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Catarsis, comics y música dark
Muchas obras artísticas nacen del dolor. Tomemos el caso del guionista e ilustrador James O’ Barr: su pareja murió al ser atropellada por un conductor ebrio. Incapaz de soportar el dolor y la bronca, se enroló en la marina y vivió en Berlín. No funcionó. Para no volverse loco, decidió darle una salida creativa a su resentimiento.
Para diseñar el look del personaje, O’ Barr se nutrió de varias fuentes, la mayoría musicales (es fanático de las bandas dark góticas de los ’80). El aspecto de Eric está inspirado en el de Robert Smith, figura representativa de The Cure: cara maquillada de blanco, sombras alrededor de los ojos y de la boca, indumentaria oscura. Algo así como un mimo del infierno. Otro modelo fue Peter Murphy, cantante de Bauhaus, y también Iggy Pop. Pero la base real son las tres caras del teatro británico, que expresan dolor, desesperación e ironía. Además, en las historias abundan referencias a grupos como Joy División (de hecho, el primer número del comic está dedicado a Ian Curtis, líder del grupo, quien se suicidó a los veintitrés años) y a poemas del músico, escritor y actor Jim Carrol. O’ Barr llevó su creación a las editoriales más importantes, pero ninguna se mostraba interesada: el material les parecía demasiado oscuro y pesimista. Tras siete años insistiendo, pudo ubicarla en Caliber Press, una pequeña editora de Detroit, que publicó la obra en 1989. Apenas llegaron a publicarse cuatro números. No obstante, Tundra Publishing adquirió los derechos y los sacó a la venta en forma de una novelas gráfica compuesta de tres partes. Más tarde, Kitchen Sink Press reeditó la colección en una sola novela gráfica. Para comienzos de los ’90, The crow ya era un comic de culto. La versión cinematográfica no se haría esperar.
Volando a la pantalla grande
En la actualidad, las películas basadas en comics están a la orden del día, pero el fenómeno se originó hace quince años, con el estreno del primer Batman de Tim Burton.
La dirección recayó en Alex Proyas. Nacido en Egipto en 1963, Proyas fue criado en Australia, donde comenzó su impresionante trayectoria como director de publicidades y de videoclips para agrupaciones como Crowdead House, INXS y Fleetwood Mac. Pero la gran pregunta era quién le daría cuerpo y alma a Erik Draven. El primer contactado fue nada menos que River Phoenix, quien rechazó la oferta. (vale recordar que River murió en el ’93 por sobredosis). El segundo fue Christian Slater, pero el papel finalmente recayó en Brandon Lee. Hasta ese momento, Brandon sólo era conocido por ser el hijo del gran Bruce Lee y actor de películas de acción de escasa relevancia. Interpretar Eric, un personaje que usa tanto la cabeza como el cuerpo, fue su oportunidad de ser respetado dentro de la industria y de sacarse de encima el mote de “El hijo de...”. Su compromiso fue tal, que estudiaba obsesivamente las creaciones de O’Barr con la intención de parecérse lo más posible al personaje. “El personaje tiene una cantidad de emociones realmente sorprendente”, comentó Brandon en su momento. El esfuerzo dio como resultado la actuación de su vida (lástima que fue la última). Otro punto fuerte de la película es el relacionado con lo visual. La creación de una ciudad oscura, decadente, lluviosa, polusionada, corrió por cuenta del diseñador de producción Alex McDowell —actual colaborador de Spielberg y de Burton— y del director de fotografía Darious Wolsky. Tampoco podemos dejar de nombrar al encargado de efectos especiales Lance Anderson, responsable, entre otras cosas, del maquillaje de Lee y de crear cuervos mecánicos. Cada aspecto contribuyó a convertir un largometraje muy fiel a la atmósfera sombría y violenta del comic. La mezcla de acción, horror, poesía y dramatismo es una de las más logradas dentro del género fantástico. Casi todas las secuencias son memorables, como aquella en la que Eric regresa a su apartamento y se maquilla como El cuervo, todo esto mientras suena “Burn”, de The Cure (en la banda de sonido también hay temas de Nine Inch Nails, Pantera, Rolling Band, entre otros). El más feliz con los resultados fue el mismísimo padre de la criatura, James O’ Barr (quien también hace un cameo). En una entrevista que dio a Fangoria contó: “Creo que una gran parte de la razón por la que la película se ha mantenido tan cerca de mi concepto hay que buscarla en la participación de Brandon Lee. Brandon estaba fascinado por el concepto y el personaje...”.
