Children of the revolution

 

“El Rock and Roll es una prostituta.

Debe ser condimentado, actuado.

La música es la máscara, mientras yo

me visto con gasa y tafetán.”

Brian Slade

 

 

El glam rock, aquel subgénero musical de principios de los ’70, tuvo una vida efímera, pero sus ecos suenan hasta el presente, ya sea en la radio, en la sección retro de los canales de música, en bandas nuevas...

Y en el cine, por supuesto, y con resultados más que satisfactorios.

 

 

Too much too soon

 

Pero, ¿qué era el glam rock?

A comienzos de los ‘70, Inglaterra y el mundo se encontraba en un período post Beatle. Todavía quedaban exponentes del  Blues Blanco Inglés, con grupos como The Who, The Kinks, y los inoxidables Rolling Stones. También comenzaban a sonar las interminables composiciones del rock progresivo, de la mano de Genesis, Yes y Emerson, Lake & Palmer.

La juventud británica de entonces se dividía en dos: estaban los mods (diminutivo de Moderns), dandies que andaban en motoneta, y los agresivos rockers. Ambas tribus solían luchar muy seguido, cosa que se ve en la película Quatrophenia (Frank Roddam, 1979).

Paralelamente, se estaba gestando una corriente muy distinta, que veneraba los temas de tres minutos de duración, los estribillos que todos pudieran cantar y al rock como espectáculo.

Pero la denominación de glam se debe al aspecto de estos nuevos músicos: maquillaje de mujer, trajes con lentejuelas, zapatos con plataformas, boas de plumas, siempre haciendo gala de una androginia sexual (rompiendo así con el pensamiento de que el rock es para machos).

Lo curioso es que el glam duró apenas cinco años, la primera mitad de los ’70. Pero vaya si fueron años coloridos e intensos.

El abanderado más visible sigue siendo David Bowie. Por aquel entonces tocaba caracterizado como Ziggy Stardust, un alienígena bisexual de pelo naranja y ropa brillante. Junto a su grupo, The spiders from Mars, creó temas que se convirtieron en clásicos atemporales: “Change”, “Starman”, “Ziggy Stardust”, por nombrar algunos. Vale acreditar a los más fieles lugartenientes de Bowie/Ziggy: el blondo guitarrista Mike Ronson, el coreógrafo Lindsay Kemp y el productor Tony Vinsconti.

Roxi Music no se quedaba atrás. Con Brian Eno y Brian Ferry a la cabeza, pasaron a la inmortalidad gracias a éxitos como “Virginia Plain” y “Baby’s on fire”. Si bien los integrantes del grupo no adoptaban seudónimos de extraterrestres ficticios, su vestimenta seguía siendo cuasi femenina.

Mark Bolan se transformó en otro entandarte del glam rock con su banda T-Rex. Los éxitos no se hicieron esperar: “Diamond meadows”, “Cosmic dancer”, y “20th century boy”, donde la liberalidad sexual se hace patente en la letra, que dice: “Y es claro ver, vos estás hecho para mi / Soy tu juguete, tu Muchacho del Siglo 20”.

Uno de los personajes más deliciosamente ridículos era Gary Glitter, una suerte de Elvis cuarentón y británico, parodiado en su momento por el gran Benny Hill. Por su parte, Slade proponía un glam más campesino en temas como “Coz i luv you”.

Aunque el glam fue un fenómeno inglés, Estados Unidos supo aportar lo suyo. Iggy Pop pertenecía más al garage rock, pero su vínculo con Bowie lo relacionó con el movimiento. Algo similar sucedió con Lou Reed. Incluso el todavía Ziggy Stardust produjo uno de sus discos más emblemáticos —y más glamorosos—, Tranformer, de 1972.

Vincent Fournier, mejor conocido como Alice Cooper, salía a escena con un maquillaje terrorífico y entonaba futuros clásicos como “No more Mr. nice guy” o “School’s out”.

En tanto, The New York Dolls combinaban la imagen glam con una actitud más reventada. Con David Johansen en la voz, nos legaron discos como Too much too soon (Demasiadas cosas demasiado pronto) que funciona casi como una declaración de principios.

También supieron mamar del glam bandas del calibre de Queen (en su primera etapa, cuando tocaban “Bohemian Rapsody”) y hasta los ultramaquillados Kiss.

