Everybody loves Hannibal Lecter

 

En otros tiempos, los personajes más destacados de la cultura popular solían remitirnos a algo positivo, gracioso, tierno, agradable. Pero estamos en épocas muy turbulentas e impredecibles, y nuevas figuras —más sombrías—, acaparan la atención de la gente.

Como Hannibal Lecter.

La fascinación que ejerce este asesino serial con tendencias antropófagas es muy lógica, teniendo en cuenta lo familiar que se volvió el concepto del “serial killer” en el mundo contemporáneo. Algunos incluso lo ven como un héroe (o antihéroe). Basta con chequear el éxito de los libros y de las películas que lo tiene como personaje.

Entonces, ¿por qué no adentrarnos en el universo de tan interesante celebridad de ficción?

 

 

La padre de la criatura

 

El creador de la bestia responde al nombre del exitoso y no menos enigmático autor Thomas Harris.

Nacido en 1940 en Jackson, Mississipi, estudió en la Universidad de Texas y empezó a trabajar en el Waco News Tribune, un diario de la zona. Allí se encargaba de cubrir los casos policiales, la mayoría bastante sórdidos. La excelencia por su labor le permitió ingresar en la Associated Press de Nueva York; se inició como reportero y luego pasó a ser Redacto Jefe. En 1972, su tarea como corresponsal lo llevó a Alemania, para cubrir el atentado de atletas israelíes por parte de terroristas palestinos durante los Juegos Olímpicos de Munich —el mismo caso del que trata la película de Spielberg—. Aparentemente, el caso inspiró al periodista a escribir su primera novela. Domingo negro cuenta una historia similar a la del hecho real, aunque con un dirigible de por medio. El libro devino en best seller y generó una versión cinematográfica, Domingo negro (Black Sunday, 1977, John Frankenheimer), protagonizada por Robert Shaw.

Harris, ahora dedicado exclusivamente a su carrera de novelista, se puso a idear su nueva obra. No imaginaba que uno de los personajes se volvería tan famoso como Madonna y Bart Simpson (¡¡¡!!!).

 

 

Un caníbal suelto en Hollywood

 

Publicada en 1981, Dragón rojo contaba las peripecias del detective Will Graham y del FBI por atrapar a El Hada de los Dientes, un asesino que atacaba familias durante noches de luna llena. Para trazar el perfil psicológico de tan misteriosa amenaza, Graham no tiene más remedio que acudir al peligroso psicópata que casi lo mata en otro momento de su vida, pero que logró atrapar. 

El Dr. Hannibal Lecter.

Bien parecido, culto, atento, educado, astuto, seguro de sí mismo; doctorado en medicina y psiquiatría, amante de las obras de arte y la buena cocina... No parece una bestia capaz de devorar a sus víctimas, acompañando cada manjar con el mejor vino fino italiano.

Con los particulares concejos del buen doctor, Graham tendrá la chance de capturar al maníaco homicida.

El libro fue otro éxito, y también fue llevado al cine. Producida por Dino de Laurentiis y dirigida por el talentoso Michael Mann, Cazador de hombres (Manhunter, 1986) tenía mucho del estilo que el director había impuesto en su por siempre gloriosa creación televisiva División Miami: intriga, asesinatos, colores claros y música bastante pop. Y no por eso dejaba de ser un film oscuro. Aunque la trama se centra más en Graham y en el Dollarhyde (tal es el nombre del Hada de los Dientes), tenemos la oportunidad de conocer en dos escenas al doctor... Lektor. La interpretación estuvo a cargo del actor escocés Brian Cox, visto en películas como Identidad desconocida (The Bourne identity, Doug Lyman, 2002) y Troya (Troy, Wolfgang Petersen, 2004). El tal Lector se mostraba tan intimidante como el descrito por Harris. Sin embargo, uno siente que algo le falta al personaje, algo que lo diferencie del típico criminal. ¿Y qué viene a ser ese “algo”? La respuesta llegó con la segunda adaptación de un texto de T.H.

 

 Cazador... no resultó precisamente un gol de media cancha, por lo que De Laurenttis desistió de conseguir los derechos cinematográficos de la siguiente novela de Thomas Harris.

