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Hablando del verso libre (algunos consejos básicos para su corrección)
Un poema. ¿Qué es un poema? El poema es una obra artística, la manifestación de una idea. Una expresión lingüística que busca la perfección del lenguaje con una cadencia y un ritmo, con una forma y una estructura, con imágenes elaboradas que constituyen una atmósfera especial, un momento único... No hay fórmulas rígidas para el verso libre. Distinto sería si habláramos de poemas de tenor clásico con versos con cantidad preestablecida de sílabas; poemas poliestróficos como el soneto, la letrilla, la sextina, por ejemplo, con una métrica y un número de estrofas determinado; es decir, poemas con normas fijadas de versificación: versos, rima, ritmo, estrofas. Es imposible olvidar a Walt Whitman cuando se habla del verso libre. En 1855, Whitman publicó la primera de las innumerables ediciones de Hojas de hierba, libro de poemas que mostraba como novedad un modo de versificación no usado hasta entonces.
“(...)
quien después de haber considerado su cuerpo
Cosmos (fragmento), Walt Whitman (EEUU, 1819-1892).
El verso libre es libre. Cada elemento que contenga, tendrá que ver con el tono que el autor quiera darle. Una repetición, la cercanía de las palabras, la distribución de los versos, la utilización o no de rimas, responderá siempre al “efecto” que se desee alcanzar. Acaso esta libertad sea la causa por la que el verso libre es una de las manifestaciones artísticas más difíciles de lograr en plenitud... La forma y el fondo toman en consecuencia, un tenor fundamental y no existen parámetros claros o guías fundadas para conseguir un resultado concreto. Es por eso que el conocimiento de las normas será siempre el mejor instrumento. Wystan Hugh Auden (1907-1974), poeta británico nacionalizado estadounidense, habla de las diferencias entre el verso formal y el libre en una entrevista que le hiciera Michael Newman: “Si se juega, se tiene necesidad de reglas; de otro modo no existe el gusto. La poesía más desenfrenada tiene que tener una sólida base en el sentido común y esto creo que es la ventaja del verso formal. Además de las ventajas correctivas, el verso formal libera de las cadenas del propio yo. Aquí me gusta citar a Valery, que decía que uno es poeta si su imaginación es estimulada por las dificultades inherentes a su arte y no si la imaginación está por ello ofuscada. Pienso que poquísimos pueden tratar el verso libre, es preciso un oído infalible como D. H. Lawrence para determinar dónde acaba el verso”.
La serpiente emplumada (fragmento), D. H. Lawrence (Gran Bretaña, 1885-1930)
En el verso libre existe una afinidad absoluta entre las palabras. La voz del autor pasa a tomar más relevancia que ninguna otra cosa. Y todo lo que él elija para transmitir-se será la razón de ser de su poema. A favor del verso libre encontramos las palabras de Leopoldo Marechal dichas a Leopoldo Lugones cuando polemizan sobre este tema: “El versolibrista debe interesar a base de talento y de poesía pura; la vacuidad de un verso libre resalta sin atenuación ni engaño. Para interesar con el verso libre hay que ser gran poeta. (...) El verso libre permite y exige la síntesis: con cada uno de nuestros renglones podemos hacer un soneto si se nos antoja. (...) La poesía debe buscarse en la evocadora afinidad de las palabras, ya que no podemos prescindir de esa limitación.” Sin embargo, esta libertad sólo puede ser fructífera si se conocen las formas, ya que, como se sabe, para romper con las reglas hay que conocerlas. La corrección de un poema en verso libre será, sin duda, una tarea responsable basada específicamente en la individualidad del autor. Al corregir tendrá que preguntarse qué tono, qué ritmo desea darle. La mejor manera de buscar ese tono y ritmo es, ni más ni menos, la lectura en voz alta. El motor de creación en un poema es tan íntimo que dejarlo reposar mucho tiempo hará que perdamos la identidad del nosotros que teníamos cuando lo escribimos. Por eso, un poema debe corregirse inmediatamente después de escribirlo. Esto no quiere decir que no tardemos muchos días en hacerlo. Lo que intento decir es que, una vez nacido el poema, no hay que dejar de corregirlo diariamente hasta que quede como deseamos. Llegará el momento de decir “ya está” y ese momento llegará cuando pensemos: “Acá estoy, esto es lo que quiero expresar” o cuando nos cansemos de corregirlo. Es cierto eso que dicen: un poema no se termina nunca. En el verso libre, el tono, ese ritmo interno que no tiene que ver con la musicalidad sino con el peso de las palabras debe ser buscado denodadamente. Debe ser la exploración de una única y personal manifestación del ser. Más que una estética lírica se debe conseguir un brillo personal que no falte de poética, se debe revelar la propia voz, esa voz única que identifica a cada poeta.
“Me
crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.
El cómplice,
Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986) |
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© Revista Axolotl, Número 3 |