Pese a su corta vida, la influencia del glam rock llega hasta hoy. Basta con fijarse en Marilyn Manson, Placebo, Suede, e incluso Pulp.

El tiempo pasaba y no había una película que se ocupara del movimiento. Por lo menos hasta 1998, año en que se estrenó Velvet Goldmine.

 

 

20th Century boys

 

Velvet Goldmine es la película del glam rock por excelencia. Así nomás. No se trata del biopic de ningún músico o banda en concreto, sino de la esencia misma del movimiento convertida en film.

De todas maneras, más de un elemento remite a sucesos y personajes que protagonizaron aquel corto pero movido período. De hecho, el título proviene del bonus track del disco de Ziggy Stardust The rise and fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972).

Arthur (Christian Bale antes de ser el nuevo Batman), periodista inglés residente en Nueva York, recibe el encargo de escribir un artículo sobre Brian Slade (Jonahtan Rhys Meyers), estrella Glam que desapareció del mundo del espectáculo luego de fingir su propio asesinato en medio de un recital. En su adolescencia, Arthur era fanático de Slade y del glam en general, por lo que su trabajo le permite indagar en el pasado. Sus recuerdos personales, más las entrevistas al primer manager y a la ex esposa de Brian, le permiten a Arthur profundizar en la carrera de la afamada rock star y en su relación con Curt Wild (Ewan McGregor), un salvaje rockero yanqui que Arthur también llegó a conocer muy bien...

Brian Slade está inspirado en Bowie: tiene un extravagante alter ego (Maxwell Demon) y una banda, Venus in Furs. Pero no es Bowie, ni Ziggy Stardust, y la banda no es The Spiders from Mars. Lo mismo se aplica a Curt Wild, que tiene como fuente de inspiración a Iggy Pop, aunque también puede verse algo de la rudeza de David Johansen. Velvet Goldmine —que en un comienzo iba a llamarse Glitter Kids (Chicos brillantes) — toma personajes y sucesos de la vida real, y los mezcla a su antojo.

Estaría bueno detenerse en una anécdota divertida. En su primer día de filmación, Ewan McGregor debía actuar fervorosamente en un escenario. “Un poco antes de empezar la escena”, contó Ewan, “me avisan que me habían llamado para hacer de Obi Wan. Pero no podía decirle nada a nadie. Así que se nota en mi cara y mi excitación en toda esa secuencia”. Una verdadera muestra de la utilización del Método.

Volviendo a la película, también se satiriza el mecanismo de las compañías discográficas: siguiendo un poco con el tema de las fuentes de inspiración reales, el segundo manager de Brian, Jerry Levine (Eddie Izzard) remite a Tony DeFriez, representante de Bowie, con el que terminó todo mal.

La estética elegida por el talentoso director Todd Haynes (Safe, Lejos del Paraíso) es decididamente kistch. El espectador se topa con una calculada catarata de artificios y poses. Esto se logró gracias a los diálogos, la dirección de arte, la ropa (de hecho, la vestuarista Sandy Powell fué nominada a un Oscar), y por un estilo de filmación digno de un film de los ’70: imagen con grano, mucho zoom, juegos con el foco. Se dice que Haynes evitó usar travelling de acercamiento porque iban a dar la sensación de relieve, de profundidad, y la idea era hacer algo lo más superficial posible.

La banda de sonido está compuesta por temas de Roxi Music, T-Rex, Lou Reed y Slade. Algunos de esos temas suenan cantados por sus intérpretes originales o por los personajes protagónicos o por músicos más contemporáneos que forman parte de la película. Se destaca especialmente un cover de “20th century boy” a cargo de Placebo.

El único que no quiso ceder sus composiciones fue Bowie. Al parecer, pretendía emplearlas en otra película o en algún otro proyecto que, evidentemente, todavía no se concretó.

En lo que a galardones se refiere, Velvet goldmine obtuvo premios en casi todas partes, sobre todo en los Bafta (el Oscar de Gran Bretaña), en los Independent Spirtit Awards y en Cannes.

Y se convirtió en una pieza obligada para cualquier fan del glam y de la música en general.

