Manteniéndose vivo con

Fiebre de sábado por la noche

 

 Década del ’70. Mientras en países como Argentina el panorama era lúgubre e impredecible, Estados Unidos bailaba al ritmo de la música disco. Un fenómeno que trascendió las pistas de baile para influir en la cultura popular de aquel entonces, como la música y la moda.

Hubo una película que capturó esa esencia, además de catapultar a su protagonista al estrellato. Una película que, al día de la fecha, continua siendo homenajeada o parodiada en donde sea.

Así comienza la nota sobre Fiebre de sábado por la noche (Saturday night fever, 1977), que pronto cumple treinta años de existencia.

 

 

Sube la temperatura

 

A mediados de los seventies, el productor y manager Robert Stigwood quedó impactado con una nota titulada “Tribal rites of the new saturday night”, escrita por el periodista Nick Cohn, que relataba las costumbres de los jóvenes estadounidenses de aquellos tiempos: frecuentar discotecas los fines de semana. Dichos lugares funcionaban como templos en donde muchachos y muchachas podían dejar de lado su insípida vida y destacarse ya fuera por su manera de vestir, de bailar o de conquistar al prójimo.

Sin perder un segundo, Stigwood decidió convertir el artículo en una película. Entonces le encargó el guión a Norman Wexler. El texto de Wexler estaba protagonizado por Tony Manero, un joven ítaloamericano de Brooklyn que trabaja en una pinturería y vive con los padres, quienes se la pasan criticándolo por su falta de perspectiva y lo comparan con el hermano, que se había convertido en sacerdote. Pero la vida del buen Tony no siempre es gris: todos los sábados por la noche se viste de punta en blanco y, junto con su barra de amigos, sale a romperla en la pista del boliche 2001 Oddisey.

Viendo que la parte fundamental del film sería el personaje principal, Stigwood salió en busca de su Tony Manero. Y vaya si lo encontró.

 

En aquella misma época, John Travolta, de veintitrés años, se había convertido en una figurita en ascenso gracias a papeles televisivos en telefilms como El chico de la burbuja (The boy in the plastic bubble, Randall Kleiser, 1976) y un papel secundario en la escalofriante Carrie (Brian de Palma, 1976). Lo genial de esta futura luminaria era que, además de saber actuar y de tener carisma y presencia, se movía muy bien. Stigwood no lo dudó: no sólo lo contrató para Fiebre..., sino que le ofreció un contrato por dos películas más. Una visionario, ya que Travolta nació para ser Tony Manero.

 

Para dirigir, Stigwood acudió a John Badham, un realizador británico recién graduado de la Universidad de Yale con escasa experiencia en el medio. Si bien Badham desconocía Brooklyn y jamás había bailado música disco, aceptó la propuesta porque se enganchó con la historia.

Después de contratar al resto del elenco (entre las parejas de baile de Tony aparece Fran Drescher, años más tarde conocida por la exitosa sitcom La niñera), la fiebre estaba lista para subir.

 

El rodaje se completó sin problemas, aunque Travolta pasaba por un momento bastante delicado. Su novia, unos años mayor que él, sufría de cáncer y finalmente murió. El actor hizo catarsis en los momentos más dramáticos de la película. Siguiendo con John T., quedó bastante disconforme con el primer corte del director. Muchos planos eran cerrados y fragmentados, lo que impedía apreciar sus aptitudes de bailarín. Stigwood se puso de parte de Travolta y logró que Badham metiera más planos generales de Tony moviendo los pies.

 

 

Arden las pistas (y los cines)

 

Apenas pareció en las salas de cine, Fiebre... trepó a la lista de los films más exitosos de 1977 —vale recodar que fue el año del estreno de La guerra de las galaxias (Star wars, George Lucas)—. El público se enganchó con las vivencias de Tony Manero, quien se convirtió en un referente de la juventud setentosa. Todos los chicos querían ser como él.

Por otra parte, la moda marcó una fuerte tendencia que cada tanto vuelve (“diseños estilo ‘70”). ¿Quién no vio fotos en las que los padres de uno aparezcan vestidos con traje blanco, con pantalones pata de elefante —o pantalones y camisa—, zapatos de plataforma, o con blusas coloridas y binchitas en el caso de las mujeres? ¡No digan que nunca les causó un poco de gracia!

Sin duda, otro de los puntos fortísimos del largometraje, lo que terminó de elevarlo al Monte Olimpo de los clásicos cinematográficos, es su banda sonora, casi toda a cargo de los Bee Gees. Los hermanos Gibb —Barry y los mellizos Robin y Maurice (q.e.p.d)—, famosos por sus falsetes, venían cantando desde comienzos de los ’60. Pronto llegaron hits como “I started a jock” y varios más. Sin embargo, la fama internacional recién llegó cuando Stigwood, que también era manager del grupo, les propuso crear una serie de canciones para Fiebre... El resultado: temas emblemáticos del calibre de “More than a woman”, “Jive talkin”, “You should be dancing”, la balada “How deep is your love”, y los archiconocidos e irresistibles “Stayin’ alive” y “Dance fever”, cuya coreografía incluía bajar y subir un brazo, sin dejar de moverse. Un pasito que quedó en la historia y se sigue usando hoy en día, no importa la edad que se tenga, ni la raza ni la religión. Gracias a los Bee Gees, más los aportes de The Tramp (“Disco inferno”) y Kool & the gang (“Open sesame”), entre otros, el soundtrack de la película se transformó en uno de los más vendidos de la historia.

Tal vez los aspectos más superficiales —del film y de Tony Manero— relegaron un poco la carga dramática de ambos. Porque Tony parece no tener rumbo fijo en la vida. Está estancado en un entorno repleto de mediocridad y peligro, que nunca le termina de sumar. Los inolvidables pasos de baile le sirven para hacer catarsis y le permiten saber que, al menos por un rato, puede sentirse como un Dios. Y Travolta estuvo perfectamente a la altura. No por nada este papel le permitió ser nominado por primera vez al premio Oscar como Mejor Actor.

 

 

La fiebre siempre deja secuelas

 

En 1983, Fiebre... tuvo su segunda parte: Manteniéndose vivo (Stayin’ alive). Travolta regresó al papel de Tony, pero la dirección corrió por cuenta de Silvester Stallone, quien hace un cameo a lo Hitchcock. Si bien la original tenia algo de Rocky (John Avilsen, 1976), acá los paralelismos son más explícitos. Manteniéndose... nos muestra a Tony Manero (sobre)viviendo en Nueva York, trabajando de camarero y de instructor de danza. Pero su ambición es triunfar en Broadway. A la película no le fue bien en recaudaciones ni con la crítica, pero no está taaan mal. Se deja ver y punto. Además, siguen habiendo temas de los Bee Gees, más otros de Frank “El-hermano-de” Stallone.

Aquel marcó el comienzo de la prolongada decadencia de Travolta, que recién volvió a la lista A de estrellas hollywoodenses por hacer del matón de poca monta Vincent Vega en Tiempos violentos (Pulp fiction, Quentin Tarantino, 1994), donde, para variar, se despacha con otros antológicos pasitos de baile.

 

Hace unos años salió el DVD de Fiebre de sábado por la noche. Vale la pena conseguirlo, ya que viene con escenas adicionales y un documental más que jugoso.

Me despido cantando Ah ah ah ah Stayin’ alive stayin’ alive/ Ah ah ah ah...

 

© Matías Orta

matiasorta@revistaaxolotl.com.ar

     

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