Rocky: el american dream

hecho cine

 

 

 

“La historia americana demuestra que todos tienen oportunidad de ganar”.

 

 

Existe el mito de que en Estados Unidos todo es posible. De que los sueños de uno podrán hacerse realidad. Es lo que se conoce como el american dream, el sueño americano.

Ninguna película reflejó mejor esto que Rocky (1976). Además, la historia de un boxeador amateur nativo de Filadelfia, que, de pronto, tiene la oportunidad de medirse con Apollo Creed, el campeón mundial, sopla treinta velitas.

 

 

El luchador

 

Hoy en día, Silverter Stallone no es más que motivo de burla, y blanco predilecto de críticas nefastas. Si bien siempre tuvo detractores, pareciera que ahora se lo aporrea con más ganas debido al alarmante bajón de su carrera y a su identificación con la política más mano dura de la tierra del Tío Sam.

Bien, actuando nunca será Robert De Niro, pero tuvo las pelotas suficientes como para triunfar por méritos propios y convertirse en una estrella.

A comienzos de los ’70, el aspirante a actor era poco menos que nadie. Sus escasos trabajos consistían en apariciones diminutas en alguna que otra película. El porte hosco, la boca medio torcida y su poco común voz (producto de complicaciones en el parto) lo hacían perfecto para papeles de pendenciero. Por ejemplo, patoteó a Woody Allen en Bananas (Allen, 1971), y fue corredor en Año 2000: carrera mortal (Death race 2000, Paul Bartel, 1975), producida por Roger Corman, además de participar en productos softcore.

Pero el dinero no alcanzaba. De hecho, muchas veces tuvo que pasar hambre. Hasta consideró vender a Butkus, su perro, debido a que no podía alimentarlo.

Comprendió que, si quería ser alguien en el ultracompetitivo Hollywood, debía tomar al toro por las astas y generar él mismo un proyecto en el que pudiera demostrar todo el potencial que nadie parecía reconocer y que, de paso, lo catapultara.

Luego de una olvidable audición para los productores Irwin Winkler y Robert Chartoff, Sly les comentó que escribía guiones. La dupla se mostró interesada y le pidió algo de su material. Stallone les llevó fue el de La taberna del infierno (Hell’s kitchen, Stallone, 1979), pero en su momento no interesó demasiado.

Pero nuestro héroe, que ya se acercaba a los treinta años, tenía un as en la manga. Mejor dicho, otro guión, mucho más personal.

“La mayoría [de las historias] eran muy triviales, pero había algo del proceso de sueños no logrados”, cuenta en el comentario del DVD. “Siempre volvía a este tema, porque creo que es de los más perdurables y de los momentos más difíciles de aceptar para las personas que nunca se realizaron en su vida. No tuvieron esa oportunidad”.

La inspiración llegó concretamente al ver la pelea entre Mohamed Ali y Chuck “Bayonne Bleeder” Wepner, un boxeador anónimo. El público pensó que el gran campeón demolería al desconocido. Y no fue así: Wepner supo dar batalla.

“Dije: ‘Eso es lo que necesito como catalizador para una idea. Un hombre que se va a enfrentar a la vida, a arriesgarse y tal vez a llegar”.

Escribió el primer borrador de Rocky en tres días, y a mano.

Esta vez, Winkler y Chartoff mordieron el anzuelo.

 

 

El club de la pelea

 

La producción de la película se puso en marcha, pero ninguno de los involucrados se la llevaría tan de arriba.

Para empezar, algunos elementos del guión. Originalmente, Rocky perdía la pelea con Apolo a propósito (“Para no entrar en este mundo”, según Stallone), y Mickey, el entrenador, era más racista y resentido.

Un verdadero tema fue el protagonista. United Artist (la empresa productora) pretendía a una estrella del momento. Se barajaron nombres como Burt Reynolds, James Caan, Ryan O’Neill y Robert Redford. Pero Sly se puso firme y estipuló que escribió pensando en sí mismo para el papel. Tras batallar con el estudio, logró quedarse con el rol principal.

Con la elección del director no hubo tanto problema: John Avildsen, que años más tarde haría las primeras tres películas de Karate Kid (1984).

Eso sí: tendrían que arreglárselas con un presupuesto bastante reducido. Se dice que fue de 950 mil dólares. Stallone cobró 100 mil, una fortuna para él en ese tiempo.

El tema dinero condicionó muchos aspectos de la película. El casting, por ejemplo.

La gran mayoría de los actores elegidos eran cuasi-nadies, como Burt Young (Paulie, el cuñado de Rocky en la ficción), y Carl Weathers, quien haría de Apollo. La única cara más conocida: Talia Shire —Adrian, la tímida novia—, hermana de Francis Ford Coppola, para quien venía de actuar en las primeras dos partes de El padrino (The Godfather, 1972). Para el ya mencionado personaje de Mickey, se pensó en contratar a  Lee Strasberg (sí, el del Actor’s Studio), pero su agente pedía una suma gigante. Entonces optaron por el veterano Burgess Meredith, a quien muchos siempre recordarán o como Mickey o como el Pingüino en la serie de Batman.

Para cubrir los papeles más mínimos (léase extras y bolos), Sly acudió a familiares y conocidos. A lo largo de la película aparecen Frank, como un vago que canta en la calle, y  el padre de ambos, quien se encarga de tocar la campana en la pelea. ¡Hasta el perro Buktus sale en el film! En tanto, Sasha Czack, la primera esposa del actor, ofició de foto fija. También hay cameos del sobrino del Avildsen y del supervisor de pre-producción, Lloyd Kaufman. Hoy Kaufman es famoso por ser el creador de Troma, la productora de cine ultra barato, creadora de El vengador tóxico.