 

 

La importancia de llamarse Oscar Wilde

 

La influencia del escritor irlandés Oscar Wilde en Velvet Goldmine es crucial y queda en evidencia desde los primeros fotogramas: un platillo volador aterriza en la Dublín de 1854 y deposita una canasta con un bebé en la puerta de una casa. Algunos años más tarde, un maestro le pregunta a sus alumnos qué les gustaría ser de grandes. La respuesta del Oscar todavía niño es tajante: “Quiero ser una estrella pop” (frase que en realidad pronunció Bowie antes de convertirse en una estrella).

De hecho, el gran autor de “El fantasma de Canterville” es considerado la primera pop star.

Durante toda la película, un prendedor verde que perteneció al escritor va pasando por las manos de varios de los personajes. Según uno de ellos, quien lo lleve tiene garantizada la popularidad.

Además, Brian Slade y compañía suelen usar trajes de estilo Victoriano y dicen frases sacadas de obras de Wilde, como El retrato de Dorian Gray y la controversial obra de teatro Salomé. Por ejemplo, en determinado momento, Brian parafrasea: “Un artista crea cosas bonitas y no pone nada de su vida en ellas”.

Tampoco se pueden pasar por alto las referencias cinéfilas que pululan a lo largo del film.

Desde ya, su estructura, con el periodista indagando en la vida de una celebridad, linkea con El Ciudadano (Citizen Kane, Orson Welles, 1942). Claro que Thompson (el reportero en cuestión) nunca se acostaba con ninguno de sus entrevistados...

Es divertido pensar en la película como El ciudadano dirigida por el Ken Russell de Tommy (1975).

También hay referencias a La naranja mecánica (A clockwork orange, 1971). De hecho, Haynes considera a Kubrik como una de sus influencias más importantes, así como también los documentales de rock del director D. A. Pennebaker.

 

 

El club del glam

 

Si bien Velvet Goldmine es el único film glam mil por mil, es posible encontrar películas que tomaron elementos de aquel estilo tan colorido.

El mejor exponente es Hedwig (Hedwig & the Angri Inch, John Cameron Mitchell, 2001). Basada en una obra teatral del off Broadway, cuenta las vicisitudes del personaje del título, una drag queen que recorre Estados Unidos con su grupo de rock de garage-punk-glam. Durante toda la película, y a través de canciones, relata su tormentosa vida, como sus orígenes en Alemania del Este, una fallida operación de cambio de sexo, su matrimonio con un General norteamericano y su romance con Tommy Gnosis, estrella de rock que le robó las canciones no sin antes triturarle el corazón.

Detalle curioso: Tommy Gnosis está interpretado por el ascendente Michael Pitt, que protagoniza The last days, lo nuevo de Gus Van Sant. Su personaje: Kurt Cobain.

Al igual que Velvet Goldmine, Hedwig está producida, entre otros, por Christine Vachon, a esta altura una abanderada del cine independiente de habla inglesa.

Por su parte, el auténtico clásico de culto Orgía de horror y locura (The rocky horror picture show, Jim Sharman, 1975) también toma cosas del glam. Aunque se trata principalmente de un musical que parodia películas de terror, podemos ver que el prof. Frank N. Furter (magistral interpretación de Tim Curry), residente del planeta Transexual y creador de un humano artificial al que llama Rocky, usa lencería y maquillaje femeninos, del os que hace gala en inolvidables números musicales.

En Laberinto (Labirynth, Jim Henson, 1986), David Bowie, justamente uno de los iniciadores de todo, compuso a una siniestra entidad bastante similar a Ziggy Stardust, principalmente por el detalle del pelo.

Moulin Rouge-amor en rojo (Moulin Rouge, Baz Luhrman, 2001) recurre a temas de T-Rex como “Children of the revolution” en versiones cantadas por Bono y por Kyle Minogue.

Un ejemplo más reciente podría ser el de Charlie y la fábrica de chocolates (Charlie and the chocolate factory, 2005). Muchos se llenaron la boca diciendo que el Willie Wonka compuesto por Johnny Depp estaba basado en Michael Jackson. Depp confesó haberse fijado en Brian Jones, el fundador de los Stones. Sin embargo, es imposible no pensar en el personaje como una estrella de aquella corriente musical conocida como glam rock.

 

 

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Matías Orta

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