De cómo Bradbury también escribió

 

poemas terrestres

 

 

“Tenemos las artes, así que no nos matará la Verdad” es el título de uno de los poemas de Ray Bradbury que encontré en un libro de la colección Desde la gente, de Ediciones Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, 2000.

La mortal verdad que debemos aceptar es, según reza el poema:

 

Y siendo así las cosas

necesitamos que las Artes nos enseñen a respirar,

que nos hagan circular la sangre, aceptar la vecindad del Demonio

y la vejez y la oscuridad y los autos que nos atropellan,

que nos enseñen a payasear con la Calavera puesta

o con el cráneo que lleva el gorro de Bufón

y tintinea echando herrumbre de sangre y traquetea soltando quejidos

para sacudir y acomodar huesos en los desvanes tarde por la  noche.

Todo eso, eso, eso, todo eso… ¡es demasiado!

¡Parte el corazón!

¿Entonces? Busca el Arte.

 

Así podremos sobrevivir a las preocupaciones terrestres, nos propone el autor de Crónicas Marcianas.

Estos poemas terrícolas nos muestran un Bradbury diferente del prosista que nos tiene acostumbrados a mundos alejados en el tiempo o situados en otro planeta. Sin embargo, más allá de las diferencias, sus personajes, aun los extraterrestres, padecen y gozan como un humano, igual que nosotros. Quizá lo más humano de ellos sea la poesía: la sensibilidad y la capacidad de comunicación a través del arte.

La telepatía que en Crónicas marcianas  es medio de entendimiento entre humanos y marcianos, a la vez que un arma de colonización, está profundamente empapada de lirismo. Por eso no nos sorprende la inclusión de poemas y canciones en la novela, entre ellos los versos de Lord Byron, Wyoming y Sara Teadsdale.

En su obra poética, Ray Bradbury parece despojar su voz del ropaje de ciencia ficción. Nos ofrece versos  anclados en nuestro mundo, en un estilo realista con el que nos identificamos, como aquel que habla del hombre que llora bajo la ducha, "¿Por qué nadie me dijo que se podía llorar en la ducha?".

 

¿Por qué nadie me dijo que se podía llorar en la ducha?

Qué buen sitio para llorar,

qué sitio singular para abandonarse

y saber que  nadie oye…

 

Nos encontramos con una atmósfera intimista, de hombre que es padre, ciudadano y que contiene un gran potencial creativo, sujeto a la vida ordinaria. Estos poemas nos abren un acceso al interior de los personajes de Bradbury y redimensionan su obra en prosa, la iluminan. Sus textos, de belleza independiente, nos fascinan con la coherente combinación de sus tonalidades. Sus poemas, coloquiales e intensos, una vez comenzada la lectura nos atrapan hasta el final. Es que contienen los universos que somos capaces de conquistar y los que pueden seducirnos. Parafraseando al autor, podemos decir: tenemos los poemas de Bradbury, así que no nos matará la verdad.

 

© Andrea Geslin

 

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