Wristcutters:

una curiosa historia de amor

 

 

 

El cine indie estadounidense suele ser una caja de sorpresas. Si me pusiera a tirar ejemplos no terminaría nunca, así que mejor pasemos a la película que hoy nos aúna.

Wristcutters: a love story (2006) es de esas joyitas sin demasiada difusión, pero que logran encantar a los espectadores.

 

 

Muerto de amor

 

Seguro el nombre del film ya les indicó algo: wrist es “muñeca” (me refiero a las muñecas del cuerpo humano), y cutters, “cortadas”.

Luego de cortarse las venas, Zia —Patrick Fugit, el joven protagonista de Casi famosos (Almoust famous, Cameron Crowe, 2000)— accede a un mundo similar al nuestro: casas, autos, trabajos, chicas... sólo que más depresivo y únicamente habitado por quienes se suicidaron en la vida anterior. De golpe, Zia se encuentra viviendo con un austriaco malhumorado y trabajando en una pizzería llamada Kamikaze. Por las noches, juega al pool y se emborracha con Eugene (Shea Whigham), un ruso que ambicionaba ser una rock star pero terminó en aquel Más Allá junto al resto de su familia (sí, un clan de suicidas). Zia piensa que su nueva existencia no puede ser peor, cuando se entera de que Desiree, la chica por la que cometió el suicidio, también se mató y pulula en algún lugar de aquel universo. Sin perder más tiempo, convence a Eugene de salir a buscarla en el auto del ex músico. Pronto se les suma Mikal (Shannyn Sossamon), una muchacha que dice haber llegado por error y busca a la gente a cargo de tan singular limbo. El resultado: road movie, comedia y momentos románticos. Y todo sazonado con una exquisita banda sonora encabezada por “Love will till us apart” de Joy Division (vale recodar que el Ian Curtis, vocalista de esta grosísima banda inglesa, precursora de New Order, se ahorcó a los veintitrés años), además de bastante música rock de los Balcanes, onda The No Smokin Orchestra, la banda de Emir Kusturica. De hecho, la película tiene un sabor muy Kusturiquesco, o Kustiriqueano.

Además de los actores principales, también se lucen los secundarios.

Para empezar, el gran, el enorme Tom Waits. La carrera actoral de este músico con voz que parece cortada con una navaja es muy destacable e incluye varios clásicos: fue dirigido por Jim Jarmush en Bajo el peso de la ley (Down by law, 1986), entre otras, por Francis Ford Coppola en La ley de la calle (Rumble fish, 1983) y Bram Stoker’s Drácula (1992, donde le puso el cuerpo al desagradable Renfield). En Wristcutters... interpreta a Kneller, el líder de una comunidad hippie que busca a su perro.

Uno de los miembros de dicha comuna es Yan, encarnado por John Hawkes, un eterno actor de reparto con papeles importantes en films como Una tormenta perfecta (A perfect storm, Wolfgang Petersen, 2000), Identidad (Identity, James Mangold, 2002) y Miami Vice (Michael Mann, 2006). También hay tiempo para cameos de figuras de culto como Jake Busey —el hijo de Gary Busey, quien, como su padre, suele encarnar a tipos extraños— y Abraham Benrubi, el bravucón de la serie juvenil canadiense Parker Lewis (¡Cómo que nunca la vieron!).

El culpable de este delirio simpático responde al nombre de Goran Dukic. Oriundo de Croacia, Dukic estudió cine en la Academia de Arte Dramático de Zagreb y, ya en Estados Unidos, cursó su postgrado en el prestigioso American Film Institut, otrora cuna de talentos como David Lynch y Darren Aronofsky. Comenzó dirigiendo premiados cortometrajes. Uno en especial, Mirta uci statistiku (1991), fue votado por los críticos cinematográficos rusos como una de las mejores películas croatas de la historia.

Para filmar Wristcutters..., su ópera prima, se basó en el relato de Etgar Keret. Nacido en 1967 en Tel Aviv, este autor se convirtió en un enfant terrible de la literatura israelí, ya que su obra es muy introspectiva y no sigue los dictámenes de un pensamiento político o social. Aunque escribe novelas y ensayos, su fuerte son los cuentos. El que sirvió de base para la película se conoce en castellano como El chofer que quería ser dios y le da título al libro.

Wristcutter: a love story inició su recorrido festivalero en Sundance, y de ahí pasó a otros tantos del resto del mundo, cosechando no pocas distinciones. También estuvo nominada en los Independent Spirit Awards de este año.

Acá es cuando ustedes, queridos lectores, dicen: “Okey, me re vendiste la película, pero, ¿en dónde la consigo?”. Es una muy buena pregunta. En los últimos meses, la única manera de verla en pantalla grande fue en festivales de cine (el público hispanohablante habrá podido localizarla en los de Gijón, España, y Mar del Plata, Argentina). Sin embargo, siempre es posible encontrarla editada en DVD Zona1. Así que siempre estén atentos a esa peliculita de nombre raro, argumento aún más extraño, pero imposible de olvidar.

 

Si quieren saber más de esta simpática rareza, pueden entrar en la página oficial: www.wristcutters.com

  © Matías Orta

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