Pero volvamos a Rocky.

Tan bajo resultó el presupuesto, que muchas veces el director debía arreglárselas con una toma de cada plano, y los actores debían vestir sus propias ropas. Es que no había vestuario. En realidad, una parte importante del presupuesto fue para el maquillaje de las heridas del protagonista.

Faltaba un asunto fundamental: la música. La responsabilidad recayó en Bill Conti, quien ni se imaginaba que sus composiciones harían historia.

 

 

El triunfador

 

El film estuvo listo para 1976.

Como casi todo lo hecho por Hollywood, pasó por proyecciones de prueba. El film parecía tener todo en contra: no era de gran presupuesto, al actor principal no lo conocía nadie...

Sin embargo, Stallone y compañía veían entusiasmados cómo el público se enganchaba con la historia y los personajes.

Cuando se estrenó comercialmente, la reacción fue la misma. Incluso mejor. La película no sólo era adorada por el público, sino que también recibió elogios por parte de los críticos. La película se ajustaba a la tendencia de los ’70, donde los protagonistas no eran Adonis invulnerables, sino antihéroes comunes y corrientes. No es casual que en ese tiempo se consagraran figuras como Dustin Hoffman, Al Pacino y De Niro.

Rocky llegó a ser nominada a varios premios Oscar, donde ganó tres de los más importantes: Mejor Guión (para Sly), Mejor Director y Mejor Película, superando a excelentes obras como Taxi driver (Martin Scorsese), Todos los hombres del presidente (All’s the president men, Alan J. Pakula) y Network: poder que mata (Network, Sydney Lumet). Lastima que Bill Conti no se llevó ninguna estatuilla: el tema principal de la película se convirtió en un auténtico leit motiv.

Y, como si fuera poco, se transformó en un clásico.

Ahora, Michael Silverter Enzio Stallone (tal es su nombre completo) tenía un nombre en la Meca del cine. Las épocas de hambre habían terminado. Productores y directores se peleaban por trabajar con él. Ahora podía darse el lujo de elegir los proyectos que quisiera. Con algunos le fue muy bien, con otros no tanto, pero igual se las arregló para seguir en la lista A de Hollywood.

El triunfo de Rocky fue el de Sly.

 

 

Million dollar baby

 

Para fines de los ’70, el fenómeno Rocky estaba lejos de extinguirse. Así que comenzaron a llegar las secuelas, casi todas escritas y dirigidas por Sly, y musicalizadas por Bill Conti.

Rocky II (Stallone, 1979) nos muestra la vida de Mr. Balboa tras caer derrotado por puntos en la pelea contra Apollo. Tras un traspié en un comercial de TV, tiene que trabajar en el frigorífico en el que se desempeña Paulie (el mismo lugar donde le pegaba a las reces en la película original). Además, Adrian da a luz al único hijo de la familia y se presenta una nueva oportunidad de combatir a Apollo.

En Rocky III (Stallone, 1982), el “Semental italiano” ya es toda una celebridad. Pero, tras perder contra Mohamed (encarnado por Mister T), un arrogante boxeador claramente influido por el ex Cassius Clay, y con la muerte de Mickey, deberá hacerle frente a muy duros rivales: sus propios miedos y dudas. La inesperada ayuda de Apollo se vuelve fundamental para poder superarse.

Seguramente la secuela más recordada y más vibrante sea Rocky IV (Stallone, 1985). El rival de turno: el ruso Iván Drago —el sueco Dolp Lundgren—, quien está retratado como una especie de monstruo asesino. De hecho, en una pelea de exhibición mata a Apollo. Rocky se lo toma personal y todo desemboca en un memorable enfrentamiento en lo que quedaba de la por entonces Unión Soviética. Okey, uno ve la película se nota que Reagan era el presidente Estadounidense, pero sigue siendo una de las más excitantes y brutales de la saga. Imperdible el final, con Sly hablándole a Gorbachov.

En 1990, Avildsen vuelve para dirigir Rocky V. Acá, Rocks pierde sus bienes materiales y debe volver a su vida en los suburbios de Filadelfia. Pero no se aleja del box: comienza a entrenar a muchacho con potencial de campeón. Tanto se encariña con el aprendiz, que se va alejando de su hijo (ahora interpretado por Sage Stallone, primogénito de Sly en la vida real). Sin dudas, la continuación más floja de la serie, con más de drama televisivo que otra cosa.

 

 

Una más...

 

“Sinceramente extraño mucho a ese personaje. A veces hasta podría llorar. Nunca tendré una voz así de nuevo, con la que simplemente decía lo que siento en mi corazón”.

Tal es así, que, como ya se habrán enterado, se nos viene la sexta parte, intitulada Rocky Balboa. Según se dice, el argumento muestra a un Rocky tratando de superar la muerte de Adrian. Entonces vuelve al ring, esta vez para pelear para sentirse bien consigo mismo. Y eso que Sly (quien también vuelve a dirigir) está muy cerca de cumplir sesenta.

De los actores vuelve Burt Young. El estreno mundial: 9 de febrero de 2007.

Por lo tanto, para alegría de la muchachada nostálgica, vamos a tener a Rocky por un rato más.

 

 

 

matiasorta@revistaaxolotl.com.ar

 

 

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© Revista Axolotl, Número 12