El silencio de los corderos (1988) retomaba el universo y varios de los personajes de Dragón rojo. Ahora la protagonista es Clarice Starling, una novata agente del FBI, quien debe ir tras la pista de Bufallo Bill, un asesino en serie que le arranca la piel a muchachas inocentes. ¿Y a qué especialista se le ocurre acudir? Sí, al mismísimo Hannibal, quien acepta colaborar a cambio de que la mujer le cuente oscuros secretos de su infancia. Una suerte de extraño intercambio de datos. Si bien el célebre antropófago sigue sin aparecer demasiado en la historia, ahora tiene más peso y podemos conocerlo un poco más en cuanto a sus gustos culturales y sanguinolentos. Incluso hasta logra escapar de su celda.

El triunfo de la novela no fue nada comparado con el de su adaptación a la pantalla grande. El silencio de los inocentes (Silence of the lambs, 1991) casi es la ópera prima del gran Gene Hackman, pero lo pensó otra vez y se bajó del proyecto. Entonces los ejecutivos de Orion Pictures acudieron a Jonathan Demme, quien venía de hacer dramas románticos y comedias. De todas maneras, se la bancó y logró un policial climático, tenso y mórbido en la medida justa... Aunque no fue ese el aspecto que consagró al film, como tampoco la estupenda labor de Jodie Foster en el rol de Starling ni la música de Howard Shore.

Hannibal “el Caníbal” había encontrado su más perfecta encarnación al celuloide.

Hasta ese momento, el galés Anthony Hopkins tenía una respetable carrera en el teatro británico (donde fue discípulo de Sir Laurence Olivier) e interesantes participaciones en películas como El hombre elefante (The elephant man, David Lynch, 1980). Pero su interpretación del Dr. Lecter cambió su carrera. Y eso que aparece menos de veinte minutos. Nunca un personaje fue tan refinadamente sádico. Algunas de sus frases se volvieron legendarias. ¿Ejemplo? “Al último que intentó testearme le devoré el hígado y lo acompañé con un buen Chianti”. Según un crítico estadounidense, la diferencia entre el caníbal de Cox y el de Hopkins era muy clara: el primero lo encarnó como un ser humano, y el segundo, como uno sobrehumano. Y hay que darle la razón: el nuevo Lecter —ahora sí lleva su apellido escrito como corresponde— recuerda bastante a los archifamosos monstruos de antaño, más precisamente a Drácula. De hecho, Anthony confesó haber estudiado la caracterización de Bela Lugosi en el film de Tod Browning. Un tiempo más tarde, Stephen King dijo que Lecter era el Conde Drácula de la era de las computadores y los celulares.

El silencio... recaudó mucho dinero y ganó los cinco principales premios Oscar: Película, Director, Guión Adaptado, Actor y Actriz. Solamente tres películas consiguieron lo mismo.

Mucho ya hablaban de una continuación.

 

 De Thomas Harris faltó contar un pequeño detalle: suele tomarse su tiempo a la hora de escribir. Años enteros. Por eso, su siguiente obra recién se publicó en 1999.

La gran novedad: uno de los protagonistas era Hannibal, quien le da título al libro. En esta ocasión, nuestro antihéroe se encuentra en Florencia, Italia, donde se hace llamar Dr. Fell. Cuando Starling queda mal parada después de una fallida misión del FBI, y al descubrir que Mason Verger, uno de sus pacientes que logró sobrevivir (aunque su cara apenas puede definirse como tal), trata de vengarse, sale de su ostracismo y regresa a la acción.

Hannibal es, sin duda, la obra cumbre de Harris. Pocas veces un libro fue tan inteligente, extraño, sangriento y romántico. Por fin se nos muestran las obsesiones del caníbal, queda en evidencia que sólo mata a traidores y burócratas, y hasta hay pistas de su doloroso pasado (que se desarrolla en la novela posterior de la saga). Y en determinada oportunidad, se sugiere un muy interesante aura sobrenatural alrededor de su ser. El final, muy delirante, aunque bien encarado.

Lamentablemente, la película, estrenada en 2000, no tuvo la misma suerte. Al principio, el asunto prometía: estaban Ridley Scott en la dirección —Demme no quiso involucrarse por considerar muy violenta la historia—, David Mamet y Steven Zaillian como guionistas, Anthony Hopkins de vuelta en el rol que lo hizo una celebridad, Ray Liotta, Julianne Moore en reemplazo a Jodie Foster —tenía otros compromisos, y, por otro lado, pedía un salario más alto—, y Gary Oldman como el deforme Verger. Pintaba para una gran película. El caso es que cada uno de los involucrados pareció haber decidido hacer todo mal, y el resultado es un producto muy fallido que traiciona el espíritu de su base literaria. Sí se rescatan los climas de algunas escenas y Giancarlo Gianini representando a Pazzi, un detective florentino que colabora con Verger (y así le va).

