muchos criminales.
Por su parte, Albert De Salvo tuvo su traspaso a la pantalla grande
con El estrangulador de Boston (The Boston strangler, Richard
Fleischer, 1968), tal era el apodo con el que se lo conocía. El
protagónico estuvo a cargo de Tony Curtis, que, curiosamente,
fue marido de Janet Leigh, la misma que moría asesinada
en la famosa escena de la ducha en Psicosis.
En 1999, el director Spike Lee estrenó Sommer of Sam (que en nuestro
país algún retardado tituló S.O.S, verano infernal), relacionada
con la figura de David Berkowitz, o El hijo de Sam, que asesinó
a siete mujeres con una 44 durante el año 1977. La película no
se centra demasiado en él, sino en el clima de tensión que se
respiraba en ese momento en Nueva York (coto de caza del killer),
el verano más caluroso en La Ciudad que Nunca Duerme. Además,
es probablemente la obra maestra del responsable de Haz lo correcto
(Do the right thing, 1989).
El asesino del thriller convencional Copycat, el imitador (Copycat,
John Amiel, 1995), directamente repetía el modus operandi de los
más célebres, como los ya mencionados Berkowits y De Salvo, y
Jeffrey Damher, el carnicero de Milwaukee, que devoraba partes
de sus víctimas (jóvenes que conocía en boliches gay).
No nos olvidemos de las miles de versiones cinematográficas de
Jack, el destripador. Pero eso será motivo de un futuro informe.
©
Matías
Orta |