|
|
|
|
|
En numerosas ocasiones Borges destacó la importancia de Poe en la historia de la literatura. En el prólogo que preparó para un volumen de su colección Biblioteca Personal, con una selección de cuentos de Poe, sentenció: La literatura actual es inconcebible sin Whitman y sin Poe. Consideraba que “Los crímenes de la calle Morgue” representaba el inicio del cuento policial, que tanto le interesó siempre. Escribió: De un solo cuento suyo, que data de 1841, “The Murders in the Rue Morgue”, procede todo el género policial: Robert Louis Stevenson, William Wilkie Collins, Arthur Conan Doyle, Gilbert Keith Chesterton, Nicholas Blake y tantos otros. Dedicó a Poe un soneto espléndido, augurando que del otro lado de la muerte siga erigiendo solitario y fuerte espléndidas y atroces maravillas. En Introducción a la literatura Norteamericana, el estudio que preparó en 1967 con Esther Zemborain de Torres Duggan, expuso que los cuentos del bostoniano se dividen en dos categorías, que alguna vez se mezclan: los de terror y los de raciocinio. Y, con la colaboración de Bioy Casares, en dos oportunidades emprendió la tarea de traducirlo: un cuento de terror y un cuento de raciocinio, “La verdad sobre el caso de M. Valdemar” y “La carta robada”.
“La carta robada” (“The Purloined Letter”)
De todos los cuentos de Poe, Borges parece haber preferido “La carta robada”, que incluyó en Los mejores cuentos policiales. “Para elegir los cuentos de este volumen –señalan Borges y Bioy Casares en el prólogo– hemos seguido el único criterio posible, el criterio hedónico”. La solución, como Borges pretendía de las buenas ficciones policiales, “es de orden psicológico: una falacia, un hábito mental” y no incluye complicaciones innecesarias, como lo destaca Unwin, el personaje del cuento “Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto” (El Aleph, 1949): “No multipliques los misterios –le dijo–. Estos deben ser simples. Recuerda la carta robada de Poe.” “La carta robada”, traducida por Borges y Bioy Casares, fue publicada por Emecé en la primera serie de Los mejores cuentos policiales, en 1943. Posteriormente, en 1985, ahora para Ediciones Siruela, formó parte del volumen N° 18 de la colección La biblioteca de Babel, que llevó por título este cuento.
Ya desde el comienzo, con la elección de algunos adjetivos propios, Borges se diferencia del original que pretende recrear. El narrador, compañero del sagaz y un tanto altanero Dupin, nos cuenta qué hacía aquel anochecer en que se les apareció a consultarlos el Prefecto de la policía de París.
“I was enjoying the twofold luxury of meditation and meerschaum, in company with my friend C. Auguste Dupin”.
Literalmente, refiere que “disfrutaba el doble lujo de la meditación y de una pipa de espuma de mar en compañía de mi amigo C. Auguste Dupin”. Borges da cuenta de aquellos dos placeres. Su narrador nos dice que se hallaba “gozando de la doble fruición de la meditación taciturna y del nebuloso tabaco”. Da cuenta, es cierto, pero la meditación ha pasado a tener características muy particulares: con su paso de un idioma a otro ha devenido “taciturna” y el tabaco, por su parte, ya no necesariamente de pipa, se ha transformado en “nebuloso”. De este modo, también se verá obligado ha eliminar toda nueva mención a esa pipa de espuma de mar (meerschaum), que Poe persiste en nombrar en otras oportunidades. Es así como “dijo Dupin, después de aspirar una larga y profunda bocanada de su pipa de espuma de mar” se transforma, simplemente, en “dijo Dupin”; y “dijo Dupin, arrastrando las palabras, entre bocanadas de humo de su pipa de espuma de mar” desaparece por completo. Llama la atención lo preciso que es Borges al relatar los recuerdos a los que se abandona el narrador mientras disfruta de aquellos placeres, sólo unos instantes antes de ser interrumpido por la visita sorpresiva del Prefecto. Hacía por lo menos una hora que ni él ni Dupin pronunciaban palabra, y recuerda ciertos problemas que habían discutido esa tarde.
