No era más que un plan para las vacaciones...
Llega el verano y a los axolotes nos da por burlarnos de la absurda convención de los calendarios. Preferimos migrar, como las oscuras golondrinas, en busca de navidades blancas o caribeñas, montañas o ríos, islas a mediodía y nevadas, el encanto del son.
Ilusionados, recorremos con el dedo la circunferencia plana del mapamundi, tarareamos la tonada de Indiana Jones y dibujamos líneas imaginarias que cruzan océanos como para dar la vuelta el mundo en ochenta días. Parece que apenas ayer contemplábamos la maravilla del cerezo en flor desde nuestro Especial Oriental, y ahora, preparando nuevamente las valijas, nos apuramos a despedir el 2008 y sus cuentas pendientes.
El 2009, vaticinan los astrólogos que consultamos en negros callejones, es el año del Axolotl. A nosotros nos parece que el dibujo de su signo es idéntico al pescadito de Piscis, pero ellos insisten y nos dan pruebas: dicen que este año Revista Axolotl cumple cinco años, una cifra venturosa que nos ilumina desde Oriente. Es un año especial, sentencian, hace veinticinco que Julio Cortázar no va de visita por el Jardin des Plantes, las sospechas recaen -cuando no- sobre los axolotes.
Este número, según de qué lado de la pecera se lo mire, podrá parecer una despedida o una bienvenida. En cualquier caso, al final de este párrafo el saludo será el mismo de siempre.
Axolotes, nos vemos a la vuelta.
desde la redacción
Buenos Aires, febrero de 2009