¿Una película maldita?
Algunos films parecen nacer malditos. Los rodajes están plagados de accidentes inexplicables, y a veces hasta hay muertes de por medio. Es bien conocido el caso de El exorcista (The exorcist, William Friedkin, 1973) y el de Poltergueist-juegos diabólicos (Poltergueist, Tobe Hooper, 1982). El cuervo no se quedó atrás. Lo que sigue es una lista de hechos misteriosos que rodearon el proyecto:
Oscura tradición familiar
Pero sin duda, el acontecimiento más nefasto, el que le dio tanta fama a la película, fue la muerte de Brandon Lee.
Pero hubo un mínimo detalle: el arma, supuestamente cargada con bala de fogueo, tenía una de verdad, que le atravesó el abdomen y se alejó cerca de la vértebra del Brandon. En un primer momento, el resto del reparto y los técnicos creyeron que estaba actuando, pero pronto se percataron de la tragedia y llevaron al herido al Centro Médico Regional de New Hanover, Wilmignton. Lee fue intervenido quirúrgicamente, pero fue en vano: murió al cabo de trece horas. Tenía apenas veintiocho años e iba a casarse no bien terminara la filmación (cosa que iba a ocurrir en seis días). Las teorías de la extraña muerte ya son legendarias. ¿Qué hacía allí una bala real? ¿Habrá sido negligencia? ¿O se trató de un accionar de las Tríadas, sospechosas de atentar contra la vida de Bruce Lee por difundir los milenarios secretos de las artes marciales? El hecho terminó caratulado como accidental, pero las dudas siguen y continuarán. Proyas y compañía pusieron al proyecto en stand by, pero decidieron completarlo en honor al difunto protagonista. Pero, ¿cómo reemplazar a la estrella de la película? Los realizadores utilizaron doble del actor, más sombras de las que ya había, y también técnicas digitales. El trabajo fue muy bueno, ya que uno ve el film y, de no saber que Brandon murió, uno nunca se daría cuenta. La película vio la luz en Estados Unidos en Mayo de 1994 y se convirtió en un gran éxito, incluso hasta el día de hoy, más de diez años después. Se nota mayormente en el merchandising, que sigue ardiendo en las comiquerías de todo el mundo. Ahora Brandon Lee vivía en los corazones de los fanáticos, y también en las remeras, posters, prendedores...
Filma cuervos y se harán negocios
Las reglas de Hollywood ya son conocidas: si algo tiene éxito, hay que exprimirlo hasta sacarle todo el jugo. Fue así que, en 1996, se estrenó El cuervo: ciudad de ángeles (The Crow: city of angels). Dirigida por Tim Pope (responsable de varios videos de The Cure), contaba una historia similar a la anterior: un padre y su hijo son asesinados por una pandilla. El hombre regresa de la muerte, se maquilla y busca venganza. Por el pequeño inconveniente físico ya visto, Brandon Lee no pudo repetir su papel. En su lugar estuvo el actor galo Vincent Perez, que no le llega ni a los talones al hijo de Bruce. A pesar del fracaso, hubo una tercera parte, conocida como The Crow: salvation (Bharat Nalluri , 2000). La idea de los productores era estrenarla en cines, pero los inconvenientes con la censura —entre otros problemas— hicieron que sólo se viera por video y cable. El nuevo cuervo: Eric Mabius, visto en El huésped maldito (Resident evil, Paul Anderson, 2001). También hubo una serie de televisión, The crow: starways to heaven. El zombie justiciero fue encarnado por el karateca Mark Dacascos, y su interpretación se acerca bastante a la del fenecido Brandon.
matiasorta@revistaaxolotl.com.ar
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© Revista Axolotl, Número 7 |