“I mean the affair of the Rue Morgue, and the mistery attending the murder of Marie Roget”.
Poe es vago, se refiere de una manera amplia y genérica al “caso de la Rue Morgue y al misterio del asesinato de Marie Roget”. Borges, en cambio, habla “del doble asesinato de la Rue Morgue y de la desaparición de Marie Rogêt”. Nunca habría llegado a estas consideraciones de haber traducido este cuento de manera aislada, sin los antecedentes de Dupin, procedentes de los otros dos cuentos que lo tienen como protagonista, haciendo aún ruido en su cabeza. Este es el único caso en que Borges es más explicativo que Poe. De aquí en más prefiere quitarle palabras y detalles al original. Es frecuente que incurra en algunos recortes que le dan mayor velocidad a la acción, como cuando Dupin le ofrece al Prefecto, recién llegado, “un sillón y una pipa” en lugar del extenso “entregándole a su visitante una pipa y ofreciéndole una silla confortable”. “As he supplied his visitor –dice Poe– with a pipe, and rolled towards him a comfortable chair”. Borges recorta, incluso, diálogos enteros. Ésta es, sin duda, una de las características salientes de su labor como traductor en este cuento. El primer recorte de importancia tiene lugar con el ataque de risa del Prefecto al escuchar que quizás lo que lo desconcierta tanto en esta ocasión es precisamente la simplicidad del asunto.
–¡Qué desatinos dice usted! –exclamó el Prefecto, riendo efusivamente. –Quizá el misterio es demasiado simple –dijo Dupin. –Y ¿Cuál es, por fin, el misterio? –le pregunté.
Y, sin embargo, el texto original en inglés no sólo señala que el Prefecto “río efusivamente” sino que además, precisamente en este punto en que Borges es tan escueto, nos lo muestra en pleno ataque.
“What nonsense you do talk!” replied the Prefect, laughing heartily. “Perhaps the mistery is a little too plain,” said Dupin. “Oh, good heavens! Who ever heard of such an idea?” “A little too self-evident.” “Ha! ha! ha! –ha! ha! ha! –ho! ho! ho!” –roared our visitor, profoundly amused, “oh, Dupin, you will be the death of me yet!” “And what, after all, is the matter on hand?” I asked.
Julio Cortázar traduce de manera admirable este fragmento para Cuentos (dos volúmenes responsabilidad de Alianza editorial, Madrid, 1970, con los cuentos completos de Edgar Allan Poe), y por eso recurrimos a él:
–¡Qué absurdos dice usted! –repuso el prefecto, riendo a carcajadas. –Quizá el misterio es un poco demasiado sencillo –dijo Dupin. –¡Oh, Dios mío! ¿Cómo se le puede ocurrir semejante idea? –Un poco demasiado evidente. –¡Ja, ja! ¡Oh, oh! –reía el prefecto, divertido hasta más no poder–. Dupin, usted acabará por hacerme morir de risa. –Veamos, ¿de qué se trata? –pregunté.
Por otra parte, en la traducción de Borges, tras el recorte, aquel “por fin” tan fiel al original carece de todo sustento. “¿Cuál es, por fin, el misterio?”, traduce. En el original, la larga risa del Prefecto y la insistencia de Dupin en la sencillez de todo aquello lo hacen sumamente adecuado. Daría la sensación de que, si Borges elimina tanto rodeo, también debería haber eliminado aquella forma cansada de preguntar del narrador. A continuación, Borges traduce, de un original mucho más rico:
–Se lo diré a ustedes –contestó el Prefecto–. Se lo diré en muy pocas palabras.
Poe prefiere matizar las palabras del Prefecto con sus actos, dándoles mayor relieve. Borges omite el preciso “replicó el Prefecto al tiempo que aspiraba amplia, profunda y meditativamente una bocanada de humo y se acomodaba en su asiento”.
“Why, I will tell you,” replied the Prefect, as he gave a long, steady, and contemplative puff, and settled himself in his chair. “I will tell you in a few words”.
