Oscuro

El demonio

 

Hoy el azul profundo es de un azul oscuro, siniestro. La muerte bucea en aguas negras, el horror acaricia los versos. “¡Nunca Más!” grita un cuervo y su voz me estremece como en una pesadilla . En la oscuridad unos ojos arcanos me abren una puerta secreta. El miedo ha llegado y decide quedarse.

Quizás en medio de tanta desesperación o escalofrío, el terror en la literatura sea una manifestación secreta de esperanza, aunque esta sea lúgubre. Como un exorcismo de los miedos más íntimos.

En el horror, el escritor expone su más pavorosa visión de las cosas, aquello que lo inquita y tal vez, aunque el resultado sea una revelación pesimista y tétrica de lo que existe más allá de la muerte (los muertos no descansen en paz, los demonios ejecuten sus goces y el flagelo y los más bajos instintos impregnen esa realidad), busca una respuesta, un más allá de la realidad tangible y, de alguna manera, le permite enfrentarse a sus más íntimos fantasmas.

Esa es la característica fundamental de toda historia o poema de horror, la trasgresión del orden natural del mundo, la manifestación de los miedos: regresar de la muerte, pactar con demonios, animar la materia inerte, descifrar el futuro, etc. Los textos exhiben lo oculto, aquello que trama y expulsa el inconsciente y los impulsos de desolación y deseo.

El género gótico nace a fines del siglo XVIII en Inglaterra, alude a la atrocidad, a la locura, a lo desconocido, como un intento de quebrar el racionalismo que, en aquellos tiempos, lo impregnaba todo. Se considera a El castillo de Otranto, de Horace Walpole, que se publicó en 1765, la novela que fundó el género. Entre sus principales cultores se cuenta a Ann Radcliffe, autora de algunos de los libros más famosos de aquella época como Los misterios de Udolfo y El italiano. El género gótico toma luego por diversos caminos hasta desembocar en, por ejemplo, el Frankenstein de Mary Shelley y el Drácula de Bram Stoker. Y con el correr del tiempo, conoce otras vertientes, como el terror clásico de Edgar Allan Poe, en el que lo sobrenatural, en general, no está en el más allá, sino dentro de lo conocido y por eso, resulta aún más siniestro; y el horror cósmico de Howard Phillis Lovecraft, cósmico en el sentido de que el horror ahora no sólo viene de los muertos o los vampiros, sino de seres o presencias extraterrestres que habrían habitado la Tierra antes que nosotros.

Lovecraft, influido por la obra de Poe, Machen y Lord Dunsany, creó una saga de seres antiguos, criaturas sumergidas en una muerte-sueño arcaica, esperando volver a este mundo con la ayuda, por ejemplo, del libro antiguo Necronomicon, contenedor de las palabras rituales para abrir esas puertas. Trazó pueblos imaginarios, pobló el universo de extraordinarios seres inmortales. Si bien, nunca tuvo una capacidad narrativa extraordinaria, se le reconoce haber dado forma definitiva al horror cósmico, y con ello influenciar al resto de la literatura oscura de su siglo.

La producción poética de Poe, sin duda, el más relevante de los escritores de horror, se destaca por su impecable construcción literaria, sus ritmos y por sus temas obsesivos. En El cuervo (1845), poema que he elegido para acompañar esta nota, se siente la melancolía y la muerte en una enfermiza y abrumante persecución.

Por su parte, Lovecraft en su serie Hongos de Yuggoth, poemas de horror cósmico, descubre exaltaciones tenebrosas de una realidad monstruosa, signada por la presencia superior de un ser macabro.

Ambos muestran la profunda indagación de una realidad oscura y poderosa que impregnan su horror en el género de la poesía y en donde la muerte, con sus mil caras, es la principal impulsora del temor.

 

Bailaban locamente al tenue compás gimiente
De una flauta cascada que sostenía una zarpa monstruosa,
De donde brotaban las ondas sin objeto que al mezclarse al azar
Dictan a cada frágil cosmos su ley eterna.
"Yo soy Su mensajero", dijo el demonio,
Mientras golpeaba con desprecio la cabeza de su Amo.

 

Leo estos versos del poema Azathoth de Lovecraff y no puedo evitar la sensación de un vacío sin sentido, la sensación de unos ojos púrpuras al asecho. Como cuando leo a Poe y su cuervo se encresta frente a mí.

 

Y el impávido cuervo osado aún sigue, sigue posado,
En el pálido busto de Palas que hay encima del portal,
Y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
Cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
Y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
No se alzará ¡nunca más!.

 

Leo y el más allá misterioso penetra en mi fibra y la piel se me eriza y la voz encrespada como de un demonio profundo que espera, me susurra al oído.
Leo los versos de Poe y de Lovecraft y, aunque movidos por distintos fantasmas y seducido por distintas musas, no puedo evitar ser una víctima más del horror, no puedo impedir que oscuridad que ambos fabrican, me toque.

 

Datos biográficos:

Edgar Allan Poe
(1809-1849), escritor, poeta y crítico estadounidense. Es considerado el escritor más relevante de la literatura de terror y misterio.  Nació en Boston el 19 de enero de 1809. Cuando sus padres murieron fue criado por John Allan, un hombre de negocios rico de Richmond (Virginia). A los seis años viajó con la familia Allan a Inglaterra. Regresó a los Estados Unidos en 1820 donde estudió en centros privados y asistió a la universidad de Virginia durante un año. De 1835 a 1837 fue redactor de Southern Baltimore Messenger. Trabajó como cronista para varias revistas en Filadelfia y Nueva York. En 1847 falleció su mujer después de una larga y penosa enfermedad y él mismo cayó enfermo. Su  adicción al alcohol y el consumo de drogas contribuyeron a su temprana muerte en Baltimore, el 7 de octubre de 1849.

 

Howard Phillips Lovecraft (1890-1937), autor de relatos y novelas fantásticas, es uno de los escritores de cuento de terror que ha conseguido sentar bases en el género. Jamás abandonó su ciudad natal pero gracias al filósofo alemán Immanuel Kant, su obra fue conocida en todo el mundo. Nació en Providence (Rhode Island, EE.UU.) el 20 de agosto de 1890. Sus relatos fantásticos fueron publicados en la revista Weird Tales, fundada en 1923. Cuando Lovecraft muere en 1937 era célebre sólo para un reducido grupo de amantes de la literatura fantástica. Su verdadera fama nació después de su muerte gracias a la difusión que le dieron a su obra sus antiguos admiradores.

 

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