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Desde el
principio de los tiempos el hombre fue dotado de cinco sentidos para captar
su realidad, ser testigo único de los sinsabores y los gozos. Pero pronto
desarrolló un sexto, uno necesario ya no para vivir la realidad, sino para
soportarla: el sentido el humor. No es necesario
viajar al pasado para comprobarlo. Sin ir más lejos de la sección de
narrativa podemos oír, de boca de un genuino Neanderthal, una sentencia
antedewildeana: “Y, ciertamente, así como a unos les toca ser gordos o bajos
o poco brillantes, a alguien debía tocarle ser un eslabón evolutivo.” Pero claro,
luego de la risa nos acosará la culpa. Por un momento deberíamos detenernos a
pensar que los personajes de humor no la pasan bien. ¿Qué clase de seres
somos que nos reímos de tal desgracia ajena? Y es que
somos seres distintos de los demás sobre la Tierra. Somos concientes de
nuestra propia existencia y el único remedio es reírnos ante tamaña fatalidad
cósmica. No sabemos de qué rió el primer hombre, pero sabemos con certeza que
fue un acto liberador. Más tarde,
y a pesar de la civilización, la realidad siguió ensañándose con el hombre y
también se fue refinando más y más su sentido del humor. Ya no bastaba con
reírse, había que hacer reír a los demás. Tal vez recién inventado el fuego
alguien descubrió que sustituyendo una palabra por otra se lograba el absurdo
más jocoso. Luego del
don de la palabra llegó seguramente la trova picaresca. Tras siglos de
paciente cristalización un ignoto Beaumarchais acabó, no sin antes reír de
sus propias desgracias, riéndose de los enredos de Fígaro, su personaje más
famoso —de la mano de músicos mucho más serios. Y después
de la ópera llegó el rock. Y un Rolling Stone
estuvo a punto de actuar
en una película musical homenaje a las Clase B (esas donde la sustitución horrorosa
termina aterrándonos de risa). El efecto de una película así puede
derramarse en el público, como poseídos todos y bailando, al ritmo de un
sentido del humor fuera de sus cabales. Quién sabe
a dónde nos llevará el humor, qué formas tomará para no repetirse. Lo que no
puede dudarse es que existirá, que no se pierde, sólo se transforma. Es
nuestro placebo más deseado y nuestra máscara más noble. ¿Quién otro que el
bufón puede confesar a viva voz que el rey va desnudo? Pase lo que
pase es importante no embotar nuestro sentido del humor. Si, todo nos sale
torvamente al revés, como en un cuento de Saki, que siempre podamos decir: “La
historia empezó mal pero ha tenido un final bonito”.
desde la redacción |
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