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Juan Ramón Jiménez: el paisajista del alma Hace dos semanas recordé los poemas de Juan Ramón Jiménez, los trajo a mi memoria el diluvio que cayó sobre José León Suárez, donde vivo. El día anterior había arreglado la persiana de mi habitación. Así que esa mañana desperté deseosa de estrenar mi ventana con vista al jardín. El sol, las plantas y los perros mirándome a través del vidrio, moviendo la cola. Cuando subí la persiana de madera me encontré con otra persiana, pero de agua. Y en verdad fue todo un estreno para mis ojos: era como uno de esos jardines que describe Juan Ramón Jiménez. El escritor español nacido en Moguer en 1881, verdadero paisajista del alma. Con lluvia o con sol sus jardines son tristes, de colores primarios, sin mezclas, a veces nocturnos, primeros en la memoria de la temprana edad. Su voz madura nos vuelve a los pensamientos niños teñidos de congoja, Su voz que me hace, otra vez/ llorar por nadie y por alguien, / bajo esta triste y dorada/ suntuosidad de los parques. En esa misma cuerda emocional nos mantiene al presentarnos diálogos de enamorados, cruces de razones sencillas que nos colman de historias contenidas en una economía verbal vibrante. Poesía de preguntas y sobresaltos inocentes. Un mundo bueno en el mejor sentido de la palabra; valga la aclaración contra esa tendencia frecuente a confundir lo bueno con lo tonto, y lo tierno con lo cursi. El autor de Platero y yo aleja los tópico del amor y la naturaleza de los ideales estereotipados. Por ejemplo al elegir el color de la pureza, desecha el esperable blanco y nos habla de una pureza oscura, comparto el poema del libro Idilios con ustedes:
Pureza negra
Me puso sus dos ojos sobre mis dos ojos. Y todo lo vi ya negro… Las estrellas enlutaron con el jazmín de agosto, en un fondo infinito de Sevilla, Giraldas, con crespones alegóricos. ¡Sombra que encandilaste mi corazón! ¡Serenos, negros ojos, que, en un tranquilo juego de osadías y dulzuras, trocasteis el tesoro mejor del mundo! ¡Ojos, lo puro es ahora negro, por vosotros!
Otro poema que me sorprende por su originalidad es “Convalecencia” de Estío:
Convalecencia.
Sólo tú me acompañas, sol amigo. Como un perro de luz, lames mi lecho blanco; y yo pierdo mi mano por tu pelo de oro, caída de cansancio. ¡Qué de cosas que fueron se van… más lejos todavía! Callo y sonrío, igual que un niño, dejándome lamer de ti, sol manso. …De pronto, sol, te yergues, fiel guardián de mi fracaso, y, en una algarabía ardiente y loca, ladras a los fantasmas vanos que, mudas sombras, me amenazan desde el desierto del ocaso.
Creo que, de ahora en más, veré en mi jardín un manso perro de luz jugando con mis mascotas. Y los días de tormenta, al recordar los versos de J. R. Jiménez, miraré la negra pureza del cielo. En cualquiera de los casos, levantar la persiana será un reencuentro con la poesía.
Obras de Juan Ramón Jiménez: Diario de un poeta recién casado, 1916; Antolojía poética,Losada, Bs. As.1944; Segunda antología poética, Espasa-Calpe, Madrid, 1922; Platero y yo, Losada,1943. © Andrea Geslin |
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© Revista Axolotl, Número 19 |