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El universo es un revólver bajo la almohada Se corta la luz. Los espectadores qua aguardan en el hall antes de entrar a la función, se preguntan si la obra se realizará igual o si habrá que sortear una demora para poder verla. Contrario a lo que pueda pensarse, pocos se alarman. Más bien lo que habita la sala es desconcierto, una sensación de pérdida, de no lugar, de no conocer el sitio como para ubicarse dentro la oscuridad. Pero el pánico no llega nunca. ¿Será que la Buenos Aires post nuclear que plantea “Sueño con revólver” se acerca tanto a esta realidad, que ni siquiera los ajenos a este mundo creado por una artista temen por ello? ¿Cuándo fue el día en que las sombras se volvieron parte acostumbrada del ser humano? Sí, es posible, puede ser que ese día sea hoy.
Así comienza la segunda parte de la trilogía creada por Lola Arias, una dramaturga nacida en Argentina en 1976. La parte que la precede se llama “Striptease” y lleva los niveles de representación e improvisación en escena al límite de su concreción. Hay un bebé en escena. Si, un bebé. La puesta lo rodea, lo aborda, lo contiene tanto como lo expulsa. Su madre, en la vida real y en ese relato imaginario, está en un extremo del escenario hablando al teléfono con el padre de la criatura. El cuerpo pequeño hace y deshace en ese centro como quiere. Es ignorado. Los padres se insultan, se manejan, se equivocan, se bastardean, haciendo una elipsis que lo resume todo a ese tiempo. El tiempo hasta que la actriz involuntaria llore, se decida a dar un primer paso o diga basta, en el único idioma que conoce. Sus padres están tan cerca que el muro que los separó los volvió infinitamente lejanos. Están ahí, pero no pueden comunicarse, ni siquiera con la metáfora de un teléfono. O con un bebé que concibieron para luego, usarlo como arma para matar el amor. “Yo lo miro y no lo entiendo, es como una hoja en blanco. Ayer cuando lo bañaba, hundió la cabeza debajo del agua por un rato… ¿Vos crees que los bebés se pueden suicidar?”
“El amor es un francotirador” es la última parte de la trilogía. Una pequeña de once años organiza un juego macabro llamado ruleta rusa, mientras que una bandita de rock hace las veces de banda de sonido de estas seis biografías. Seis balas. Una muerte distinta en cada función. Un personaje que sobrevive a su historia por el azar y por un libreto generoso que le da una nueva oportunidad de vez en cuando. “El amor es un striptease pero además de sacarte la ropa te vas sacando los órganos: el corazón, el cerebro, el estómago. Yo no quiero enamorarme nunca mas”.
El medio. La mitad. El nudo que ata el pasado y el futuro. Apagones post nucleares que pueden durar meses. La pesadumbre. El cuestionamiento de la realidad. Eso es exactamente “Sueño con revólver”. Un hombre y un adolescente conviven una noche en una Buenos Aires sitiada por la mafia, la ausencia de poder y la conciencia que parece haber sido robada como tantas otras cosas. No hay policías porque son parte de la masa. No hay equilibrio, hay sólo un extremo que es esa misma noche en todas las noches. Dos seres que tratan de encontrarse en una ciudad que, superada por una vigilia eterna, densa y poco clara, intentan justificar que lo que sienten sí es real y no es parte de ese teatro negro que tomó posesión del lugar. Los espectadores a esta altura del espectáculo ya son parte de él. La luz nunca vuelve y el ojo se acostumbra a esa negrura que se transforma en piedra y se coloca en el estómago. La tenebrosidad deja espacio a la reflexión y el revólver a la inocencia de creer que un sitio post nuclear no necesariamente debe serlo para parecerse a tal. “Yo avanzaba por el centro de la iglesia con una larguísima cola sostenida por niños ciegos. Mientras caminaba mi nariz empezaba a sangrar desaforadamente machando el vestido de novia. En el altar había un hombre de espaldas y cuando me sacaba el velo para besarlo, me daba cuenta de que él no tenía rostro (…) Entonces yo sacaba un revólver de mi traje de novia. Un revólver calibre treinta y dos…”
¿Y si la mayor violencia es nacer? Ese sería el desencadenante para que “Striptease” devenga en “Sueño con revólver”. Brotan otras preguntas malditas a un pedestal que ya no es invisible y que se deshace profundamente en “El amor es un francotirador”. ¿Y si las sombras son las reales y no los cuerpos que habitan el cosmos? ¿En qué nos convertimos con el paso del tiempo y nuestras acciones? ¿Venimos de la luz para ahogarnos en la penumbra o es acaso de allí que venimos y estamos buscando desesperadamente el camino de regreso al dolor? ¿El universo es un revólver bajo la almohada?
* La trilogía compuesta por “Striptease”, “Sueño con revólver” y “El amor es un francotirador” puede verse en “Espacio Callejón” (Humahuaca 3759). “Striptease” y “Sueño con revólver” los jueves a las 21.00 y 22 hs. respectivamente y “El amor es un francotirador” los domingos a las 19.00 hs. Presentada por la Compañía Postnuclear y dirigida por Lola Arias.
© Emilce Schedel
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© Revista Axolotl, Número 20 |