En otra oportunidad, Borges considera sobreentendidas algunas cuestiones que Poe prefiere explicar. Tras repetirnos las palabras de Dupin, asegurando que “el ladrón sabe que el dueño sabe quién es el ladrón”, Borges traduce:
“–Sí –replicó el Prefecto, y el ladrón ha abusado de ese poder, en los últimos meses.”
Poe prefiere explicarnos que ese poder ha sido ejercido con fines políticos hasta extremos sumamente peligrosos. “For political purposes", señala. “And the power thus attained has, for some months past, been wielded, for political purposes, to a very dangerous extent”. Inmediatamente, el Prefecto comienza a detallar cómo se desarrolló la investigación, la búsqueda de la carta en la casa del Ministro D--, mucho más precisa y minuciosa para Poe que para Borges. Borges evita mencionar algunos detalles del procedimiento. Omite decir, por ejemplo, que “cualquier desarreglo en la encoladura, cualquier apertura inusual en los ensamblajes, hubiera bastado para que lo descubriésemos”.
“Any disorder in the glueing –any unusual gaping in the joints– would have sufficed to insure detection.”
La justificación parece ser siempre la misma: evitar repeticiones que juzga vanas, otorgarle mayor velocidad al relato. Lo mismo sucede al referirse no ya a cómo se revisaron los muebles sino, ahora, los libros de la biblioteca. “No sólo abrimos todos los libros: los examinamos hoja por hoja”, comienza a traducir Borges y allí se detiene. Poe llega más lejos y agrega: “sin conformarnos con una mera sacudida, tal como es la costumbre de algunos de nuestros oficiales de policía”.
“We not only opened every book, but we turned over every leaf in each volume, not contenting ourselves with a mere shake, according to the fashion of some of our police officers”.
Además de estas pequeñas omisiones que nada modifican, Borges se permite pintar en un único adjetivo el mismo estado de ánimo que Poe describe con unas cuantas palabras. Tras confesarle a Dupin los mecanismos que había empleado en casa del Ministro para la búsqueda de la carta, “el Prefecto se fue abatidísimo”.
“Soon after finishing his description, he took his departure, more entirely depressed in spirit than I had ever known the good gentleman before”.
“El buen hombre se marchó desanimado como jamás lo había visto antes”, dice Poe. Más adelante, Borges se toma una nueva libertad al realizar, acaso, una inferencia lógica, pero sin ningún sustento en la narración. “Al mes siguiente volvió a visitarnos, casi a la misma hora”, leemos en la traducción de Borges. Y el original, sin embargo, dice otra cosa.
“In about a month afterwards he paid us another visit, and found us occupied very nearly as before”.
Poe nada dice de la hora en que tuvo lugar la nueva visita, sino que nos habla de los quehaceres que ocupaban a Dupin y a su amigo: “...volvió a visitarnos y nos encontró ocupados casi en la misma forma que la vez anterior”. Tal vez, Borges concluya que, si se encontraban ocupados “casi en la misma forma que la vez anterior”, necesariamente debe tratarse de “la misma hora”. Aquí tiene lugar el recorte de mayor importancia, significativo por su tamaño y porque nos priva de conocer un rasgo distintivo de la personalidad de Dupin: aquel concerniente al modo en que él maneja sus asuntos. Cortázar, una vez más, nos permitirá acercarnos a aquello que Borges no tradujo:
“–Pues... la verdad... –dijo Dupin, arrastrando las palabras entre bocanadas de humo–, me parece a mí, G..., que usted no ha hecho... todo lo que podía hacerse. ¿No cree que... aún podría hacer algo más, ¿eh? –¿Cómo? ¿En qué sentido? –Pues... puf... podría usted... puf, puf... pedir consejo en este asunto... puf, puf, puf... ¿Se acuerda de la historia que cuentan de Abernethy? –No. ¡Al diablo con Abernethy! –De acuerdo. ¡Al diablo, pero bienvenido! Érase una vez cierto avaro que tuvo la idea de obtener gratis el consejo médico de Abernethy. Aprovechó una reunión y una conversación corrientes para explicar un caso personal como si se tratara del de otra persona. “Supongamos que los síntomas del enfermos son tales y cuales –dijo–. Ahora bien, doctor: ¿qué le aconsejaría usted hacer?”. “Lo que yo le aconsejaría –repuso Abernethy– es que consultara a un médico.” –¡Vamos! –exclamó el prefecto, bastante desconcertado–. Estoy plenamente dispuesto a pedir consejo y a pagar por él. De verdad, daría cincuenta mil francos a quienquiera me ayudara en este asunto.”
