Tal vez el nombre no les suene demasiado. Lógico: el actor estadounidense Brad Renfro nunca terminó de convertirse en una superestrella de Hollywood. De todas maneras, en poco más de una década de carrera, se las arregló para dejarnos una serie de grandes actuaciones y personajes memorables. Supo interpretar muchachos tímidos, idealistas, humanos, pero también a seres oscuros e intensos, siempre sin siquiera bordear la sobreactuación. Como si le saliera naturalmente.
Era de público conocimiento que llevaba una vida de excesos varios —los actores jóvenes, que consiguen éxito rápido, casi nunca resisten las tentaciones del sistema—, pero uno nunca podía imaginar un final tan abrupto: sólo tenía veinticinco años.
Ahora deberemos conformarnos con ver algunos de sus trabajos. La mayoría no tiene desperdicio.
Nacido en
Knoxville, Tennese, en 1982, Bradley Barron Renfro y Haley Rose, su hermana
gemela, fueron criados por su abuela.
A los doce
años, el muchachito saltó de la nada a la pantalla grande en El Cliente (The
client, 1994).
Este
thriller mainstream, basado en un best seller de John Grisham y protagonizado
por Tommy Lee Jones y Susan Sarandon, mostraba a Mark Sway, un niño en problemas
con la mafia. El director Joel Schumacher convocó a Renfro
para el papel del muchacho porque no quería caras conocidas. Se dice que un
oficial de policía de Knoxville lo recomendó al verlo en una propaganda
antidrogas.
El cliente fue un éxito, que llevó al joven y prometedor actor a ganar el Young Artist Award de 1995, además de nuevos trabajos.
En el drama The cure (Peter Horton, 1995), interpreta a Eric, un chico que entabla amistad con un pequeño enfermo de sida. Seguramente Brad sea lo mejor de una película correcta, con momentos divertidos y también lacrimógenos.
Luego vino otro papel dramático en la notable Los hijos de la calle (Sleepers, Barry Levinson, 1996). Esta vez lo tocó una aparición breve pero no menor: es uno de los chicos que, al principio del film, matan accidentalmente a una persona y terminan en un internado, a merced de celadores abusivos liderados por Kevin Bacon. Años después, los jóvenes crecen y son interpretados por, entre otros, Brad Pitt (en el mismo papel de su tocayo Renfro), Jason Patrick y Billy Crudup.
En Todo vale (Telling Lies in America, Guy Ferland, 1997), escrita por Joe “Bajos instintos” Esterhaz, B. R. encarnó a Katchy, un adolescente de origen húngaro en Cleveland durante los años ’50. Entre otras cosas, el teen vive con problemas escolares, se enamora de una compañera de trabajo y entabla amistad con un disc jockey tan carismático como poco confiable (otra vez Kevin Bacon). Renfro supo transmitir la inocencia del personaje, quien deberá madurar casi a la fuerza a lo largo de la película.
Muy distinta fue su recordada actuación en El aprendiz (Apt pupil, Bryan Singer, 1998), basada en una novela de Stephen King. Aquí Brad era Todd Bowden, un típico muchacho norteamericano que descubre en su vecindario a un ex jerarca nazi (Ian McKellen). En vez de denunciarlo, Todd extorsiona al anciano para que le relate las atrocidades cometidas en los campos de concentración.
El
aprendiz nos mostró a un Brad Renfro sombrío,
decididamente, algo que comenzó a vislumbrarse en la vida real. También
en 1998 comenzó a tener problemas con la
ley, que lo arrestó por posesión de marihuana y cocaína. Un acuerdo con la
fiscalía evitó la prisión.
De todas maneras, su prontuario se fue engrosando al tiempo que la carrera cinematográfica comenzó a trastabillar. En 2000 fue arrestado por el intento de robo de un yate en Florida. En ese momento fue puesto en libertad condicional, además de tener que pagar 4.000 dólares en reparaciones. Tiempo después, lo acusaron de beber siendo menor de edad, por lo que debió ir a rehabilitación.
De esta manera. Brad Renfro se ganó la reputación de chico problemático, al que los productores de Hollywood no veían con simpatía. Igual, se las arregló para seguir participando en obras interesantes como Ghost World (Terry Swigoff, 2001). Aquí se lo vio en un papel secundario, como amigo de las chicas protagonistas (Thora Birch y Scarlett Johanson).
Luego se metió de llenó en su faceta más sombría, en proyectos cada vez más independientes, de esos que triunfan más en festivales que económicamente.

En Bully-mentes perdidas (Bully, 2001), otro retrato de la juventud yanqui perdida made in Larry Clark, le puso el cuerpo a Marty, un marginal de Florida que, harto de los maltratos de su amigo, y con la ayuda de otros chicos tan faltos de rumbo como él, decide vengarse de la manera más cruel posible. Seguramente, la labor más memorable de Renfro después de la de El aprendiz.
Estelarizó la violenta película de pandillas Deuces wild (Scott Kalvert, 2002). Aquí hizo de Bobby, un enojado joven que mantenía una relación tipo Romeo y Julieta con Fairuza Balk, ya que ambos eran parte de bandas rivales. También formaban parte del elenco Matt Dillon, Stephen Dorff, Debbie Harry, James Franco, Drea DeMatteo y Frankie Muñiz.

A pesar de las buenas críticas, Renfro seguía en problemas. De hecho, en 2006 pasó diez días en prisión por no declararse culpable de posesión de heroína.
Vinieron más películas chicas, no demasiado trascendentes (de hecho, algunas para el mercado de video), participaciones en series como La ley y el orden (Law & Order). Su participación en el thriller Regresiones de un hombre muerto (The jacket, John Maybury, 2005) hizo pensar en una vuelta con gloria. Así parecía: durante 2007 estuvo filmando el esperado film The informers (Gregory Jacobs, 2008), basado en un libro de Brett Easton Ellis. Renfro era parte de un reparto compuesto por nombres como Kim Basinger, Billy Bob Thorton, Wynona Ryder, Mickey Rourke y Brandon Routh, el nuevo Superman. (Si se fijaron, la mayoría cuenta con antecedentes criminales, incluyendo a Routh. ¿Qué, a ustedes les gustó Superman regresa?).
Lástima que The informers se conocerá como la obra póstuma de Brad Renfro: el martes 15 de enero de este año fue encontrado muerto en su mansión de Los Ángeles, un hecho que sorprendió a varios de sus conocidos, ya que decían haberlo visto limpio y sano. De todas maneras, la causa de la muerte no pudo precisarse enseguida, por lo que el cuerpo debió ser sometido a una autopsia. Aún hoy no hay demasiados detalles al respecto.
Bueno, quién sabe dónde estará Brad ahora. Seguro que en un Más Allá con buenos bares, blues a todo lo que da, de copas con River Phoenix y Heath Ledger. Así es como me gustaría imaginarlo.
© Matías Orta
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