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Simples consideraciones acerca del humor Hay quienes aseguran que reírse quince minutos por día alarga la vida. Dice Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray: “Si el hombre de las cavernas hubiera sabido reír, la historia sería otra”. De esta frase deriva un interrogante: si el hombre de las cavernas se hubiese reído a carcajadas dentro de su caverna, ¿qué hubiera pensado acerca del eco de su risa? Tal vez hubiera sido el comienzo de un monólogo para un público invisible —pero cumplidor— que le devolvería una por una sus carcajadas al flamante humorista. Existe una pregunta, dentro de esta temática de la comedia, que inquieta aún más: ¿De que se rió el primer hombre que se rió? ¿Qué le causó gracia a ese iluminado mortal que descubrió la risa? La génesis del humor es un misterio. Esa primera carcajada podría haber sido una respuesta rápida, una auténtica evasión a muchas cuestiones que no supo responder el hombre que la descubrió. Acaso le preguntaron algo que no sabía y se rió en la cara del curioso. Hay algo de lo que no podemos dudar: ciertos personajes consideraron peligrosa a la risa. Nada menos que Platón prohibió reír en su academia. Desconozco el castigo que se les imponía a los graciosos que se atrevían a lanzar carcajadas en las narices del reservado filósofo. Platón era cosa seria, para él la risa degradaba al arte, la religión y la moral. Aristóteles también tenía sus argumentos frente a la comicidad. Decía que lo cómico era lo feo y lo equivocado, lo que no provocaba dolor, ni daño. No hay profundidad, por lo tanto, en lo que hace reír. Reírse en aquella Grecia podía resultar, para la desgracia del jocoso, de lo más superficial. La vulgaridad acompaño en muchos ámbitos, y durante mucho tiempo, al humor. Los bufones de la edad media gozaban de cierto permiso para reírse del rey, pero con la ventaja de que nadie los tomaba en serio. Ningún rey era capaz de pagarle a un bromista para quedar mal parado. Los reyes se quedaban tranquilos de que ciertos límites iban a respetarse, y allí una de las funciones principales del humor: delimitar esas zonas escabrosas, marcar límites entre culturas y estratos. El humor es una linterna que —en un universo donde se mezcla lo permitido con lo prohibido, lo correcto con lo incorrecto— nos ayuda a distinguir las señales de advertencia cuando nos pasamos de la raya, nos detiene milímetros antes de estrellarnos contra un muro intercultural. La risa es un instrumento de liberación. Freud mismo hablaba del humor como fuerza liberadora, una fuerza que le permite a los individuos —al igual que a través de los sueños— escaparse de la realidad, crear un mundo propio. El hombre, dejando de lado a la hiena, es el único animal que ríe. ¿Cuáles son las razones por las que goza de la exclusividad de la risa, y no del llanto? Mientras tanto descubro —en todas las esquinas, en todas las calles, en todos los bares— hombres que buscan eludir a la muerte, hombres que aseguran que el secreto de la inmortalidad reside en reírse al menos quince minutos, sin fingir, cada día de sus vidas.
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© Revista Axolotl, Número 14 |