Borges omite decirnos de qué modo Dupin exige el pago por sus servicios, de qué modo le hace saber a G... que no prestará su consejo experto de manera gratuita. Existen, también, modificaciones menores, pero significativas si se considera su habitualidad y se valoran en conjunto. La transformación de “incredulously”, (incrédulo, escéptico) en “fascinado” es una de ellas.
“El Prefecto, durante algunos minutos, permaneció en silencio e inmóvil, mirando fascinado a Dupin”.
Dupin acaba de pedirle al Prefecto, a cambio de la carta que ya tiene en su poder, que le haga un cheque por cincuenta mil francos. Y el Prefecto no puede creer que Dupin haya recuperado la carta robada. “For some minutes he remained speechless and motionless, looking incredulously at my friend”. Tras firmar el cheque y recibir, a cambio, la carta, Borges nos cuenta:
“Este se abalanzó sobre ella con éxtasis, la abrió, la contempló largamente y, sin una palabra, sin un saludo, salió del cuarto de la casa, transfigurado”.
Borges ve al Prefecto “transfigurado” cuando Poe nos dice que salió del cuarto “scrambling and struggling”. Esto es, “lanzándose esforzadamente hacia la puerta”. Una vez más se reducen imágenes a un adjetivo. Quizás una de las libertades más llamativas que se tomó Borges aparezca en el momento en que Dupin discute a la matemática y la desplaza del lugar de la razón por excelencia. En el texto de Poe, la advertencia para Dupin es limitada: “Usted va a tener una polémica con algunos de los algebristas de París” (with some of). Borges, en cambio, es más enfático y prefiere que la discusión sea con todos, no sólo con algunos. “Usted va a tener una polémica con todos los algebristas de París”, le dicen. En cualquier caso, lo verdaderamente importante aquí es el argumento de Dupin según el cual el Ministro estaría a merced de la policía y del Prefecto si sólo hubiera razonado como matemático, ya que los axiomas matemáticos no son axiomas de verdad general. Y entonces explica:
“En una palabra, no he conocido un algebrista que pudiera alejarse sin riesgo del mundo de las ecuaciones o que no profesara el clandestino artículo de fe de que (a + b)² es incondicionalmente igual a a² + 2 a b + b² . Diga usted a uno de esos caballeros que, en ciertas ocasiones, (a + b)² puede no equivaler estrictamente a a² + 2 a b + b², y antes de acabar su explicación eche a correr para que no lo destroce”.
La curiosidad es que, para llegar a la misma conclusión, Poe utiliza una premisa diferente a ésta. Borges recurre al factoreo, consistente en escribir un polinomio como producto de otro polinomio. Concretamente, se trata de la primera de las cinco fórmulas de factorización, el cuadrado de una suma. Es adecuado decir, siguiendo las leyes de la matemática, que el segundo término de la ecuación es incondicionalmente igual al primero. Poe, en cambio, recurre a una función. Escribe:
“In short, I never yet encountered the mere mathematician who could be trusted out of equal roots, or one who did not clandestinely hold it as a point of his faith that x squared + px was absolutely and unconditionally equal to q. (…)”
Esto es, literalmente, que “resumiendo, jamás he encontrado a un matemático en quien se pudiera confiar fuera de sus raíces, o uno que no tuviera por artículo de fe que x al cuadrado + px es absoluta e incondicionalmente igual a p...”. Poe recurre a la función x² + px = q, y no a la fórmula (a + b)² = a² + 2 a b + b², utilizada por Borges. El escritor argentino parece juzgar su definición más adecuada para el ambiente de un cuento policial que la original de Poe. Se adivina en esta conducta un tanto arbitraria una suerte de corrección. En su prédica contra los matemáticos, Dupin explica que, aunque no se cree en fábulas paganas, solemos olvidarlo y sacar conclusiones de ellas. Señala, en palabras de Borges, que “los algebristas, todavía más equivocados, creen en sus fábulas paganas”. El Dupin de Poe es mucho más enérgico, afirma que los matemáticos son, ellos mismos, paganos. Dice textualmente:
“With the algebraists, however, who are Pagans themselves, the ´Pagan fables´ are belived”.