No obstante, hizo millonarios a los productores y hasta recibió buenas críticas. Por eso fue inevitable otra peli más con el killer devorador de personas.

 

 Los De Laurenttis no tuvieron mejor idea que adaptar al cine nuevamente la novela Dragón rojo, pero con un protagonismo mayor del Lecter.

A pesar de todo, la novedad importante de Dragón rojo (Red Dragon, 2002) es que respeta el título del libro. Con el competente Brett Ratner dirigiendo y protagonizada por Edward Norton, Emily Watson y Ralph Fiennes, cuenta lo mismo que Cazador..., pero sin el genio que pudo imprimirle Michael Mann a algunas escenas. Se nota especialmente en la relación entre Dollarhyde y Reba, la ciega que se enamora de él. El culpable de Fuego contra fuego (Heat, 1995) contó la relación desde el punto de vista de Hada de los Dientes, mientras que Ratner le dio un tratamiento más convencional.

Pero quien realmente nos interesa, el Dr. Lecter, está demasiado metido a la fuerza en la trama. Anthony Hopkins actuó más con piloto automático que en Hannibal. Y eso que se estaba despidiendo del personaje. ¿Definitivamente?

 

 

Terminar por el principio

 

Después de la buena recaudación de la segunda Dragón rojo, los De Laurentiis querían seguir facturando con el caníbal. Lo interesante es que esta vez querían adentrarse en sus primeros años de vida y en cómo se convirtió en lo que es. Le propusieron a T. H. hacerse cargo del guión, pero el creador del monstruo se entusiasmó tanto que decidió escribir también la novela.

Así nació Hannibal rising, conocida en habla hispana como Hannibal: el origen del mal.

En poco más de trescientas páginas podemos conocer a Lecter, hijo de nobles lituanos, desde los ocho años, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial; somos testigos de cómo las injusticias de la guerra lo dejan sin hogar y sin familia; nos conmovemos cuando un grupo de saqueadores famélicos irrumpe en el refugio y devora a Mischa, su querida hermanita. Sin duda, esa es la gota que rebalsa el vaso, que es la mente del pobre Hannibal. Con los años, y tras una no menos traumática estancia en un reformatorio (¡montado en el castillo de su propia familia!), el joven recala en Paris, al cuidado de su tío y la exótica lady Murasaki, por la que empezará a sentir algo más que simple afecto. Sin embargo, los fantasmas de Mischa y de su atacantes no lo dejan en paz. En su ser ya inoculó el veneno. Pronto estará listo para declarar temporada de caza. 

La lectura se hace adictiva, gracias al estilo de Harris, ahora más cinematográfico y menos literario. Funciona casi como un boceto del guión.

En cuanto a la película, recayó en manos del director británico Peter Webber, con trayectoria en televisión y responsable de un solo film, la premiada La chica del retrato de la perla (Girl with a pearl earring, 2004). Igual, logró un largometraje más que correcto, bien escrito y muy eficiente desde la fotografía y la dirección artística. No obstante, la atracción principal es el flamante y juvenil Hannibal (a Anthony Hopkins ya no podían rejuvenecerlo más). El elegido: Gaspard Ulliel, un actor francés quien recientemente participó del corto de Paris Je t’aime (2006) realizado por Gus Van Sant. Sirve mucho para la película su por momentos increíble parecido físico con Crispin Glover. El excelente Crispin será recordado por siempre como George McFly en Volver al futuro (Back to the Future, Robert Zemekis, 1985), pero supo explotar su veta oscura en La revolución de las ratas (Willard, 2003) y en Los ángeles de Charlie (Charlie’s Angels, McG, 2000) y su secuela. Volviendo a Gaspard, su rostro es inquietante, y su actuación no está mal, pero tampoco logra transmitir lo mismo que Hopkins en El silencio... Completan el elenco la Meryl Streep oriental Gong Li y, haciendo de Vladis Grutas —el jefe de los saqueadores que se comen a Mischa—, está el genial Rhys Ifans, más conocido por papeles cómicos y de villanos torpes.

¿Vendrán más andadas de Mr. Lecter? Quién sabe. No hay nada confirmado. Aunque, como ya saben, el apetito de los estudios de Hollywood es superior al de cualquier caníbal.

© Matías Orta

matiasorta@revistaaxolotl.com.ar

 

 

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© Revista Axolotl, Número 20