El corazón de Alfonsina
El mundo gira y en sus vueltas quedan amores, soledades, vidas. “El mundo gira alrededor de un punto muerto: mi corazón”.
Uno puede escuchar muchas historias pero existen algunas que yo no me permito; desde pequeña rompía en llanto ante la idea de perderme en algún lugar ajeno y descolorido, me basta con pensar en Hansel y Gretel para recuperar un dolor profundo. Por eso me sorprendo, ahora, que se me ocurrió rescatar este poema de Alfonsina Storni. Imagino a una niña rubia y delgada, con el cabello a la altura de la cola, que me implora que no continúe, que cambie de tema. Pero no le haré caso esta vez, porque se trata de un gran poema:
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Momento*
Una ciudad hecha de huesos grises se abandona a mis pies.
Como tajos negros, las calles, separan el osario, lo cuadriculan, lo ordenan, lo levantan.
En la ciudad, erizada de dos millones de hombres no tengo un ser amado…
El cielo, más gris aún que la ciudad, desciende sobre mí, se apodera de mi vida, traba mis arterias, apaga mi voz…
Como un torbellino, no obstante, al que no puedo substraerme, el mundo gira alrededor de un punto muerto: mi corazón. |
Ahora me imagino en medio de esa ciudad macilenta; la niña rubia y delgada me acompaña de la mano, es inevitable que me siga. Recorremos las calles que se abandonan a nuestros pies: ese orden gélido como un esqueleto, rigurosamente viviseccionado por el filo del asfalto. Es una geografía de ciudad pero por sobre todo es una atmósfera interna. Así es la poesía de Alfonsina Storni: un viaje por el mundo de los sentimientos, todo gira alrededor del corazón. No se trata del desamor ni de la enfermedad. Es la conciencia dolorosa, es la evocación de un proceso angustiante justo mientras sucede, un “momento”.
Al llegar a un cruce, me pongo en cuclillas, acaricio el pelo de la niña: no le gusta nuestra caminata:
–Cada paso que doy me duele más –se queja. Nadie nos mira.
–Porque es una ciudad erizada, para vos, que sos niña; de espinas para mí, que no encuentro sitio. Pero no llores, Andrea. Enseguida regresaremos –le digo–. Además, este es un mundo de ficción.
La criatura abre un poco más sus ojos, creo que entendió el juego. La felicito:
–¡Bien! –le digo–. Contale a esta Buenos Aires de poesía tus decepciones, como hace Alfonsina en su obra; al despertar de la lectura estaremos en casa.
Sé que renovaremos la experiencia una y otra vez. La ciudad de Alfonsina se conserva intacta entre sus versos, ojalá puedan disfrutarlos.
*Este poema pertenece a Siete pozos, 1934. A. Storni, Poesía selecta, España. Colección Fontana. 1995.
© Andrea Geslin