El narrador apenas sonrié ante estas últimas consideraciones de Dupin, aunque Borges no lo advierta. El original, que no tiene ningún correlato en la traducción, lo señala expresamente. “While I merely laughed at his last observations”. Borges elimina, a continuación, cuatro párrafos en los que, con largos rodeos, Dupin comienza a explicarnos que siempre supo cómo resolver el caso. La eliminación de los dos primeros párrafos se imponía en virtud de que hacían referencia a aquella risa tan elocuente del Prefecto que Borges barrió al comienzo del cuento, transformándola de descomunal y ridícula en pequeña y olvidable. Ausente entonces, su mención ahora carecía de sentido.
“Yes,” said I, “I remember his merriment well. I really thought he would have fallen into convulsions.”
“Quizá recuerde usted con que desesperación rió el Prefecto cuando, en nuestra primera entrevista, sugerí la posibilidad de que el misterio lo perturbara por ser tan evidente. –Sí, recuerdo muy bien su alborozo –respondí–. Realmente pensé que iban a darle convulsiones.”
Borges también juzga evitables los dos párrafos siguientes al grado de eliminarlos por completo. Acaso la fiel traducción de Cortázar nos muestre qué corrimos el riesgo de perder:
"–El mundo material –continuó Dupin– abunda en estrictas analogías con el inmaterial, y ello tiñe de verdad el dogma retórico según el cual la metáfora o el símil sirven tanto para reforzar un argumento como para embellecer una descripción. El principio de la vis inertiae, por ejemplo, parece idéntico en la física y en la metafísica. Si en la primera es cierto que resulta más fácil poner en movimiento un cuerpo grande que uno pequeño, y que el impulso o cantidad de movimiento subsecuente se hallará en relación con la dificultad, no menos cierto es en metafísica que los intelectos de máxima capacidad, aunque más vigorosos, constantes y eficaces en sus avances que los de grado inferior, son más lentos en iniciar dicho avance y se muestran más embarazados y vacilantes en los primeros pasos. Otra cosa: ¿Ha observado usted, alguna vez, entre las muestras de las tiendas, cuáles atraen la atención en mayor grado? –Jamás se me ocurrió pensarlo –dije.”
En su análisis del comportamiento del ladrón de la carta, Dupin da dos ejemplos para defender su teoría de que lo excesivamente obvio permanece desapercibido. Borges sólo nos muestra uno. El personaje de Poe es más enérgico e irónico. Se jacta de su astucia y se burla de la policía y del Ministro. Esta actitud no se ve reflejada en la traducción. En el afán de imprimir velocidad al desenlace, Borges elimina extensos razonamientos. Cortázar, una vez más:
“Estos, al igual que las muestras y carteles excesivamente grandes, escapan a la atención a fuerza de ser evidentes, y en esto la desantención ocular resulta análoga al descuido que lleva al intelecto a no tomar en cuenta consideraciones excesivas y palpablemente evidentes. De todos modos, es éste un asunto que se halla por encima o por debajo del entendimiento del prefecto. Jamás se le ocurrió como probable o posible que el ministro hubiera dejado la carta delante de las narices del mundo entero, a fin de impedir mejor que una parte de ese mundo pudiera verla. --Cuanto más pensaba en el audaz, decidido y característico ingenio de D..., en que el documento debía hallarse siempre a mano si pretendía servirse de él para sus fines, y en la absoluta seguridad proporcionada por el prefecto de que el documento no se hallaba oculto dentro de los límites de las búsquedas ordinarias de dicho funcionario, más seguro me sentía de que, para esconder la carta, el ministro había acudido al más amplio y sagaz de los expedientes: el no ocultarla.”
