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FRAGMENTOS DE LUNA EN EL CORAZÓN DEL POETA
Besarse a la luna, Miguel Hernández
La luna ha fascinado a la humanidad a través de los tiempos. Su belleza impresionó a los primeros hombres. Ser el cuerpo celeste más cercano y luminoso en la noche, el más cambiante en su apariencia, le ha otorgado un lugar preponderante en la búsqueda de signos por las múltiples culturas antiguas. Para estas culturas la Luna ha representado simbólicamente a la Gran Diosa Madre, y por tanto, se la ha vinculado de manera estrecha con la figura de la mujer. La ciencia se encargó después de demostrar que no es más que un satélite natural de la Tierra. Se le quitó su mágico influjo en el ascenso y descenso periódicos de todas las aguas oceánicas: Las mareas son el resultado de la atracción gravitatoria de la Luna y del Sol sobre el agua y la propia Tierra. Sin embargo, la poesía, arraigada al misticismo de los primeros hombres, a esa magia creada para deducir los misterios del Universo como una manifiesta búsqueda contemplativa, ha mantenido el sortilegio de la luna. En la poesía se la vincula con el enigma, lo femenino, la soledad, el amor, la oscuridad; también es satélite y Diosa, farol o luciérnaga. Y han sido los poetas quienes más la invocaran como musa arcaica, veladora de los sueños de los hombres, cuando el sol se oculta y todo parece desnudo bajo su lánguida luz. La Luna y sus formas en el corazón de los poetas. ¿Qué es aquello que tanto emociona? ¿Cómo se manifiesta su blanca presencia nocturna en los versos? Para Jaime Sabines en su poema La Luna el satélite se transforma en una pócima que cura todos los males, benéfica para el destino y hasta pacificadora en la muerte.
La luna se puede tomar a cucharadas
Muchos poetas la han visto personificada. Ella ríe, canta y, como en los versos del poema Fantasía de una nota de abril de Antonio Machado, acompaña al poeta por las calles, vistiendo un blanco soñar:
Como un laberinto
mi sueño torcía
Para Federico García Lorca, su influjo muestra aquello que el día oculta. En su poema La luna asoma, podemos sentir como su luz lo transforma todo
Cuando sale la
luna
Sin duda, la belleza subyuga siempre al poeta. En su poema La Luna y la rosa, Miguel de Unamuno recita esa divinidad que alimenta el espíritu.
(fragmento) Si la luna es misterio, no es insólito que la muerte, el enigma más grande, pueda abrazarla, como lo hace en los versos del poema La muerte de la luna de Leopoldo Lugones:
Para Alfonsina Storni en su poema Viaje ella, la luna, resulta ser quien la conduce al misterio de la muerte.
¡Oh! la luna ha
movido
¡Oh! la luna me ha
dicho
«Muerte, amor y
misterio...»
Sobre las carnes
muertas
Alma —gato nocturno—
(fragmento)
Para cada poeta se manifiesta de una manera distinta. Son tantas las emociones que provoca como versos se han escrito y se escribirán. Cesar Vallejo encuentra a su corazón en su poema Deshojación sagrada:
¡Luna! Y a
fuerza de volar en vano, (fragmento)
Sin duda es mujer. Mujer apasionada. Mujer que arroja al amor, al dolor, a la muerte. Seductora diosa desnuda que atrae ensueño. Juan Ramón Jiménez suspira por ella en su poema Luna grande
¿Andas tú desnuda
Como un agua eterna,
(fragmento)
Diosa de la fascinación, nacida del encanto, inspiradora, hechicera. Jorge Luis Borges en su poema 1964 nos dice cuán férrea es su soledad cuando el mundo pierde la magia.
Ya no es mágico el
mundo. Te han dejado.
Luna de asombro en la mirada, en los ojos del niño nuestro, en nosotros. Extasío que la descubre como en los versos de Guillermo Pilía en su poema Luna de Alexis:
Pero allá sobre las casas, en la linde del cielo,
Se me escapan los poetas en la inextinguible música noctámbula, me quedo con las ganas de nombrarlos, de confesar sus versos bañados de luna. Tantos son los poetas que desangraron un poema en torno a ella... No hay uno solo que no la nombre alguna vez, que no componga un verso con el influjo de su presencia. No hay un solo poeta, que se precie de serlo, que no sienta su magnetismo hechicero. La Luna alumbra el corazón de los poetas con sus fragmentos de luz. Y aunque los tiempos cambien y la ciencias continúen dando respuestas, estarán ellas, siempre, la luna y la poesía, para sostener la magia.
resucita cortesana cada noche tras un velo de grises tramas sedas grises y jirones parece que se pierde de a ratos su dibujo redondo como el mundo y los seres nocturnos se detienen perdidos en la espesa incógnita
es noche clara o navaja de tenue brillo apuntando al corazón del hombre es noche o nueva fugitiva en algún punto cerrando el camino de las horas
“Luna” Karina Sacerdote
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| © Revista Axolotl, Número 8 |