A favor de la postura adoptada por Borges puede decirse, por lo menos en este caso puntual, que esta misma idea ya había sido expuesta con anterioridad al referir aquel juego infantil consistente en adivinar la palabra seleccionada por un contrincante en un gran mapa. Los expertos siempre eligen palabras impresas en enormes letras, había explicado Dupin. Quizá Borges sólo haya eliminado, entonces, una repetición. Hacia el final del cuento nos encontramos nuevamente con pequeñas omisiones. Y otra vez Dupin es más irónico bajo la mirada de Poe, cuando cuenta que se presentó en casa del Ministro “quite by accident”, por casualidad. Borges nada dice al respecto: “…me presenté en casa del Ministro. Lo encontré bostezando, haraganeando y fingiendo tedio”.
El espíritu de los personajes, no tan palpables en la traducción de Borges, constituye una de las diferencias más significativas con el original. Más allá de los ejemplos ya citados, Borges omite, por ejemplo, traducir un comentario muy sugerente de Dupin en el momento en que explica el modo cauteloso en que se conduce para recuperar la carta. Más importante que el contenido de esta frase es su tono: “The good people of Paris might have heard of me no more”. Asimismo, nos priva de escuchar al narrador hablando en francés, al traducir “au fait” como “especialista”.
“But,” said I, “you are quite au fait in these investigations. The Parisian police have done this thing often before.”
Al sustituir Dupin la carta robada, leemos de Borges: “aproveché ese instante para cambiar la carta del tarjetero por un facsímil que había preparado en casa”. Poe nos describe en detalle ese facsímil que Dupin “había preparado cuidadosamente en su casa, imitando el monograma de D--, bien legible, con ayuda de un sello de pan”. El narrador se sorprende de que Dupin no haya dejado el sobre vacío. Dupin le explica, pleno de ironía y triunfalismo: “I thought it a pity not to give him a clue”. A aquel “me pareció una lástima no dejarle un indicio” de Poe, Borges simplemente traduce: “le dejé un indicio”.
Cortázar ordenó y armonizó esos mosaicos de belleza variada y singular que constituían la totalidad de los cuentos completos de Poe, haciendo de ellos un volumen único, tal como Poe mismo previó. En una carta, Poe señaló: «Al escribir estos cuentos uno por uno, a largos intervalos, mantuve siempre presente la unidad de un libro, es decir, que cada uno fue compuesto con referencia a su efecto como parte de un todo”. A diferencia de Borges, que veía dos únicas categorías en los cuentos de Poe, Cortázar los divide en ocho grupos: cuentos de terror, de lo sobrenatural, de lo metafísico, analíticos, de anticipación y retrospección, de paisaje, de lo grotesco y satíricos. En la actualidad, las traducciones y el orden de Cortázar se han erigido en los correctos, en los únicos posibles. El modelo de Cortázar es el canónico, desplazando cualquier otro intento. Por ello, en varios pasajes de “La carta robada” hemos contrastado la traducción de Borges con la de Cortázar. En las Notas que cierran su volumen, Cortázar escribió respecto de “La carta robada”:
Para Brownell, «el efecto de la desdeñosa altanería de Dupin predomina sobre el que produce su habilidad».
Dupin es altanero, jactancioso. Cortázar sabe que resulta difícil gozar de la magia con la que Dupin recupera aquella carta robada porque ello ha pasado a un segundo plano, muy por detrás de su injustificado alarde de recursos. Borges, que tenía su particular teoría sobre la traducción, remedia esa circunstancia, corrije a Poe. A los ojos de Borges, no hay ironía en Dupin, no hay falsos triunfalismos. Con su traducción, Borges nos permite por primera vez disfrutar plenamente de la exquisita inteligencia de Dupin.
* Fragmento de un capítulo del libro inédito Borges Traductor, Miguel Sardegna, Mariana Alonso, 2006.
© Miguel Sardegna y Mariana Alonso
Más de Borges Traductor:
Revista Axolotl #09 |
|
© Revista Axolotl, Número 17 |